de asientos vacíos, pijas cortas, y time for fuckyou

[El asiento vacío]

Estadio Único de La Plata. Previa del recital de Pearl Jam, Noviembre de 2011. X tocaba con rabia su punk viejuno. Estábamos apostados en nuestra primera fila de plateas. A mi lado un solitario asiento vacío.

Faltaba todavía un rato para PJ, cuando apareció un pibito de unos veinte años nuevitos y se sentó.

Saludó canchero, cómo andan?.

Bien, todo bien, le respondimos, ya sabiendo que no íbamos a querer un nuevo amigo de recital. Son esos bloqueos instantáneos e inevitables, que no podemos manejar. Tal vez se deba a una reacción química.

El pibe se estiró en su banco y preguntó, che, acá se podrá fumar porro?.

Sí, calculo que sí, fijate, pero poray esperá hasta que

se apaguen las luces, tenés un reflector que te apunta a la cara, le respondí ya enturbiándome en el ánimo.

Teníamos delante cinco monos de seguridad monitoreando la valla que daba a la fosa, y un jefe de ellos vestido de negro, el único con el rótulo STAFF en el pecho, y el que tenía más ánimo de pija corta. Agregué al comentario, no creo que éstos sean unos caretas, peeeero fijate.

Él asomó del bolsillo un porro que parecía un misil, como para mostrarlo, y lo acunó en la mano, qué me van a decir? Aquél barbita me va a venir a decir algo, eh?.

No sé porqué, pero ciertas personas parecen determinadas a que les peguen un cachetazo.

Le devolvimos un poco de frío, no estábamos de ánimo coparticipativo, así que se dio vuelta y empezó a darles charla a unos chilenos. Un rato y volvió a la carga contra nosotros: che, tengo ganas de fumarme el porro, les parece si le pregunto a los de seguridad?.

Preguntale, yo que sé.

Acto seguido se acercó al mono de seguridad más cercano y lo charló para preguntarle. Vimos como el mono decía que sí, dudoso con la cabeza, como que poray no, pero sí, con carpa sí, ponele, porque ellos tienen que hacerse los boludos. En fin, el mono después le garronea un jugate con una coca, y el pibe le estira un trago del vaso que venía gastando. Fin de la charla.

[pija corta]

El chico se sentó y de una madrugó el porro, que parecía el garrote de Pedro Picapiedras. Ahora que lo pienso, a menos que seas una bestia como un amigo que tengo, es un tanto contraproducente armarte un porro de semejante tamaño. Primero, porque llama demasiado la atención (a menos que QUIERAS que eso suceda), y segundo, porque si tenés que descartar, lo perdés TODO bajo una bota. Lo mejor sería distribuirlo en dos o tres porritos más finos, más prácticos. No sé, para pensarlo.

El chavalito pita el garrote y lo sostiene como si fuera el Che Guevara. Sinceramente me hinché las pelotas, más de lo que venía hinchándome; calculo que porque mi generación vive con esa actitud de perro acostumbrado a los palos. Siempre nos estamos cuidando de la ley, del forreo de la autoridad, acaso por herencia de los años negros en que nacimos. Nuestros padres o son sobrevivientes de una época en que no podías hablar con más de dos personas y no podías opinar distinto, o son desaparecidos de la misma época; y a sus hijos nos cayó esa educación del cuidado, del no hagas esto o lo otro porque no está permitido. El queda mal era el lema de la sociedad, mucho más que ahora.

Quieren una seca chicos?, nos ofreció.

No, gracias, dentro de un rato.

Se dio vuelta y les ofreció a los chilenos, contestaron un no medio huidizo. Casi como si fuera Badger vendiendo meta en un banco de plaza, se acercó a unos pibes que estaban sentados delante de él y también les ofreció yerba. Después de la ronda de No’s, se sentó pancho con aire de misión cumplida. La misión: o bien mostrarle a todos que era un fumón piola, o bien tener claro que ninguno a su alrededor era fumón (ponele, si lo miramos más como un policía encubierto).

Una pitada más y de pronto tuvo encima al Black-dog raquítico, el jefe pija corta con la remera de Staff de T4F (time for fuckyou), diciéndole, vení para acá!.

Ehh, pará, lo apago, balbuceó el pibe.

No, vení conmigo ahora.

Pará, pará.

NO, venís YA conmigo, lo siguió prepoteando hasta que se lo llevó escaleras arriba.

