hannibal lenter

La mina viene acercándose, me clava la mirada, ladea el cachete. Puedo ver de refilón el brillo cóncavo sobre la mejilla, un arco luminoso, un amanecer grasoso que viene a despertar mi letargo matinal.

Sonríe dientes manchados de lápiz labial. Antes de escuchar el buen día, ya me pregunté mil veces porqué hay mujeres que se pintan los labios sin aprender a no pintarse los dientes?, porqué hay mujeres que se pintan los labios sin aprender a no pintarse los dientes?, porqué hay mujeres que se pintan…pintadientes

-hola… cómo estás?…- Respondo.

Ella termina por llegar a chocarme, primero estacionando sus gruesas tetas en mi hombro. Luego el cachete disparando una red pegajosa que se adhiere a mis pastos crecidos y los dejará aplastados y embarrados como juncos después de la tormenta. Y por último, termina de llegar y me golpea con los lentes. Me estampa duramente el anteojo de lleno en mi ojo, el derecho, el mismo que se pone temeroso cada mañana cuando la veo llegar entusiasmada con la intención de dar el buen día.

Dios… pedazo de buen día.

Un comentario sobre “hannibal lenter”

  1. Yo trabajaba con un tipo que era un sunami de besos al saludar, lo veías bajar del ascensor y la gente comenzaba a ponerse nerviosa, alguna disparaba hacia la cocina, otras se escondían en el baño y algunos, los más osados, nos quedabamos esperando el inebitable momento. Gran parte de los hombres dejaron de saludar con el tradicional beso en la mejilla “solo a las mujeres” decían y le extendían la mano. Pasa que el tipo tenía una sopapa, no eran labios, era inevitable terminar embadurnado por su saliba y el tener que esperar a que se distraiga para limpiarse con el hombro de la camisa.

    Que tiempos, cuanta pasión, un abrazo

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