un tipo excitoso

subtea-mygirlLo miró insinuante y puso en camino sus finas piernas llevándolo como a un perrito, arrastrándolo de un collar imaginario. La pollera corta ondeaba con soltura, resbalando desde el culo firme y sugerente. El calor primaveral bendecía el día, y la remera ajustada a los pechos le hacía justicia.
A dónde va?, pensó el hombre, pero casi no le importaba encontrar la respuesta. Estaba tan embelesado con la chica que cualquier lugar para él era lo mismo. La siguió unos pasos por detrás, sin perderla de vista. Las manos en los bolsillos, tanteando con el dedo gordo el anillo de bodas que había llamado la atención de la jovencita. Mmmm, me enloquecen los anillos de casado, había dicho ella.

Caminaron por el andén hasta la altura del enorme número 5 sobre blanco clavado entre dos durmientes. Ella se frenó en seco, con ánimo expectante por el tren que llegaba.
El hombre se dio media vuelta y ensayó en su mente los arrumacos en el vagón del A. Iremos al oeste?, sopesó la idea de que incluso tomaran un tren hasta algún lugarsete de provincia. No era tan tarde, aún podía dibujarla un par de horas hasta volver a casa. Tres horas también, pensó, pero no puedo irme muy lejos…
Pudo imaginársela atropellándolo con esas tetas tan frescas. Estaba excitado y ya no le importaba que algún conocido lo viera de casualidad. Muy poca gente viaja en este sentido a esta hora… no tengo amigos de provincia…

La víbora comandada por un aburrido y azul barbudo se detuvo donde esperaban, arrollándolos con el vaho caliente del inframundo. El maquinista salió apenas de su letargo para dedicarle un breve pero exhaustivo análisis a la piba que aguardaba su llegada. Fijó la imagen en la memoria hasta llegar al primer baño a mano. Luego miró al hombre inquieto que andaba cerca, se le antojó indeciso.

El saco y los nervios ayudaban a padecer un poco el veranito. La muchacha a la que esperaba también contribuía a subirle la temperatura. La miró intentando descifrar lo que iba a hacer. Desde luego que si saltaba dentro del vagón haciéndose la huidilla no la iba a seguir; estaba muy linda, y con lo que había dicho y hecho lo tenía a sus pies, pero así y todo no la perseguiría. Quiso decirle eso con la mirada, pero ella ni le correspondía. Se frustró, sintió que le estaban jugando un chiste, o peor aún, algún truco para robarle. Pudo imaginarse atropellado por un mono de mano pesada pidiéndole la guita a cambio de conservar la cara intacta.

El conductor azul miró a la piba, increpándola porque se quedaba en el andén. Parecía suplicarle que subiera. No hubo caso. El guarda insistió con el pito, ajeno al espectáculo, estiró el brazo y cerró las puertas. Se sintió el quejido del motor y los vagones fueron tragados uno a uno por la boca oscura del túnel.

No quedaba nadie más que ellos dos en el andén. La chica lo miró y bandeó la cadera como poniendo luz de giro. Su cola de caballo comenzó a balancearse a ambos lados del cuello largo y juvenil. Reanudó el camino dirigiéndose al túnel. Se escabulló bajando la escalerilla con tal rapidez que el hombre apenas había entendido el mensaje.
La siguió, no sin antes chequear que aún nadie asomaba por el andén. El corazón le saltaba de emoción. Podía sentir la dureza queriendo brotar del pantalón, como la aguja de una brújula apuntando hacia el sur de la piba. Se escuchó una risita, y un venís? insinuante. Apuró el paso torpemente y casi cae de jeta sobre el desnivel de 4 escalones.

Cuando ganó la pasarela volvió a verla. Ella caminaba moviendo el culo, sin mirar atrás. Ya se la imaginaba con la bombacha hasta las rodillas. Ni le importaba que pasara un nuevo tren y los vieran. Ni se le cruzaba ahora por la cabeza que esto se tratara de una joda.
De pronto ella se paró en seco y se recostó en la pared. Con una de las manos se aferró a algo que sobresalía del paredón. El hombre aprovechó para adelantarse y llegar a estarle cerca, pero antes de tocarla vio la luz. Se asustó, y también se pegó desesperado a la pared. Segundos más tarde la trompa con dos faroles como reflectores los iluminaba y los apagaba tan rápido que al tipo se le ocurrió que sería imposible haberlos visto. Se aferró con fuerza a un reborde de concreto y soportó el embate del tren pasando en toda su longitud. Para su tranquilidad terminó siendo más leve de lo esperado, aunque igual le daba pavor pensar cómo sería cuando el tren pasara por el carril de este lado. Calculó mentalmente que no faltaría mucho para que esto sucediera.
Volvió su atención a la chica y la vio deslizarse a la carrera nuevamente. Se regodeó al verle la bombacha rosa descubierta gracias al remolino de aire arrastrado por el tren. Aceleró el paso.

