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Latinoamérica hoy

(nota publicada en la revista Arrecifes Sapiens de Octubre 2013, en la sección “Para mí”)

Me acuerdo que odiábamos a Brasil. Era un odio virulento. A los chilenos también los odiábamos (y algo queda aún), por la relación que tuvieron con los yanquis durante Malvinas. En cambio a Paraguay fuimos nosotros quienes les metimos la bota encima y los masacramos. Nos ufanamos de haberlos pasado por nuestra justicia como si hubiésemos sido justos. Les ahogamos la tierra en sangre. Si buscamos, seguro encontramos argumentos para agrandar las distancias entre todos los países que ocupamos la américa latina.

Pero ya no es como antes. Ahora sabemos que hay cosas de la historia que nos enfrentaron, pero sin embargo se los reconoce como hermanos. Las euforias parecen haber bajado al punto de limitarse a lo futbolístico. Si existen tiempo de redención, quizá sean éstos.

Mirá sino Ecuador y Colombia, que cada tanto andan a los pataleos, pero decidieron dejar los cachetazos en la heladera. O Perú y Bolivia que ahora están charlando para compartirse el mar. Poray está resultando en una familia que se sentó a la mesa a hablar de las mismas cosas.

Es darse cuenta que compartís el mismo techo, y sobretodo compartís el patio. Que encima es de los más verdes del planeta. ¿Porqué entonces dejarse punzar las costillas? Nos dejamos llevar tanto por las discusiones, que descuidamos nuestra hermandad y nuestro tesoro. ¿Desde hace cuánto? Desde siempre tal vez.

Nada que pueda decir hoy será actual mañana. De hecho, en este ámbito sería prudente opinar literaria y anacrónicamente, pero el “Hoy” de la premisa, cuanto menos me limita a “estos tiempos”. Cuando empecé a escribir esto, aún no habían estallado las arterias en Brasil, y menos que menos habían retenido en Europa al presidente de Bolivia, como si fuera un contrabandista. Esos dos no son los únicos episodios que sucedieron en pocos días, ni los que sucederán, pero ambos me sirven para reflexiones breves.

Divide y Vencerás: Viendo la manera de mostrar o explicar la pueblada de Brasil por algunos medios, siento que aún somos comidilla de carroñeros y oportunistas que todo el tiempo dicen estar de nuestro lado. ¡Deberían estarlo! Son parte de nuestro país, de nuestra Latinoamérica. Sin embargo parecen disfrutar del fracaso, o de contar las cosas como si de eso se tratara. Duele pensar en que tales gentes también sean hermanos. Deberíamos reflexionar quizá como pueblo (no ya como países), acerca de qué intereses nos mueven, y hacia dónde vamos cada cual. Después de tener claro qué queremos, intentar una reflexión acerca de los que nos conducen, en cada uno de los 3 (y más), poderes: político, económico, y religioso.

Los hermanos sean unidos: Lo sucedido con el presidente Evo Morales demuestra que, aún atravesando graves crisis económicas y sociales, persisten las diferencias entre los países aristocráticos y los que despectivamente somos llamados como sudacas. Aún seguimos siendo vistos como graneros, como lacayos proveedores. Países que como buenos aristócratas brindan pleitesía al dueño de la pelota. Pero lo importante que sea aprovechar una nueva oportunidad para mostrarnos unidos. Oportunidad de ser solidarios con nuestros hermanos, defendernos y respaldarnos. No sólo diplomáticamente, sino socialmente.

Vuelvo al Martin Fierro, acaso gran parte de nuestra sangre popular hecha palabra:

Los hermanos sean unidos / Porque esa es la ley primera /Tengan unión verdadera/ En cualquier tiempo que sea /Porque si entre ellos pelean /Los devoran los de afuera.

Tengo dos hermanos con los que de chico podíamos cagarnos a trompadas mal, pero que nadie los tocara. Sin embargo, ya crecidos, pasó que me dejé llevar por alguien de afuera: alguien que ocupaba un lugar disponible que no nace con la familia sino que lo reclama el instinto. Un lugar con enorme poder de influencia sobre las personas, sobre los grupos, sobre las naciones. Me dejé llevar por la vocecita que se acostaba conmigo y compartía el lecho, y me dejé devorar la hermandad. Permití que se desmoronaran los pilares que me sostenían desde la existencia en esta carne. Hasta que llegué a aceptar la denuncia y juzgué culpable a mí hermano. Por fortuna, la vida ofrece constantes oportunidades de reflexión y disculpa, y tuve la suerte de aprovecharla.

