Archivo de la categoría: mi virna

excusa (r.canapé returning to an empty place)
soy roberto canapé. esto es como mi cabeza. virna está a veces, otras no, otras se va, otras vuelve. a veces el que se va soy yo y viajo, y capaz vuelvo. hasta que un día nos desencontramos.
así estoy hoy, con mi virna intermitente, parpadeando en mi cabeza. fotos de ella me sonríen o se burlan, depende el día. es así, ella es muy como yo y al revés tmb. un amigo lo dijo hace muchos años: los dos sentimos lo mismo.
si alguno de uds reconoce a virna, no dude en mandarle un beso de parte de roberto canapé. y porfa que se pase por acá un día, así la abrazo aunque sea.

la delgada línea diplomática

De lejos se veía como un tubo de dentífrico aplastado en dos, las rodillas para adentro casi rozándose. Caminaba moviendo el culo como esas bailarinas hawaianas que saltan de una cajita musical cuando la abrís.

Cuando caminábamos a la par, en ocasiones tenía que apartarme un poco para que no me topara y nos tropezáramos. Depende el día, sería la humedad, no sé. Si íbamos de la mano, yo intentaba contener sus zarandeos para no perder el equilibrio. Poray la agarraba de la cintura y le marcaba el ritmo. Me daba mucha gracia esa forma de caminar estilo chica de pasarela. Siempre pensé que se trataba de un viejo anhelo oculto por ser modelo.

Por supuesto nunca se lo había preguntado. Hay cosas que es políticamente correcto no mencionárselas a una mujer. Me odiaría al menos un día o dos si acaso sólo se lo insinuara.

Caminábamos por la costanera. El sol se aplastaba contra la ciudad y coloreaba lindo este lado del río. A nuestras espaldas se elevaba una columna de humo que no veríamos hasta declarada el alerta en las calles.

Virna estaba tranquila, paseábamos sin prisa, medio abrazados. Quise darle un beso de película recostándola entre mis brazos, pero me salió malísimo y torpe.

—You, tenés mal aliento… —me dijo con cara de rechazo; y tuve ganas de soltarla y que reventara de espaldas contra las baldosas.

—Uhh, disculpame… —la incorporé. Me llevé la mano a la boca, luego a tantear los bolsillos—. Fahh, encima no tengo chicle…

—Tomá, yo tengo… —dijo canchera y triunfante. Y no sé por qué extraño chip en su cabeza, la mina se súper excitó al bardearme tan gratuitamente y potenció su andar ladeando la cadera aparatosamente como si fuera una diosa. Me la quedé mirando sin poder creerlo. Sólo le faltaba un ventilador al lado, llevándole el cabello Sedal para coronar una publicidad de chica free.

Me extendió el chicle sin mirarme, convertida automáticamente en una mina de catálogo, una diva inalcanzable, piba de shopping. Le faltaban las bolsas chetas colgando del brazo dobladito, con muñeca quebrada y cigarro para abajo.
Se notó de una en mi cara la gracia que me causaba verla caminar así. Y eso la trajo de vuelta al mundo de los mortales.

—De qué te reís?

Una sirena de bomberos comenzó a sonar a lo lejos.

—De nada, una pavada…

—Qué pavada?, decime… —se frenó y acomodó la cadera para apoyar la mano.

—Nada, una boludez te digo…

—Si es una boludez, decime… Cuál es el problema?

—Pero vos te vas a enojar, ya te conozco…

Las sirenas empezaban a multiplicarse. Podía oír por el rabillo de mi oreja el zumbido estéreo de las autobombas cruzando la ciudad. Me parecía que eran muchas. Demasiadas tal vez.

—Me enoja que no me lo digas… Dale, decime… —arengó con la mano que no tenía en pose con la cadera, como queriendo atraerme con los deditos. Cabrona, desafiante.

—Naaa, una boludez, ya te dije…

—Decime entonces…

—Ok, pero no te vas a enojar?

—Nooooooooooooooo… Dios, noooooo… —suspiró superada.

Pasó un autobomba por nuestro lado y pensé: paren acá muchachos, el incendio es acá.

—Ok, caminás con las rodillas así, pegadas… —lo grafiqué y di dos pasos para explicarme mejor—. Siempre me pregunté si lo hacías a propósito para hacerte la linda, o si te salía natural posta…

—Porqué no te vas a la concha de tu madre?… Sos un pelotudo…

Volví a reírme. Esta vez con una sonora carcajada.

—Encima te reís?… De qué te reís ahora?

—Jaaaaaaaaaaaaa, de que te enojaste…

—Porque sos un sorete, me decís esas cosas… Qué? Sos perfecto vos?

