pegoteaDito

No voy a negarlo, soñé toda la noche con esta situación. La premeditación suele hacer mella en los nervios y en la imaginación. Terminás anticipando miles de posibilidades antes de acostarte, mientras planchás la camisa; y cuando te acostás a dormir la cabeza sigue pensando. Y mi cabeza siguió pensando.
Por la noche mi vieja estaba viendo a tinelli. Yo escuchaba el murmullo, como un eco frío y atemporal. Intenté, por lo menos eso, desalojar todo el malhumor de la jornada de estudio exhaustivo; pero había fracasado.
En muchos meses, volvía a tocar los zapatos con algo de pomada. Los lustré y los puse ordenaditos, uno al lado del otro. Son más lindos así, cuando están ordenaditos. Pude imaginármelos puestos, incluso sobre una torta de casamiento. Qué lindos!. Me sentí una madre que peina con gomina a su hijito para el primer día de escuela y se lo imagina así, todo pegoteadito recibiendo los besos de toda la fila de maestras también pegoteaditas que esperan para darle la bienvenida.
Después fue el turno del traje. Mamá estaba con dolores de rodilla, así que tuve que abocarme a la digna tarea de examinarlo en busca de manchas. Trapito apenas húmedo, con el dedito así envuelto, limpié las poquitas manchitas que tenía. Eran de humedad creo que dijo mi vieja, aunque lo dijo como espantando una mosca hincha pelotas.
Cuando empecé con la camisa ya tenía en mente varias preguntas con sus respuestas. Bah, tenía unas diez preguntas, y estaba evaluando unas 5 respuestas para cada una de ellas. Pensaba a la vez en cómo me iba a peinar, en cómo poner las manos, en si era mejor sacarme el saco que dejármelo puesto, y si me lo sacaba y arremangaba la camisa?; no, muy informal. Me concentré con la plancha, no fuera cosa que la cagara con la única camisa aceptable para esta ocasión. En la tele ahora estaba Fantino refregándose las manos porque iba a presentar un camión de hembras que yo ni iba a poder ver por el rabillo del ojo.
La elección de la corbata fue todo un tema. Primero tuve que dar con aquellas que tenían nudo, y encima que estuviera bien hecho. Mi viejo estaba de viaje y yo nunca aprendí a hacer el maldito nudo de la corbata. Pasado el primer filtro tuve en mis manos unas 5 corbatas. Deseché de plano la roja y la azul francés. Me detuve un instante en la naranja, jugué con la gracia de que parecería un conejo con la zanahoria colgando al cuello; y también la descarté. Quedaron dos muy sobrias, mañana con todo puesto elegía.
Para esta altura las preguntas ascendían a 25 más o menos, y las respuestas, puf. Para colmo se me había dado por imaginar al interlocutor: si era copado, mal tipo, o hijo de puta, o una mina que se partía y encima piola, o una mina bien pero bien hija de puta.
Claro, como para que mi cabeza descansara cuando la apoyara en la almohada, si le estaba dando más trabajo que la mierda.
Colgué todo en la percha. Colgué la percha en uno de los pendorchos del ropero, para que la ropa estuviera aireada. Había quedado como un muñeco firme que me miraría toda la noche. Lo bueno era que no tenía cabeza ni ojos. Lo malo era que al día siguiente yo estaría dentro de ese atuendo, yo sería ese muñeco.

Dormí para el orto.
Soñé que me pasaba de todo. Desde que me cagaba un pájaro antes de llegar a la reunión, hasta que tosía una flema justo cuando el tipo o la mina se sentaban delante mío y me preguntaban alguna pelotudez. Imaginé que llegaba tarde porque perdía el bondi unas mil veces, ese fue el record creo. La de la caída o la tirada del café le siguieron en el ranking de pesadillas. Con decir que hasta soñé que estando en camino, en el bondi, un borracho vomitaba sobre mis piernas arruinándome todo el trabajo.
Como suele ser lo normal, faltando 5 minutos para que sonara el despertador me dormí profundamente. Con esfuerzo y desesperación me levanté. Lo primero que hice fue comprobar que el muñeco seguía de guardia ahí colgado del ropero. Después la ducha, los dientes, nada de desayuno. No mamá, no, tengo el estómago prensado.
Arriba Argentinos de fondo. Pantalón, con cuidado para no arrugarlo. Igual con la camisa. Los zapatos, tan lindos e impolutos ellos. La corbata. Gris a rayas o negra con ese efecto bizarro? Gris a rayas. Casi perfecto. El pelo antes del saco, debería haber sido también antes de la corbata pero bue. Ahora sí, el saco. Bonelli anuncia el “lo que usted tiene que saber antes de salir de casa” de las siete y media. Mamá nunca va a desistir con el noticiero de la mañana. Nunca.

