)crónicas dentro del arte(: de un tiempo a este arte

De un tiempo a esta parte, digamos que más intensamente en el último año, me animé a subir a escenarios diversos, más que nada a leer poesías que suelo escribir por vicio. En general leer poesía es algo estándar, pero gracias a grandes partenaires en ocasiones la cosa mutó en perfo actoral con algunos condimentos de expresión, pintura, y atuendos acordes a la búsqueda del momento. Incluso llegué a leer sin leer.

Varias de estas intervenciones fueron movilizadas en ámbitos de lectura habituales, pero también en otros espacios menos ortodoxos para la disciplina, gracias a un colectivo de artistas que se armó en mi ciudad Arrecifes. Lo llamamos Antón Pirulero, en alusión al lugar físico que se había conseguido y jugando a que cada cual atendía su juego. La experiencia resultó en tres fiestas increíbles, distintas todas, inolvidables también.

Cada fiesta tuvo su impronta, y en cada una me tocó hacer algo en el escenario. En la primera leí poesías acompañado de Karen y Maira que hacían expresión corporal a mi alrededor. Para la segunda doblamos la apuesta: mientras leía, a mi lado estaba Valeska pintando un cuadro y cada tanto nos interveníamos mutuamente.

La tercera fiesta fue la más incómoda para mí. Tenía que hacer un monólogo luego de una perfo estilo ritual y presentar a una banda maravillosa, invitando a la fiesta, disfrazado de una especie de chamán. Me determiné a no leer esa vez, sino hablar, pero no siempre la confianza te juega a favor. Subí conmovido por el ritual que habían terminado de hacer las chicas, envuelto en emociones encontradas por cosas internas en el grupo, e irresponsablemente picado (léase: amortigüé la espera con alguna copa). Un cóctel que me detonó en la cara cuando el reflector me encandiló y me interpeló, desnudándome delante como frente a un espejo.

Nunca llegué a decir todo lo que tenía pensado decir. En una noche donde muchas cosas no funcionaron como esperábamos yo acompañé con mi inmadurez artística. Lo llamo así, aunque no sé cuándo un artista puede ser maduro: ¿acaso cuando ya no puede innovar? No sé. Lo cierto es que la sensación que tuve al bajar fue de haber defraudado al grupo Antón y a mí mismo. La experiencia completa quizá la suba en otro post que supongo se va a llamar “Lo que quería decir es…”

AntónPirulero
De experiencias como esas y de otra experiencia que tuve dentro del arte (como me gusta llamarle), viendo la obra Desterradas, dirigida por Javier Marra, aprendí algunas cosas:

Primero: que los errores no garantizan un fracaso, así como los aciertos no garantizan el éxito, ya que la noche resultó fabulosa e inolvidable para los pocos que la presenciamos.

Segundo: la propia incomodidad puede resultar en algo mejor de lo esperado. Así sea bloquearse y boquear como pez fuera del agua.

Tercero: la única manera de que algo te quede haciendo vibrar las cuerdas internas es forzando las experiencias. No se viven grandes cosas si las esperás en tu sillón de sábado por la noche: no te vienen a buscar, te están esperando.

Cuarto: No es por mojarle la oreja a quienes no asistieron, sino por reconocer que los hechos inolvidables suceden y ya, la explosión de magia, de energía, no espera el momento en que se reúne más gente, sino aquél en que la química ordena sus componentes para conmover e impactar con su espectáculo. El arte no necesita ser masivo para ser maravilloso, y encima, cada vez me convenzo más de que cuanto menos gente está enfrente lo que el artista exponga resulta más auténtico. El público reducido desafía al artista, le exige el doble. Y el artista suele responder, porque está ahí movido por esa maravillosa energía que no se puede explicar, simplemente se manifiesta. Hay más interés de ambas partes porque aquello resulte especial.

Esas cosas demuestra el arte under que solemos frecuentar, obras de teatro, lecturas en bares, o ver bandas que casi no suenan en las radios. Ninguno de ellos te cobra arriba de 100 pesos, difícil que compres la entrada por ticketeck. Muchos te piden que consumas algo en la mesa del bar para que haya futuras oportunidades o van a la gorra 30 70. Y todos, ¡vaya cosa del arte!, resultan más auténticos que ver a una banda en un festival para 30000 personas tocando su tema hiteado hasta que le coge los oídos pero le llena los bolsillos.

 

En la obra Desterradas hablan mucho de esas cosas Allí se postula que la vanguardia es algo que vas a entender en 20 o 30 años. La vanguardia funciona como un mecanismo de defensa para sostenerse: hoy la puesta under ofrece un sinfín de cosas, muchas de ellas olvidables, y otras muchas recomendables con lágrimas en los ojos. Desterradas es de éstas últimas. Tiene esa cosa interesante, como una cosquillita inquietante, que te avisa que estás viviendo un eslabón de la historia.

No olvidaré jamás (y ojalá pronto aparezca un registro en youtube, ponele) de la decapitación chinesca, en una puesta en escena maravillosa, no por lo majestuoso sino por el logro ambiental. Todo en la obra resulta sencillo y a la vez de una complejidad pasmosa. Se te adelanta que va a estar todo explicado, y así lo está: no quisiera aventurar ninguna conjetura porque en efecto la obra se explica a sí misma. Sin embargo, queda la puerta abierta del “algo” oculto que podés o no buscar, y tal vez encontrar.

La exageración y los excesos del estilo clown garantizan, gracias a las actuaciones y la dinámica del relato, la risa sincera y espontánea. El humor inteligente que a veces se te ríe en la cara porque también podés quedarte afuera. La obra sucede en varios planos, y entonces, como la vida, te toca lo que estés mirando y lo otro se escapará por su lado. Como punta del iceberg aparece la incomodidad que sufren los personajes atravesando una situación que nadie entiende asociada a la incomodidad del público (porque se lo incluye en esas incertidumbres). Y todos por igual refugiándonos en lo resulta conocido, que en definitiva es lo que protege aunque no necesariamente sea el camino a una salida. Ese juego de desacomodar es parte de la vanguardia: sólo desprendiéndonos de lo que nos protege tendremos oportunidad cierta de crecimiento.

Desterradas
Desterradas son: Lu Wiederhold, Claudia David y Cecilia Vera

Con esta obra, así como con aquellas fiestas que ocurrieron en mi ciudad a cargo del grupo Antón Pirulero, tuve las mismas sensaciones: por un lado el abandono del lugar de confort para experimentar y ser experimentados, y por el otro la sensación de que algo irrepetible y ciertamente histórico estaba sucediendo. Y para mi lo fue. Entonces para mí se trata de una sentencia: viví momentos únicos. Pero lo más valioso, lo más rescatable, es que una expresión artística te haga sentir así, siendo parte o estando en el público.

Las fiestas Antón pasadas no serán repetidas en cuanto a repertorio, pero de algún modo esperemos que se repitan. En cuanto a Desterradas, lo que se sabe es que quedan tres funciones, con entradas limitadas, así que voy a decir lo que postulan en la obra (y que por cierto es el ánimo con que hago estas crónicas): si les gustó, recomienden, y si no, se callan la boca. Elijo siempre eso: hablar y recomendar cuando algo me ha conmovido. De críticos está lleno el mundo.