—Nop, yo tengo mal aliento…

r.canapé

pausivo / (in)activo

Al principio quise escribir mucho sobre Virna. Me entusiasmé recordando sus historias, a mí con ella; esas fotos que uno guarda con tanto afecto.

Pero con el tiempo esta crónica empresa me resultó aburrida, y ya no sé si quiero seguir hablando de Virna.

Es Virna tan interesante? Mañana volveré a preguntármelo.

Mañana volveré a preguntarme si tiene sentido seguir trayéndola a mi mesita de luz, al minuto de mis sueños, al rincón enmohecido de mis momentos sensibles.

A veces extraño tanto a Virna que ya no sé… no sé si amo a Virna, o a ese embudo que siento al extrañarla…

Si aunque sea apareciera para poder desprenderme al fin de ella…

r.canapé

(conociendo a virna IV) levedad del tiempo

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Tenía un arito en el labio superior. Cuando la besé choqué torpemente contra el metal quirúrgico, pero me habitué rápidamente.

Era chica, mucho más chica que yo, pero a veces la distancia provoca otras uniones. Éramos como de dos culturas distintas. Cada uno, para el otro, era como un ser exótico que llamaba nuestra atención.

Hicimos el amor bajo un puente, no recuerdo bien qué parque era, porque estábamos en Brasil y nunca fui bueno para los nombres de lugares.

Habíamos cruzado dos palabras en castellano acerca del cagazo que nos daba que nos limpiara alguno de la favela, que no era lo mismo que en Buenos Aires.

Me sorprendió que una pendeja como esa me hablara a mí que a simple vista le sobraba como diez años.

–La puta que lo parió… –Había dicho ella. Y yo me había vuelto para saber quién puteaba en mi idioma.

Después fue la sonrisa cómplice, la charla trivial sobre estar en un lugar tan hermoso. Más tarde caminamos las cuadras hasta la playa y nos refrescamos en el mar.

Era hermosa, radiante de juventud. Flaquita pero con curvas armoniosas. Morocha, mejillas coloradas culpa de la arena de los últimos 6 días. Y yo que había venido a este país a pegar garotas…

Bajó el sol y no entendí porqué seguíamos juntos. Me habló de sus amigas, pero nunca de reunirse con ellas.

Me agradaba no tener que hablar con señas en este paraíso. Cuando a uno le cuesta explicarse en un lugar así, se siente más extranjero todavía. Un desdichado al que se le concede el deseo de vivir un rato la belleza pero no ser parte de ella. Pero con Virna todo había cambiado. Éramos parte de esto que nos rodeaba. Y, sin embargo, mirábamos todo de modo distinto. Éramos desconocidos, pero compartíamos la experiencia de serlo.

Rastreamos nuestras direcciones sin encontrarlas, y caímos en un parque. No necesitamos hablar ni convencernos de nada. Nos acertamos las manos sin llamarlas, al igual que las bocas. Y bajo el calor salado usurpamos la sombra del puentecillo que saltaba un arroyuelo. Nos desnudamos de las ropas fáciles y nos amamos.

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Encendimos dos luciérnagas rojas sin reparar en dónde estábamos. Fumamos hablando de Buenos Aires, cada uno de su barrio, cada uno del barrio del otro.

A ella le quedaban algunas flores, yo la miré agradablemente sorprendido.

–Ya ves, nadie ha detenido a la primavera… –Dijo, y nos reímos del abismo temporal que nos separaba.

Hablé de música vieja que había visto; que ella apenas había escuchado pero ahora veía a través mío. Escuché de su boca películas hermosas, y de pronto me entusiasmó el cine. Ninguno sabía mucho de tango. Ella habló de series adolescentes que no habían llamado mi atención, y yo parecía promotor del canal retro. Coincidimos en que esta experiencia era rara, pero la repetiríamos. Ella reía carcajadas nuevas, inocentes. Yo me daba cuenta cuánto había dejado en el camino.

Seguíamos desnudos, impertinentes ante el mundo que nos rodeaba.

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Virna se fue al otro día, horas después que la luna nos despidiera frente a su hospedaje.

Yo me quedé una semana más, sin poder encontrar otra vez el puentecito; en un Brasil que se había apagado ante mis ojos; percatándome de lo sencillo que resulta añorar tus calles cuando se deambula vacío por el paraíso.

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r.canapé

espejito espejito

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You, todo depende de VOS

tODO pende de you, y a muchas veces me incluyo

O sea, yo necesito de tu tiempo, lo sabés, tan lo sabés que me esquivás como un bb NEne

voluntad nene, voluntad, time is the answer too all the questions

ES la única manera sabés ?, de que lo nuestro se termine de una vez por todaS

¿contradictorio no? Como vos, como yo, como YOU

ya te lo dije, siempre te lo digo: por eso yOu

desde un Principio fue así     aunque a veces quieras dar vueltas las cosas

¿te acordás lo que te dije hace unos minutos?