Aunque atañe a lo personal, que se entienda como simple alegoría de la historia de la humanidad, de nuestra historia latinoamericana. ¿O acaso hoy, que los lazos se están fortaleciendo, no hay quienes intentan dinamitar las relaciones cada día un poco más?

Sólo el reconocimiento del hermano en los demás, hará que sigamos unidos. Esa unión nos hará fuertes. Si se permite al de afuera influirnos contra el de adentro, volveremos a nuestra historia dividida y dominada. Entonces, ¿somos capaces de reconocernos y resguardarnos?

Yo soy tu amigo fiel

(nota publicada en la revista Arrecifes Sapiens de Marzo 2013, en la sección “Para mí”)

En mi vida le dediqué más horas que palabras. Quizá el lugar al que más he ido, al que más he recurrido. Voy a él cuando estoy bien, cuando estoy mal. Voy.

Me entretengo un instante nomás en los recuerdos con él, y se me llena el alma de momentos sublimes, profundamente únicos.
Leyendo Siddhartha, me quedaron en claro algunas ideas. En realidad, fue como hablar con un amigo, y casi decirle de igual manera a lo mismo. Un amigo (otro amigo), le escribió una canción hermosa. Al libro y a él.

La libertad de fluir. Tal como nosotros, gotas de un todo, que caemos solos. Donde caigamos. Podemos estancarnos. Podemos buscar en soledad hasta encontrar un río que nos permita aumentar velocidad. El común de los pueblos se estaciona sobre chorros contundentes de agua. La necesidad del hombre: el agua llama al agua.

Ya dije mucho del río. Y se ha dicho mucho más. Pero parece ser nunca suficiente. Como él, hablar de él puede hacerse interminable. Es que no alcanzarían las palabras del mundo para explicar su influencia.

Para mí siempre existió. La cercanía de mi barrio Las Flores (que tal vez deba su nombre a que el río siempre lo hizo florecer); la necesidad de visitarlo, como un imán llamando. Las primeras aventuras. Luego más historias; con la edad se suman historias.

La vez que casi muero, que me sentí muerto, fue a la vera del río. Una de las veces. Otra fue al resguardo de un arroyo (siempre el agua). Otra, ponele que fueran tres (sacando la del alacrán, cerca de otro río); también fue en un arroyo hecho cemento. Bajábamos como agua, y se nos cruzó algo así como un tronco. Por suerte seguimos fluyendo; ¡y con más intensidad!

¿Sirven las analogías para explicar lo inexplicable?

También está lo que duele. Para mí, muchos que lo agreden lo hacen porque no saben. No pueden sentirlo. No pueden tocarle la vida que contagia. No pueden verle la vida que contiene. Menos pueden escucharlo.

El Río es como un caballo loco. A veces se desmadra y no reconoce a nadie. Se engrandece, enloquece, y se hincha. Se pone ancho y no sé bien si es por bondad o por furia, pero abre largo sus brazos y abraza mucho.

Tiene una generosidad sublime, implacable. No juzga, no discrimina, no expía de pecados tampoco. No te pide ser libre, no necesita libertad. Simplemente ES libertad, y te la ofrece. No te obliga, te invita.

Si querés, te lleva con él. A nosotros nos llevó hasta donde tiene la humildad de desprenderse de sí mismo para volverse parte de algo mayor. Esos días dejé de ser hijo de mi viejo. Pasamos a ser amigos. Alto viaje de amigos. Los tres, amigos.

Podés jugarle en contra. Él insistirá tosudo, siempre fluyendo constante, sin pausa, sin cansancio. Puede llegar a demostrar debilidad, pero nunca estará herido de muerte. Puede estar acorralado, pero aún así seguirá adelante.

Es conmovedor verlo siempre ahí, esperando, paciente. Con su voz múltiple, de millones de idiomas, para todos los gustos. Para todos los oídos.

