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(conociendo a virna V) the origin of love

Esperaba a alguien. Se la notaba un tanto nerviosa, como que hacía buen rato que aguardaba. La boca mordida de rabia, los ojos entrecerrados. Ufff, las bolsitas que se le hacían debajo de los ojos entrecerrados, me volvieron loco apenas la vi.

No recuerdo el nombre del restorán donde estaba. Siempre me pasa, los asocio más con la especialidad de la casa que con el nombre. Mis amigos lo mismo, los lugares no tiene nombre, se llaman El Matambrito, Los Napolitanos, nos encontramos en El Escalope, vamos a Bomba de Papa.

De todos modos me acuerdo perfectamente de dónde quedaba el lugar. Yo estaba enfrente, fumando bajo un techito porque llovía. La vi desde allí, parecía un maniquí, en la vidriera. Estilizada, bonita. Todavía más con esos ojos que se cierran desde abajo. Ojos morochos tan negros como su pelo. Piel blanca. Labios rojos de bronca. Piernas grandes. Las mostraba coronadas por una minifalda, aunque lloviera con frío. Seguro esperaba un novio nuevo o un chongo, porque las minas no se producen tanto para un novio gastado.

Ahí estaba toda ella, en la pantalla grande, esperando dentro del restaurante. Tendría doble bronca de que el clima la obligara a esperar en el lugar, rodeada por la cara de orto de las meseras y el baboso del cajero, aparte de los pibes del delivery o los clientes que le miraban el culo al pasar. Nadie desea esperar dentro de un lugar, es preferible apoyarse en el vidrio, o esperar bajo un techito como era mi caso.

Me causaban mucha gracia sus cambios de postura, o cómo consultaba el reloj cada un minuto. Si uno tiene que esperar y ni siquiera está fumando, un minuto puede padecerse como quince, es fija. Ya estaba nerviosa, refunfuñando, puteando por lo bajo. L a salpicaban promos de almuerzos y desayunos. Que napo con fritas ó grillé con papas noiset. Café con leche y 2 medialunas estaban a la altura de la cintura. Por la boca, más o menos, tenía la frase todos los menús incluyen bebida y postre.

Yo leía perfectamente desde donde estaba, pero así y todo me crucé de vereda haciéndome el boludo. Me dije que mientras también esperaba (a mi amigo), bien podía apreciar a una mujer tan bella más de cerca. Crucé y me hice el concentrado en leer los menús que pintaban el vidrio. Le atravesé la mirada algunas veces; en todas me rechazó con un latigazo, casi siempre al reloj que sólo se limitaba a reafirmar lo estúpida que se sentía.

Decidí respetar al destino y darle chance a que mi amigo apareciera. Tenía ganas de meterme de una y encararla, pero me excusé tras los códigos de amistad (y mi cobardía, capaz). Ella parecía a punto de irse, y yo que no aprovechaba la oportunidad de reemplazar al imbécil que la dejara plantada.

Por suerte la balanza de las circunstancias se volcó a mi favor, y casi con el pitazo final vibró mi celular. Aleluya!, comprobé que mi amigo me entregaba el faltazo en bandeja. Me dejaba servido el manjar de la oportunidad, el penal de la victoria. Me abría la puerta al camino de la gloria.

No perdí tiempo. Entré a buscarla, invitarla a apaciguar el malestar por el desplante. Cómo era posible que alguien plantara a semejante hermosura? No me entraba en la cabeza. Igual no tuve intención de decírselo así, porque hubiera sido agrandarla; y eso en una mujer es como meter pan en el agua: se hincha, y cuando lo querés agarrar se te deshace todo y lo perdiste.

Entré, caminé decidido a su encuentro, y le hablé de una.

–Disculpame, hola… mirá, te vengo viendo desde hace un rato, y veo que estás esperando a alguien que no llega… y me pareció injusto… te importaría… –usé esa palabra que usan los yanquis en las pelis y siempre les trae suerte–, almorzar conmigo?

–Perdoname, pero no te conozco… –Contestó, endureciendo apenas el rostro.

–Ahhh… eso puede arreglarse… –saqué la billetera y le entregué mi cédula–. Ahí está… ese soy yo, un gusto…

–Jaja… –Se le cerraron aún más los ojos. Dios, casi muero ahí mismo–. Muy original, pero no… –Torció la
cabeza, como cuando les da lástima un perro vagabundo o una paloma herida–. Sabés qué?, podrías escribirlo… y ponerle un final más feliz no?…

Me lo dijo tan dulce que no pude sentirme forreado. Me quedé mirándola, imaginando una vida con ella y que me mandara a la mierda en ese tono; y que linda la vida al lado de una mujer que hasta puede cagarte con otro delante tuyo y decírtelo así tan dulce, no?

Le sonreí y no dije palabra. Lo suyo había sido brutalmente más original que mi frase de manual. Quedé hasta contento por la sutileza con que me había descartado.
Pegué la media vuelta. Ya está, iba a comprarme algún sándwich por ahí. Qué más podía hacer?

–Roberto… –Me llamó, pero no alcancé a escucharla.

–Roberto… –Insistió. Esta vez acercándose, y tirándome apenas de la campera.

Frené y me volví sorprendido.

–Esperá… sabés qué?… mejor, no me gustaría almorzar sola…

r.canapé

yo es siempre tu

–Viste que las parejas de buen tiempo siempre tienen apodos íntimos?… es muy loco… a veces te das cuenta si se llevan bien porque tienen apodos entre ellos, o como el orto cuando se hablan por el de pila … o si los apodos son medio cabrones, viste?… como cuando a tu mujer le decís gorda, pero, según dónde enfatices, le estás metiendo cariño o la estás despreciando… Cómo será que nacen los apodos?…

–Mmmm, ni idea… nunca puse apodos…

–En serio?… y a mí cómo me vas a decir?… Virna nomás?… así de fácil?

–Si, claro… sos Virna no?

–Si, pero me gustaría que me llamaras por un apodo… algo entre nosotros, que otros no me llamen así, sólo vos…

–Mmm, alguien te llama por apodo a vos?… es tan lindo tu nombre que no necesita apodo…

–Vaaaaaaaa, lo decís para zafarte…

–En serio, tu nombre es bastante exclusivo… tons no necesita de un apodo… en cambio Roberto…

–Jaja, Roberto es un lindo nombre…

–No jodamos… Roberto es un nombre más fácil que la mierda… es como llamarse María… no sé por qué los padres insisten en poner esos nombres repetidos…

–Bueeeeeno, tenés tu apellido… es bastante particular…

–Ja, Canapé… sí, claro, para la gastada… de pendejo, en los cumpleaños de quince, mis amigos me decían que me tenía que ir cuando servían la cena, porque ya había pasado la hora de los canapés… me forreaban mal, con eso siempre, y otras boludeces…

–Ja, para mí es un apellido muy dulce…

–Claro, si…

–En serio lo digo… para mí Roberto Canapé es mi plato principal…

–Jaja… qué linda que sos… pero no me emociona que me digas Canapé, te digo…

–Naaaa… igual yo creo que te voy a decir You… hasta poray me lo podés decir vos también a mi…

–You?

–You…

–Y eso?… You de you?… inglésico o castellánico?

–Ja!.. del que vos quieras… según el día… no importa… de los dos… del inglésico sos vos, del castellánico soy yo… somos vos y yo, una mezcla de los dos, todo el tiempo… dos en uno…

-Che You, existen esas palabras?… inglésico y castellánico?…

-Si, no sé, creo que no… pero vos querías apodos íntimos, y you te doy palabras…

r.canapé

la delgada línea diplomática

De lejos se veía como un tubo de dentífrico aplastado en dos, las rodillas para adentro casi rozándose. Caminaba moviendo el culo como esas bailarinas hawaianas que saltan de una cajita musical cuando la abrís.

Cuando caminábamos a la par, en ocasiones tenía que apartarme un poco para que no me topara y nos tropezáramos. Depende el día, sería la humedad, no sé. Si íbamos de la mano, yo intentaba contener sus zarandeos para no perder el equilibrio. Poray la agarraba de la cintura y le marcaba el ritmo. Me daba mucha gracia esa forma de caminar estilo chica de pasarela. Siempre pensé que se trataba de un viejo anhelo oculto por ser modelo.

Por supuesto nunca se lo había preguntado. Hay cosas que es políticamente correcto no mencionárselas a una mujer. Me odiaría al menos un día o dos si acaso sólo se lo insinuara.

Caminábamos por la costanera. El sol se aplastaba contra la ciudad y coloreaba lindo este lado del río. A nuestras espaldas se elevaba una columna de humo que no veríamos hasta declarada el alerta en las calles.

Virna estaba tranquila, paseábamos sin prisa, medio abrazados. Quise darle un beso de película recostándola entre mis brazos, pero me salió malísimo y torpe.

—You, tenés mal aliento… —me dijo con cara de rechazo; y tuve ganas de soltarla y que reventara de espaldas contra las baldosas.

—Uhh, disculpame… —la incorporé. Me llevé la mano a la boca, luego a tantear los bolsillos—. Fahh, encima no tengo chicle…

—Tomá, yo tengo… —dijo canchera y triunfante. Y no sé por qué extraño chip en su cabeza, la mina se súper excitó al bardearme tan gratuitamente y potenció su andar ladeando la cadera aparatosamente como si fuera una diosa. Me la quedé mirando sin poder creerlo. Sólo le faltaba un ventilador al lado, llevándole el cabello Sedal para coronar una publicidad de chica free.

Me extendió el chicle sin mirarme, convertida automáticamente en una mina de catálogo, una diva inalcanzable, piba de shopping. Le faltaban las bolsas chetas colgando del brazo dobladito, con muñeca quebrada y cigarro para abajo.
Se notó de una en mi cara la gracia que me causaba verla caminar así. Y eso la trajo de vuelta al mundo de los mortales.

—De qué te reís?

Una sirena de bomberos comenzó a sonar a lo lejos.

—De nada, una pavada…

—Qué pavada?, decime… —se frenó y acomodó la cadera para apoyar la mano.

—Nada, una boludez te digo…

—Si es una boludez, decime… Cuál es el problema?

—Pero vos te vas a enojar, ya te conozco…

Las sirenas empezaban a multiplicarse. Podía oír por el rabillo de mi oreja el zumbido estéreo de las autobombas cruzando la ciudad. Me parecía que eran muchas. Demasiadas tal vez.

—Me enoja que no me lo digas… Dale, decime… —arengó con la mano que no tenía en pose con la cadera, como queriendo atraerme con los deditos. Cabrona, desafiante.

—Naaa, una boludez, ya te dije…

—Decime entonces…

—Ok, pero no te vas a enojar?

—Nooooooooooooooo… Dios, noooooo… —suspiró superada.

Pasó un autobomba por nuestro lado y pensé: paren acá muchachos, el incendio es acá.

—Ok, caminás con las rodillas así, pegadas… —lo grafiqué y di dos pasos para explicarme mejor—. Siempre me pregunté si lo hacías a propósito para hacerte la linda, o si te salía natural posta…

—Porqué no te vas a la concha de tu madre?… Sos un pelotudo…

Volví a reírme. Esta vez con una sonora carcajada.

—Encima te reís?… De qué te reís ahora?

—Jaaaaaaaaaaaaa, de que te enojaste…

—Porque sos un sorete, me decís esas cosas… Qué? Sos perfecto vos?

—Nop, yo tengo mal aliento…

r.canapé

espejito espejito

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You, todo depende de VOS

tODO pende de you, y a muchas veces me incluyo

O sea, yo necesito de tu tiempo, lo sabés, tan lo sabés que me esquivás como un bb NEne

voluntad nene, voluntad, time is the answer too all the questions

ES la única manera sabés ?, de que lo nuestro se termine de una vez por todaS

¿contradictorio no? Como vos, como yo, como YOU

ya te lo dije, siempre te lo digo: por eso yOu

desde un Principio fue así     aunque a veces quieras dar vueltas las cosas

¿te acordás lo que te dije hace unos minutos?

No mentía, no mentía, por supuesto que no.

ahora, no sé cuánto habrá pasado desde las palabras reunidas entre mi voz y EStE papel: poray años de recorrido con unas monedas y la cabeza rota

Yo maybe esté para curarte si t animás SI sabés buscarme, o en tu lecho de muerte llegues a pensar en mí antes de suspirar convencido que todo, siempre, es fué tu responsabilidad , aunque tires cuerdas para amarrarle los pies a cualquier desprevenido

No soy única, pero p/ vos SOY una sola de cada una… (3 puntitos como t gusta a you)

Si NO sería más aburrido que discutir por enésima vez si fósforos o cigarrillos.

T digo, ahora q volviste, que tE extrañaba, así que buscáme

pero no por mucho rato, (ya está por terminar esto), y mejor tomarse el tiempo justo para ponerle el moño, monito MÍO

te dibujaría una flor, pero capaz la rompés marchitás con esa cabeza de regadera q tenés

beso. Vi.

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talking to my songbird

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Si la imagen hubiera tenido el mar de fondo, la brisa matinal despeinándola, unas cortinas blancas de esas livianitas como de tiendas persas o griegas; no sé. Si hubiera estado todo regado de plantas reverdecidas por la primavera en su apogeo, y el canto de los pájaros yendo y viniendo sin agobiar. Y además, si la secuencia hubiese estado teñida de ese brillo nebuloso que les ponen a las fotos de los famosos viejos para que no se les noten las arrugas, y hasta hubiera tenido un epígrafe debajo con alguna frase boluda que pretende ser inteligente. Si todo eso, y hasta un grupete musicalizando el momento; la verdad no sé. Mejor dicho, sí sé.

Digo, si todo eso hubiera estado en ese momento mágico, seguramente se arruinaba algo tan maravilloso, tan que no me olvido más, tan sublime que hasta contarlo de pronto hace que se diluya un poco y hasta me dé miedo compartirlo y que se me lo lleven del alma, me lo quiten, me lo priven incluso de los sueños.
Era de mañana. Por suerte no habíamos encendido el televisor. Teníamos esa tranquilidad de feriado que no te apura, se notaba en nuestros ánimos. Café con leche y tostadas. No hablábamos de nada inteligente, ni de autores, ni de cine.

Todo bien normal, hasta que ocurrió.

Virna eructó.

Eructó y me proyectó el café con leche justo a la cara.

Me eché para atrás. Ella se puso coloradada y empezó a reír. Nunca había eructado delante mío. Me la quedé mirando sorprendido. No lo podía creer.

La observé un rato. Ella no podía parar de reír. Dios, increíble.

Antes que me pidiera perdón se lo dije. Para mí era una revelación. Poray era una estupidez, pero sentí que era la manera de no mostrarme ofendido.

–No lo puedo creer… lo acabo de descubrir… –le dije–. Hay ojos que saben sonreír.

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r.canapé