No mentía, no mentía, por supuesto que no.

ahora, no sé cuánto habrá pasado desde las palabras reunidas entre mi voz y EStE papel: poray años de recorrido con unas monedas y la cabeza rota

Yo maybe esté para curarte si t animás SI sabés buscarme, o en tu lecho de muerte llegues a pensar en mí antes de suspirar convencido que todo, siempre, es fué tu responsabilidad , aunque tires cuerdas para amarrarle los pies a cualquier desprevenido

No soy única, pero p/ vos SOY una sola de cada una… (3 puntitos como t gusta a you)

Si NO sería más aburrido que discutir por enésima vez si fósforos o cigarrillos.

T digo, ahora q volviste, que tE extrañaba, así que buscáme

pero no por mucho rato, (ya está por terminar esto), y mejor tomarse el tiempo justo para ponerle el moño, monito MÍO

te dibujaría una flor, pero capaz la rompés marchitás con esa cabeza de regadera q tenés

beso. Vi.

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teoría de la relatividad

Fue hasta el baño y la imaginó sentada en el inodoro, hablando con él. Se apoyó en el marco de la puerta y aguardó un instante, como esperando a que ella terminara lo suyo y le dejara el lugar. De pronto tuvo la necesidad de encontrar la tabla caliente como siempre sucedía. Un eco del pasado le trajo la frase bancá que ya termino, que siempre repetía ella con esas exactas palabras.

Meditó un rato, sentado en la soledad del trono, que quizá estaba tan obsesionado con este mambo que bien podría reventar de retención a la espera de que ella o su fantasma le cedieran el lugar. Por esa época, si ella no estaba ahí antes que él, ciertamente era que a él no le daba por ir al baño.

Se apoyó contra la tapa mientras se aliviaban sus intestinos, y recordó la charla con un amigo del trabajo. Una charla típica de amigos de trabajo.

–Rober, no sé cómo podés decir que sólo cagás en el baño de tu casa… no lo puedo entender… Yo cago en cualquier lado, donde me agarren ganas…
–Bue, ahí stá el punto Pico: a mí no me agarran ganas…
–En serio?… Qué sos, una maquinita cronometrada?… Tenés horario de atención en el culo?
–Je, naaaahhh, será biológico… O sicológico capáz, porque en casa tampoco me agarran ganas de cagar hasta que la veo entrar al baño a Virna, ahí se me aceleran las contracciones como loco…
–No te puedo creer mágico… No la dejás cagar tranquila a ella…
–Mmm, tenés razón, no lo había pensado de ese modo… Jaaaaaaaaa, le meto presión vos decís?
–Y claaaaro… Le metés presión y te le metés en el baño…
–Bue, eso es normal… Ninguno de los dos se queja… Podemos cagar con la puerta abierta sin pudor… Je, con decirte que cuando yo voy a cagar me pongo a leer cosas en voz alta para que ella escuche… Siempre hago eso…
–Qué loco… Tons ella maneja los momentos culturales papá: cuando tiene ganas de que vos leas se va a cagar y te fuerza la lectura… Stán como sincronizados del carajo… Zarpado che…

Se sonrió y prendió un cigarro. Necesitaba el olor a quemado en el ambiente. O un cigarrillo o fósforos. Estornudó, tal vez por la tierra que el tiempo había depositado sobre todo el lugar.

Miró alrededor y descubrió el papel, pegado en el espejo.

Algo implosionó en su pecho. Mordió fuerte para contener el mareo muscular y la posterior relajación lagrimal. Pudo verla, descalza, con el culote blanco que él amaba morder. La camisetita de Bob Esponja, las tetas sin corpiño. Recién levantada, el pelo hecho un quilombo. Las palabras por toda la cabeza como pulgas, y ella escribiendo y pegando la nota en el espejo.

Aunque podría haber sido después de que me fuera, pensó.

Se estiró tratando de dejar el culo en línea directa al hoyo. No quería embarrar la tabla y después embarrarse él. Se estiró un poco más. Alcanzó el papel y lo despegó con cuidado.

Se preguntó porqué no lo había visto antes. Y se contestó comprobando que el cepillo de dientes seguía en su lugar. Un calzoncillo colgaba de la canilla de la ducha. Se había ido con lo puesto, así de impulsivo había sido el mambo.

Volvió a imaginarla por ahí dando vueltas. Ordenando las sillas o juntando las cosas del mate. Bajando el volumen del televisor lleno de noticias viejas. Todo un ritual pausado por años pero ahora tan vívido que parecía ayer.

Sopló el polvo, tosió, y leyó las líneas nerviosas del papel; alzando la voz, para que ella oyera sus propias palabras.

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r.canapé