 

Una secuencia: Después de una curva, aparece el río, recto, desapareciendo en el horizonte, infinito. No ves que vaya a doblar jamás. Debe ser el único capricho recto en sus tripas viborosas. Anclamos la canoa en el medio del río. No tendría más de un metro de profundidad. La plancha al sol. El murmullo del agua. El río suele hablar más claro, cuando deja ver un poco las piernas. Las rodillas que asoman. Nadie puede pagar por esto. Nadie lo vende.

 

my under género

(poestría publicada en la revista Arrecifes Sapiens de Septiembre 2012, en la sección “Para mí”)

podrían ser todas las fotos polaroid del mundo/

yo la llamo poesTRía / my under género / my own / soy bruto, no aprenderé / no puedo ajustarme a los reglamentos / hay señores que aman poner todo tras las reglas / policías de la moral / reyes de Gramática Land / big bang / la poestría será libre o no será nada / para cada cual, cada qué /

flashes, fotos, instantes / una secuencia que describe un coso / cómo decirte un coso? / si escribo cien poestrías y aún no logro descularlo? / la agua / la poestría está chorreando de los bondis / de los containers de la plaza josé c paz / los primeros de capital, mirá vos / eran cofres del tesoro / me quedan en casa algunas de sus joyas / nos colgábamos como racimos / borrachos / fumados / frío acalorados / fotos limadas en el parque / domingo telón de quitote / fest / ahí hay mucha poestría

/ parece fácil / decir que está en los primeros besos / en la envidia que me da ver a chicos abrazarse nuevo / en la envidia que me doy / pasado de 30 / como un perro en el piso con mi hijo

/ parece fácil / es

fácil la poestría, anda suelta por ahí / nomás unos la sienten / y otros la espantan / yo que sé / yo odio la banana / y otros dicen para mí es la mejor fruta / la prosa explica / ordena / la poestría pinta / flashea / poestría es una página de facebook / que se llama chicas bondi / es tenernos ganas con mi mujer / andando por la calle / tocarnos el culo /

más fácil que buscarla en una mirada NO HAY / poestría hay en los pensamientos que alguien nunca te va a decir

podríamos estar jugando / a distintos juegos / sin embargo hay un punto / de conexión / (ahí está, va por ahí) / donde te conmueva / cualquier pavada que yo pueda decir / una frase / mil / que te cagues la cabeza un rato / queriendo entender qué quise decir / qué importa qué quise? / importa qué querés / qué querés? / detenete / frenate / no me entiendas / llevate / soltate / caminá sin destino / sin piso / sin detrás, sin delante / no esperes que haya nada a rescatarte / sos vos solo / contra las flores que te crezcan / contra el bosque que dejes / crecer en tu jardín / a favor y en contra / deambularte los senderos / perderte entre tus helechos / colgarte de tus lianas / todo partiendo de palabras / que algún inadaptado puede haber dicho / o pensado / o soñado / quién sabe? / imaginate vos / al primer ser que le dio sentido a un sonido / y lo llamó palabra / sin saber que se llamaría palabra / sembró ese sentido / en la costumbre de otros / y mirá lo que tenemos ahora / podés pintar mil años de vida / en una simple poestría /

esquivar carcasas de pollo en la bicisenda / oír / atravesado por la velocidad del viento / deslizarse entre el aire / no bondi no taxi no logo / poco pogo / que la suma de los días / sume algo gordo / significación / acción, reacción, prisión / el peso de los pies / va haciéndote caminar lento / detenerte otra vez / una puta vidriera / un kiosko muerto / pisar mierda / haber escuchado de más una canción / y que te estribille toda la noche / la imperfección escupe perfecta poestría / perfecta imperfección / cómo negarle conmoción al fantasma / que viene y te sacude / sin siquiera estar interesado / en hacerlo? / cómo no rendirse? / y soltarle algo de sangre / propia, caliente / que lo muestre / q lo funda en el infinito / en la perpetuidad del mensaje

/retener contra todo / contra el puto tiempo / un detallito, un instantito / tenerlo entre materia gris / seguro, propio / floreciente / tuyo / mío / con tus colores, con tus filtros / guardar como / y ya nada puede matarlo / la multiplicación no divide / desparrama / derrama / tanta magia es la que tiene / que donde pongas tus comas / donde leas las mías / mínimamente eso / pintará de lo mismo /distinto / millones de universos

un vaho como de aire denso / susurrrrante / alarmante, te grita / girás la cabeza, le grita a otro? / es a vos / te pide, te nombra / te mira con esos ojitos que no ves / te apreta el alma que no sabés / fuerte / apreta que da gusto / va de un lado a otro / cabeza sobre pies / corazón en boca / culo en mano / soltás el estómago / diarrea emocional / si le podés poner algunas palabras / que salpiquen / a los demás de lo mismo / tons ahí está…

En qué vuelta se recuesta el perro?

(texto publicado en la revista Arrecifes Sapiens de Julio 2011, en la sección “Lugares Comunes”)

Está comprobado que cada poblado del interior tiene su vuelta del perro. Y que los fines de semana, especialmente por la tardecita, son el momento ideal para salir a la calle a girar como todo el mundo. No hay resaca que la impida. No hay castigo más grande que el prohibirla.

Siempre atraviesa una o varias plazas principales, y suele correr más que nada por las calles y avenidas populosas. Si la vuelta incluye río, mejor; aunque sea invierno. Es el recorrido obligado si querés hacerte conocer en un pueblo. La vidriera de presentación para los forasteros, y el medidor de popularidad de los lugareños. Es la comprobación semanal de que estamos todos bien, y la presentación oficial en sociedad de los nuevos. Es el refresh de los comentarios acerca de Arastasidis o Wanchipersis.

En la vuelta del perro necesitás tener un vehículo, y alguien que te mire sentado en una vereda o caminando. Ambos actores son imprescindibles. También que se conozcan, o que alguno te conozca, o que el amigo del amigo del que te ve te conozca. En definitiva, es importante que alguno de los que te vean pueda hablar de vos. Es un escaparate ambulante, un gigantesco spiedo.

No concibo sábado o domingo sin vuelta del perro esperando a ser recorrida, al menos una vez. Qué haríamos un domingo sin vuelta del perro? Por más fútbol para todos que haya, no hay manera de romper con la tradición. Puede que exista el día de NO vuelta del perro, pero no faltará nunca el nostálgico que estará dando vueltas solo, en una Zanella, para ver qué (H)onda, si poray está ella, si él me mira, si sabrá quién soy…
Nadie puede negarse a la tentación de dar la vuelta a 10 kilómetros por hora. Por más que a muchos nos fastidie. Sabemos y reconocemos que en un momento nos sirvió y no podemos renegar de eso. Es como haberte levantado a una minita bailando cumbia y después hacerte el rockero anti tropical. No hay quien no tenga alguna anécdota dando la vuelta del perro. Es más nuestra que tu vieja.

Sin repetir y sin googlear, me pregunto: Le decimos vuelta del perro porque no se sabe cuándo será la última vuelta? O será porque el perro siempre da las vueltas sobre el mismo lugar? O tendrá que ver con alguna ruta común de paseo de los perros? Dudas que me aparecen como ronchas, mientras me rasco las pulgas.
Acá menciono, para cerrar, algunas cosas a tener en cuenta si sos porteño y de golpe te encontraste metido en una caravana de coches que dan vueltas como calesita y no van a ningún lado, sin apuro, sin lógica:

Formas de dar la vuelta del perro.

  • Básica: girando sobre vos mismo.
  • Básica doble: caminando sobre tus piernas alrededor de dos (2) cuadras como mínimo.
  • Canina Simple: Agarrar un perro y darlo vuelta patas para arriba.
  • Canina Doble: Si corrés riesgo de que el perro te muerda por darlo vueltas a lo Canina Simple, podés ponerle una correa y llevarlo de paseo por las veredas de la vuelta. Está comprobado que garpa muchísimo para llamar la atención de los demás, es como un bonus.
  • Rodante: en bici, patineta, monopatín, etc. Hay que ser osado y tenerla bastante clara para no hacer el ridículo. Suma puntos que hagas piruetas y boludeces como andar sin manos, saltar cordones, etc. Pero ojo!, hay que tener los huevos bien puestos por si sufrís un accidente bochornoso: serás el hazmerreír de muchos por muchos años. Eso sí, nadie se olvidará de vos, ni de la anécdota.
  • Motorizada Simple: En moto, ciclomotor, etc. Cuidate de evitar peinados con gel, por el viento. También hay que tener expreso conocimiento del horóscopo del tiempo para evitar el efecto adverso de piel-de-gallina por mostrar los musculitos.
  • Motorizada Doble: En auto, cuatriciclo, karting, etc. Lo más importante es bajar los vidrios si se tiene polarizado oscuro (importante tener el codo asomando); tocar bocina sin que te vean la cara le quita absoluto sentido a la vuelta. El polarizado suele ser popular entre los tímidos voyeurs que lo utilizan para resguardar su identidad y poder ver a quien les gusta. Si tenés un buen estéreo tenés que ir escuchando la radio de moda a todo volumen.