Unos metros más adelante, como una gacela, la piba pegó un saltito evitando una placa hundida y se perdió a la izquierda. El tipo al verla desaparecer aminoró la carrera y por unos segundos se debatió entre la excitación y el miedo a que lo desguacen. A 5 metros lo esperaba el sexo púber de la chica o la tapa en los diarios de mañana. Pegó media vuelta y estudió la oscuridad que habían dejado atrás. Apenas se veía el reflejo blanco de la estación. La intuición le decía que lo dejara ir, que no daba para hacer tanto circo. El instinto se afirmaba sólido a favor del concierto con la chica.
Dio un paso de regreso, pero lo detuvo la urgencia. Después de todo, la chica no parecía ser de esas ladronas compulsivas que andan por la vida desvalijando incautos. Además, ya estaba en el baile y la pendeja está que se parte…
Se desajustó el nudo de la corbata y encaró los últimos metros. Por detrás lo apuraba el murmullo de la frenada de un nuevo subterráneo. Llegó donde ella había desaparecido y giró a la izquierda. Allí la encontró, apoyada contra una pared profunda, con la mirada fija en él, abarcando con los brazos el ancho del descanso, las piernas cruzadas. Se acercó y sin mediar palabra le estampó un beso. Los brazos de ella lo rodearon con brío, y la lengua lo invadió ardiente. Tomó en sus manos el culo duro y la atrajo haciéndole sentir lo en serio que iba la cosa. Un gemido aprobó la actitud y lo excitó aún más.

A sus espaldas el tren tapó los jadeos e inundó de luces intermitentes el descanso. Ninguno de los dos se percató de los restos de cuerda, las cubetas llenas de algo viscoso, ni de las herramientas dispersas a un costado. subtea-girlonfireElla tenía la mirada clavada en los flashes que pasaban sistemáticamente, y él con los ojos cerrados besaba el cuello de ella.

Con delicadeza la piba fue desabrochando los botones de la camisa, siguiendo con besos lo que sus dedos iban descubriendo. Jugueteó un rato mordisqueando la ingle, mientras sus manos se colaban por la espalda y la recorrían. Él hacía lo propio acariciándole la nuca y buscándole los pechos.
No subió a besarlo otra vez. Desprendió el cinto y lo arrancó de la cintura con un tirón seco. Desabrochó el pantalón y en un segundo el hombre sintió cómo lo inundaba la cálida humedad de los labios, la lengua recorriéndolo dejando estelas de calor incendiario. Jugó unos segundos eternos moldeando cada punto de su éxtasis, y luego la boca devorándolo por completo. Las manos de ella caminaban el largo de las piernas arañándolas firme y suavemente. Lo besaba con una actitud especial e inquietante. No podía contener los gruñidos guturales de placer. Le tomó la nuca e intentó presionarla, pero ella le quitó la intención de un manotazo irrebatible. Y sin ofenderse siguió llenándose de sexo.
El tipo jadeaba, mientras ella descubría sus pechos y refrescaba el calor, conteniéndolo.
No tengo forros, pensó, tal vez ella… Qué más daba, quería penetrarla en ese instante, no aguantaba más. Sin embargo también deseaba que ella continuara ahí abajo. Y lo hizo.

Se escuchó el ruido, y seguidamente una luz volvió a inundar la estancia. Esta vez los flashes simularon una vieja película porno. La chica seguía en lo suyo sin espantarse, mientras podían verse las caras de sorpresa de los pasajeros que advertían la situación, como si se tratara del mismo chiste del club de la pelea. El hombre intentó que no lo reconocieran, y giró la cara hacia la oscuridad, negando el paso del tren, reparando de pronto en una mancha sobre el paredón, roja y seca, con forma de mano. Lo recorrió un escalofrío, pero no pudo distinguir si se trataba de pánico por la imagen o de su ultimátum sexual.
Sentía que iba a explotar. Si sigue chupándola no le voy a avisar… Ella parecía empeñada en complacerlo, arremetiendo cada vez con más ganas. Lo había tomado por el culo y daba estocadas profundas y aceleradas.

Todo comenzaba a ponerse en blanco para él, cuando de pronto la piba se apartó empujándolo. Se incorporó desafiante, y salió disparada, perdiéndose en la oscuridad del corredor.
–quép?… hey!!!… –Alcanzó a balbucear él. –pará!!!… –Gritó ahogado, desbordado por una especie de taquicardia.
Intentó seguirla, pero trastabilló torpemente, alcanzando a interrumpir la caída con una mano sobre el piso pegajoso. No había logrado subirse los pantalones en una acción. Contrariado, comprobó que la chica lo había neutralizado colocando el cinturón cruzando por la costura del fondillo del pantalón. Humillado, sufrió la hebilla fría incrustada en la entrepierna.

Se limpió en el paredón, retiró el cinto y se puso el pantalón. No quiso ni tantear la billetera que sabía no estaría en su lugar. Se miró la dureza palpitante reclamando 5 segundos más. Maldijo, y se recostó desahuciado cabeceando su estupidez un par de veces.
Mi mujer me va a matar, pensó, mientras un nuevo subterráneo pasaba como burlándose. Eligió derecha o izquierda, y se fue sin la prisa con que había llegado.