No podía ser de otra manera. El bondi amaneció en la esquina y ya se sentía el olor a mucha gente. Frenó de pedo, con esa buena intención que a veces tienen los bondis de hacerte un lugarcito así no llegás tarde vos, que tenés esa carita de cachorro abandonado.
Subí como pude. Le pasé las monedas a la deportista que en este momento hacia contorsionismo. Ella se las pasó a un tipo cara de orto. Cara de orto se las dio a un cartero violeta que se las entregó a la pendeja de pelo violeta, vaya casualidad!; y miss violeta se las mandó al buche a la máquina. Todo eso para llegar a pagar el boleto. Estaba condenado, empezaba a rezar porque no se arrugara tanto tanto el traje.
Después vino el tema del subte. Por suerte no salió con demora, pero de movida nomás nos prensamos ahí en Carabobo. Es como cuando en la largada de los fórmula 1 hace trompo el segundo o tercero y van a parar todos a la mierda. Así de apretados largamos hasta Plaza de Mayo. Me cagué de calor. Pude sentir el café con leche de un plomero en mi estómago. También pude reconocer el olor a billcream de un viejo parecido a Neustadt.
Al bajar en Plaza de Mayo tuve que hacer un verdadero esfuerzo para despegarme el saco y la camisa de la espalda empapada. Ni quise mirarme los zapatos tan impecables al salir, y ahora todos pisados pobrecitos.
Al menos la hora estaba bien. No tuve que correr hasta el trabajo.

Cuando llegué me enteré que la reunión la habían pasado para el mediodía. Si hubiera sabido salía media hora más tarde, me dije. Mal humor, por supuesto, pero al menos se me secaría la camisa.
Al rato pude interiorizarme un poco más y saber que la reunión no era conmigo solo, que otros participarían. Sopesé las opciones, podía ser bueno, podía ser malo. Falta que me preguntaran algo y no lo supiera contestar, y el de al lado como buen garca lo contestara de pé a pá. Me ganó el pánico. Y otra vez aparecieron las preguntas, las respuestas, si sería ella o él. Podría contestar? No podría? Ensayé mentalmente el saludo. Ensayé en el escritorio la forma de sentarme. Sentí desesperación.
Qué mierda.
Llegó la hora. Cinco minutos antes fui al baño y me acomodé todo. El pelo bien, la camisa bien, la corbata bien, el saco bien. Impecable, impoluto, intachable, armonioso, y más sinónimos que me tiró el Word.

Salimos para el lugar de encuentro. Éramos cuatro al final: el gerente del proyecto, una chica y un chico que iban a hacer no sé qué cosa en el proyecto, y yo que iba a hacer algo de la parte de sistemas del mismo proyecto. Era como una especie de presentación. Como cuando presentan un nuevo DT en un club grande y tiene que mostrar a sus colaboradores.
Entramos en el edificio al estilo todos menos bruce willis bajando del transbordador después de haber salvado al mundo con un taladro gigante. Miento si niego que inflé el pecho. Casi hasta me pongo a dar saltitos de precalentamiento, previa entrada a la cancha. Estaba listo, vaya si estaba listo!. Ya nada me importaba. Las cartas sobre la mesa, la suerte estaba echada.

Entramos a una sala.
Entró un tipo. Normal. Apretón de mano a los caballeros, beso a la dama. Nos sentamos casi en círculo. Nos relajamos un poco. Nos miró a todos, dijo algunas frases como de libreto, las de siempre. Tenía acento centroamericano. Colombiano, capáz venezolano.
Después de la introducción estudió un instante los currículos. Calculo que mentalmente se aseguraba quién era quién. Levantó la vista y dirigió su atención hacia mí. Abrió la boca para decir algo.
Esta es la mía!, pensé. Era mi oportunidad de lucirme. Me había elegido a mí para empezar la charla. Nada más y nada menos que a mí!. Habrían sido los zapatos?
El tipo me habló directamente.
-hernán si?…-
Hice un gesto de superado, confirmando la pregunta.
–ok… mira… como tu eres de sihstemas, y ió no sé nada de sihstemas… no te voy a preguntar nada… discúlpame…–
Tragué saliva. –está bien, no hay problema… –
Y me fuí desinflando de a poquito de a poquito.

3 comentarios sobre “pegoteaDito”

  1. Me gusta la descripición minuciosa de todo el proceso que se inicia desde la noche anterior hasta la temida reunión. Desde los pies a la cabeza sin saber que "su trabajo ya estaba asignado de antemano". ¡Me gustó!

  2. Que lindas son las previas, los nervios, las espectativas, el infinito número de posibilidades y convinaciones, los interrogantes, las ancias, los nervios, todo junto unido, en armonia, todas las iluciones puestas en un momento que nunca coincide con el esperado. Quizás el error esté en esperar, o quizás es un condimento más de este plato al que a veces llamamos vida.

    Un abrazo grande Quito.

  3. Es divertido reconocerse en muchas de las situaciones descriptas. Atrapante descripción. Me gustó mucho.

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