Detalles infalibles.

  • Cabecear siempre, como saludando a alguien, aunque no exista ese alguien. Hay un mito que dice que cuanto más cabeceás durante la vuelta del perro, más ascienden tus posibilidades de ser concejal, incluso hasta intendente.
  • Tener la sonrisa dibujada, como un campeón.
  • Las gafas son útiles pero no hay que abusar, cada tanto descubrir los ojos. Es cheto apoyártelas sobre el pelo, en la mollera.
  • Si no tenés nada que decir, cada tanto pegale un grito a algún amigo que sea hincha de otro equipo.

Advertencias.

  • Es importante llamar la atención siempre. Pero tiene que ser con mesura para no quedar como un pelotudo que quiere llamar la atención. Ahí está el truco, saber encontrar el equilibrio.
  • Si osás cambiar el trayecto de la vuelta del perro de tu ciudad, debes tener la suficiente popularidad como para salir airoso. De lo contrario corrés riesgo de ser devorado por las fauces del olvido.

En mi Arrecifes, como en todos lados, cambian las tendencias. Que llenamos una cuadra, que vamos a la plaza, a esta avenida o aquella calle. Sin embargo, la vuelta del perro sigue siendo la misma para cada generación. Si eventualmente cambió su trayecto, seguramente al menos en una de las vueltas iremos por esas cuadras que gastábamos de adolescentes. Porque la nostalgia te llama, es un deber sostener TU propia vuelta del perro, la de tus contemporáneos. Las demás eran o fueron luego, pero la propia ES.

ES como el kiosquito en el que parábamos y jugábamos pool. O como la heladería, o el banco de la plaza que nos pertenecía. La postura en que nos sentábamos. La moto que nos llevaba. Cada adolescente del interior lleva tatuada por el resto de su vida la vuelta del perro de su época, y no hay manera de renegar de ella, ni de arrancarla de la memoria. Porque cada esquina, cada baldosa de esa vuelta, tiene una historia, una foto, un grupito habitué, un amor. Porque al llegar, después de mucho tiempo a tu ciudad, amerita una vuelta del perro para el reencuentro. Porque es así: no sabemos cuándo volvemos, ni cuando paramos, así que demos vueltas mientras podamos.

Los dueños del Taja

(texto publicado en la revista Arrecifes Sapiens de Abril 2011 en la sección “Lugares Comunes”)

De su historia sé algo por comentarios. Bien podría ser una muralla hecha para atajar el mar, o como dice la leyenda más firme: una construcción con la intención de retener el agua del río para hacerlo navegable. A lo largo del río Arrecifes, hasta su desembocadura, hay varios murallones como éste, aunque de menor tamaño. Parecen sembrados para convertirlo en una especie de canal de Panamá.

Se cuenta que el río bravo no aceptó que lo manipularan y embistió con crecidas tan grandes que inundaron ciudades; lo que obligó a dinamitar la orgullosa construcción*. Por la calles de Arrecifes todavía hay gente caminando que afirma haber escuchado la explosión que desparramó las tripas del Tajamar a lo ancho de la ribera.

Por mi parte a veces prefiero otras conjeturas más místicas. Me gusta imaginar al mismo Jesús construyéndolo en un arrebato por evocar sus años mozos jugando con ladrillitos, sufriendo la severa mirada de su padre y viendo como éste patea la construcción para que su hijo se dedique a lo que realmente debe hacer como hijo del supremo. Capaz el Señor se echó una soberbia meada y chau paredones.

Como haya sido, cuando sólo quedaron las ruinas parecidas a un gran tramallo abandonado y deshilachado, el pueblo olvidó y el monte lo hizo suyo.