El seguridad que le había dado el ok al chico se hacía el gran desentendido. Nosotros quedamos paralizados, no sé bien si fue por cobardía o porque en definitiva nos aliviaba que se lo llevaran. Otro por ahí dijo, ahora le sacan 50 pesos y lo sueltan. Probablemente tenía razón, porque el mismo gil pija corta no se hizo el héroe con nadie más que haya prendido un porro esa noche.

Pearl Jam empezó y el asiento estaba vacío de nuevo. El chico nunca volvió. Release me emocionó por completo, sin embargo no podía sacarme de la cabeza la secuencia del pibito. Me sentí culpable de no haber saltado por él, de no haber tenido agallas para pararle la pelota al forrito de time for fuckyou. Nunca fui muy hostil, pero siempre me molestaron las injusticias. Bien cierto era que el pibito me incomodaba, no porque fumara faso, está claro, pero sí por su ánimo. Pero hay que vivir y dejar morir, no? En cambio, viene un pelotudo con algo de autoridad y se hace el Chuck Norris con un guachito; y eso también me molesta.

Al rato cayeron unas pibas y una de ellas dijo excitada: butaca 10, esta es la mía, pi pi pi piiiiiiiiiiiii. Ahí me di cuenta que el flaquito no solo había prendido un misil ilegal para que todo el estadio lo viera, sino que además estaba sentado en un asiento que no le pertenecía. O sea, si no había vuelto era porque le sacaron 50 pesos y lo mandaron a donde le correspondía; quise creer. Se encontraron un paquete de yerba, un cabeza de termo y PIM! mate. Punto final.

[time for fuckyou]

A propósito de esta anécdota flojona y cobarde, me quedé con algunas ideas:

Se me ocurren necesarios estos chicos despojados de conciencia, que caminan la calle con un cartel luminoso que invita a que los verdugueen. Su bien a la sociedad es precisamente esa actitud, pues ellos no tienen los miedos que arrastramos nosotros los más grandes. Ellos no deben respeto ni tienen que quedar bien (aunque a veces su campaña hace pensar que eso es lo que buscan: encajar). Ellos no saben que está TAN mal lo que quieren hacer, porque adolecen en una época distinta, y por más que venga un gil a plantarles bota, para ellos la onda seguirá siendo así. Estos pibes nos molestan, pero porque también nosotros entendemos la historia desde otro ángulo, y el mundo se ha movido. Pueden seguir molestándonos, pero así y todo tenemos que cuidar que la cosa no retroceda, que el pulso de la sociedad sepa leerse y aprendamos de nosotros mismos y de los que vienen. Éstos chicos son necesarios para mostrarnos que debemos terminar con estas giladas de soportar el arrebato desde atrás en la historia.

No está bueno ir a un recital o donde sea, y que estúpidos que se creen autoridad policial te arruinen el momento porque consumís algo que ellos no te vendieron. Porque así como cuando fumás un porro, en la puerta te sacan galletitas, agua, o cualquier gilada que te venderán del otro lado a precio más caro (cosas que no son ilegales!). No están buenas esas reglas de juego que nunca son punto, siempre banca.

Vivimos una ley seca de marihuana para contribuir al negocio mafioso de los narcotraficantes. Sólo por eso hoy no está despenalizado el consumo. Lo demás son debates morales que pueden seguir en la mesa de cualquier casa donde los padres se enteren que un chico fuma marihuana. También será otra cosa a discutir cuando en un evento te la quieran vender ellos y solamente ellos (los organizadores digo).

Este suceso es uno de tantos que ocurren siempre. No sólo relacionado al consumo de drogas o cosas legales, sino a la actitud de forreo de las empresas de espectáculos. Abundan en los recitales y eventos masivos de otra índole las anécdotas de sonido de mierda; de shows apretados como matadero y con calor sofocante; de ubicaciones sin visual del escenario, que es precisamente lo que pagaste por ver; el novedoso campo VIP; la relación mayor-precio/menor-calidad.

Está bien la idea de no comprar una entrada si no te gustan las condiciones. Hecho. Pero la verdad es que ESAS condiciones no están ni en letra chica de la entrada, o sea que el espectáculo que pagás debería cuanto menos ser disfrutado, si eso falla entonces te están estafando. Nos dejamos estafar por estar en un recital épico como lo fue el de Pearl Jam, pero no está bueno que mucha de la gente que estaba allí no haya podido disfrutar bien del show. Es como si te cobraran un pasaje y te hicieran bajar del micro cuando se les canta.

PD: así empezó uno de los recitales de esta década que apenas comienza: