teoría de la relatividad

Fue hasta el baño y la imaginó sentada en el inodoro, hablando con él. Se apoyó en el marco de la puerta y aguardó un instante, como esperando a que ella terminara lo suyo y le dejara el lugar. De pronto tuvo la necesidad de encontrar la tabla caliente como siempre sucedía. Un eco del pasado le trajo la frase bancá que ya termino, que siempre repetía ella con esas exactas palabras.

Meditó un rato, sentado en la soledad del trono, que quizá estaba tan obsesionado con este mambo que bien podría reventar de retención a la espera de que ella o su fantasma le cedieran el lugar. Por esa época, si ella no estaba ahí antes que él, ciertamente era que a él no le daba por ir al baño.

Se apoyó contra la tapa mientras se aliviaban sus intestinos, y recordó la charla con un amigo del trabajo. Una charla típica de amigos de trabajo.

–Rober, no sé cómo podés decir que sólo cagás en el baño de tu casa… no lo puedo entender… Yo cago en cualquier lado, donde me agarren ganas…
–Bue, ahí stá el punto Pico: a mí no me agarran ganas…
–En serio?… Qué sos, una maquinita cronometrada?… Tenés horario de atención en el culo?
–Je, naaaahhh, será biológico… O sicológico capáz, porque en casa tampoco me agarran ganas de cagar hasta que la veo entrar al baño a Virna, ahí se me aceleran las contracciones como loco…
–No te puedo creer mágico… No la dejás cagar tranquila a ella…
–Mmm, tenés razón, no lo había pensado de ese modo… Jaaaaaaaaa, le meto presión vos decís?
–Y claaaaro… Le metés presión y te le metés en el baño…
–Bue, eso es normal… Ninguno de los dos se queja… Podemos cagar con la puerta abierta sin pudor… Je, con decirte que cuando yo voy a cagar me pongo a leer cosas en voz alta para que ella escuche… Siempre hago eso…
–Qué loco… Tons ella maneja los momentos culturales papá: cuando tiene ganas de que vos leas se va a cagar y te fuerza la lectura… Stán como sincronizados del carajo… Zarpado che…

Se sonrió y prendió un cigarro. Necesitaba el olor a quemado en el ambiente. O un cigarrillo o fósforos. Estornudó, tal vez por la tierra que el tiempo había depositado sobre todo el lugar.

Miró alrededor y descubrió el papel, pegado en el espejo.

Algo implosionó en su pecho. Mordió fuerte para contener el mareo muscular y la posterior relajación lagrimal. Pudo verla, descalza, con el culote blanco que él amaba morder. La camisetita de Bob Esponja, las tetas sin corpiño. Recién levantada, el pelo hecho un quilombo. Las palabras por toda la cabeza como pulgas, y ella escribiendo y pegando la nota en el espejo.

Aunque podría haber sido después de que me fuera, pensó.

Se estiró tratando de dejar el culo en línea directa al hoyo. No quería embarrar la tabla y después embarrarse él. Se estiró un poco más. Alcanzó el papel y lo despegó con cuidado.

Se preguntó porqué no lo había visto antes. Y se contestó comprobando que el cepillo de dientes seguía en su lugar. Un calzoncillo colgaba de la canilla de la ducha. Se había ido con lo puesto, así de impulsivo había sido el mambo.

Volvió a imaginarla por ahí dando vueltas. Ordenando las sillas o juntando las cosas del mate. Bajando el volumen del televisor lleno de noticias viejas. Todo un ritual pausado por años pero ahora tan vívido que parecía ayer.

Sopló el polvo, tosió, y leyó las líneas nerviosas del papel; alzando la voz, para que ella oyera sus propias palabras.

haditacuatica2-cut1p

haditacuatica2-cut2-1p

haditacuatica2-cut3-1p

haditacuatica2-cut4-1p

r.canapé

Un comentario sobre “teoría de la relatividad”

Los comentarios están cerrados.