Pero ¿qué decir? Estaba ahí esperando a que lo encontremos, como si fuera un Machu Pichu pampeano, una ciudad del Dorado, el paraíso de los parias. Se supo guardar a la vista de todos, como la foto de esos parientes que nadie quiere pero sin embargo están presentes. ¿Acaso será que el Taja hace quedar mal al río?

Esas rocas mutantes las conocí como el Tajamar, en alguna expedición fuera de los límites impuestos por los hasta ahí me dejan de mis padres.

Agradecí el amor a primera vista. Guarida intocable, inexpugnable. Lugar al que no iban a buscarte, del cual volvías si escuchabas los gritos desde la curva que nos separaba del Náutico. Porque ahí, entre esas piedras, no andaba cualquiera. Andaban los raros, los escondidos, nosotros que nos creíamos aventureros y al final nos hicimos raros. Será por él, a causa de él, gracias a él?

Mi vida y el río siempre fueron de la mano. Desde que caminaba al balneario, las dos cuadras que me parecían kilómetros, hasta hoy. Cuando descubrimos el Tajamar fue encontrar algo nuestro, más íntimo. Fue hallar el lugar en el mundo que sabés te va a estar esperando siempre. Como encontrar la caja de seguridad de mis futuros recuerdos.

Son incontables las veces que me tiré de la Olla. Temprano se impuso ante mí ese desafío y no supe esquivarlo. El frenesí de la caída libre, el agua esperando con su agresiva postura pero con brazos de seda para abrazarte en la gloria. Salir del agua y dar una bocanada de aire. Sentir que la fuerza pugna por quedarse con tu pantalón y sonreírse ante tu ridículo.

El Taja guarda secretos de madrugadas, amaneceres, ocasos, mates volcados y frentes lastimadas. Habla anécdotas de canoas partidas e intrépidos pescadores. Cuenta de saltos mortales a la Olla y piernas raspadas por los arrebatos de la fuerza. Se ufana de besos y abrazos, de polvos inolvidables y discusiones dolorosas, de osadías y adolescencias.

Abrumadores pensamientos nadando aguas torrentosas. Ideas aturdidas por el canto constante de las rocas y el río. Confesiones escupidas al agua, que danza creando esa espuma odiosa. Una solitaria botella de plástico, llevada de un lado a otro como si se fuera un ratón: el instinto felino de la corriente jugueteando con la basura que solemos escupirle.

Le tallé una cara un día, en la piedra rosada y permisiva que anima a la escultura. Tan solo una semana duró la obra y fue arrancada a la profundidad del olvido. El Taja no quiere tener cara, es miles de caras. El Taja es los parias, los putos, los drogones, los introvertidos, los solitarios, los negros, los grasas, los miserables que encuentran en esas piedras el sitio de paz interior. Es un refugio que no interpela.

Imaginé la invasión, cuando lo despellejaron en un intento por descubrir el brillante dentro del carbón. Contemplé el apocalipsis confirmado, con atónita tristeza. Y pensé en todos los que éramos tan habitué del lugar que ya nos sentíamos dueños. Maldije a los cielos, e invoqué nuevas meadas del Omnipresente para que barriera con la pueblada. Pero nada fue tan dramático como los pronósticos. Fueron pocos los que de verdad se le animaron al agua ruda, a entrar en el místico círculo de barrancas y piedras que se forma. Fueron sólo una vuelta del perro extendida, y la foto obligada como si el reflejo del sol en el agua fuera el Aconcagua. Es mucho más que eso, pero mejor no avivar giles.

El Taja es de esos lugares por los que uno desea hacerse cenizas a la muerte, y que te mezclen con él. Es de esos agujeros negros de la vida que te brindan energía. Es el primero que te enseña que se puede ser mejor después de que intentaron destruirte. Lugar que te hace sentir la presencia de aquellos que ya no ves tanto, y sin embargo él los guarda para vos. Te guarda los momentos. Te los susurra al oído. Te refresca la memoria con su murmullo imparable, incansable. Te convence de que no necesitás palabras. Como cuando te cruzás con alguien por la calle, de lejos, y lo mirás, y te mira, y ambos dicen con la mirada que , que nos vemos en el Taja.

 

 

*30 de Junio de 1922 – Fuente: http://tinyurl.com/6b8sh2k