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excusa (r.canapé returning to an empty place)
soy roberto canapé. esto es como mi cabeza. virna está a veces, otras no, otras se va, otras vuelve. a veces el que se va soy yo y viajo, y capaz vuelvo. hasta que un día nos desencontramos.
así estoy hoy, con mi virna intermitente, parpadeando en mi cabeza. fotos de ella me sonríen o se burlan, depende el día. es así, ella es muy como yo y al revés tmb. un amigo lo dijo hace muchos años: los dos sentimos lo mismo.
si alguno de uds reconoce a virna, no dude en mandarle un beso de parte de roberto canapé. y porfa que se pase por acá un día, así la abrazo aunque sea.

(conociendo a virna V) the origin of love

Esperaba a alguien. Se la notaba un tanto nerviosa, como que hacía buen rato que aguardaba. La boca mordida de rabia, los ojos entrecerrados. Ufff, las bolsitas que se le hacían debajo de los ojos entrecerrados, me volvieron loco apenas la vi.

No recuerdo el nombre del restorán donde estaba. Siempre me pasa, los asocio más con la especialidad de la casa que con el nombre. Mis amigos lo mismo, los lugares no tiene nombre, se llaman El Matambrito, Los Napolitanos, nos encontramos en El Escalope, vamos a Bomba de Papa.

De todos modos me acuerdo perfectamente de dónde quedaba el lugar. Yo estaba enfrente, fumando bajo un techito porque llovía. La vi desde allí, parecía un maniquí, en la vidriera. Estilizada, bonita. Todavía más con esos ojos que se cierran desde abajo. Ojos morochos tan negros como su pelo. Piel blanca. Labios rojos de bronca. Piernas grandes. Las mostraba coronadas por una minifalda, aunque lloviera con frío. Seguro esperaba un novio nuevo o un chongo, porque las minas no se producen tanto para un novio gastado.

Ahí estaba toda ella, en la pantalla grande, esperando dentro del restaurante. Tendría doble bronca de que el clima la obligara a esperar en el lugar, rodeada por la cara de orto de las meseras y el baboso del cajero, aparte de los pibes del delivery o los clientes que le miraban el culo al pasar. Nadie desea esperar dentro de un lugar, es preferible apoyarse en el vidrio, o esperar bajo un techito como era mi caso.

Me causaban mucha gracia sus cambios de postura, o cómo consultaba el reloj cada un minuto. Si uno tiene que esperar y ni siquiera está fumando, un minuto puede padecerse como quince, es fija. Ya estaba nerviosa, refunfuñando, puteando por lo bajo. L a salpicaban promos de almuerzos y desayunos. Que napo con fritas ó grillé con papas noiset. Café con leche y 2 medialunas estaban a la altura de la cintura. Por la boca, más o menos, tenía la frase todos los menús incluyen bebida y postre.

Yo leía perfectamente desde donde estaba, pero así y todo me crucé de vereda haciéndome el boludo. Me dije que mientras también esperaba (a mi amigo), bien podía apreciar a una mujer tan bella más de cerca. Crucé y me hice el concentrado en leer los menús que pintaban el vidrio. Le atravesé la mirada algunas veces; en todas me rechazó con un latigazo, casi siempre al reloj que sólo se limitaba a reafirmar lo estúpida que se sentía.

Decidí respetar al destino y darle chance a que mi amigo apareciera. Tenía ganas de meterme de una y encararla, pero me excusé tras los códigos de amistad (y mi cobardía, capaz). Ella parecía a punto de irse, y yo que no aprovechaba la oportunidad de reemplazar al imbécil que la dejara plantada.

Por suerte la balanza de las circunstancias se volcó a mi favor, y casi con el pitazo final vibró mi celular. Aleluya!, comprobé que mi amigo me entregaba el faltazo en bandeja. Me dejaba servido el manjar de la oportunidad, el penal de la victoria. Me abría la puerta al camino de la gloria.

No perdí tiempo. Entré a buscarla, invitarla a apaciguar el malestar por el desplante. Cómo era posible que alguien plantara a semejante hermosura? No me entraba en la cabeza. Igual no tuve intención de decírselo así, porque hubiera sido agrandarla; y eso en una mujer es como meter pan en el agua: se hincha, y cuando lo querés agarrar se te deshace todo y lo perdiste.

Entré, caminé decidido a su encuentro, y le hablé de una.

–Disculpame, hola… mirá, te vengo viendo desde hace un rato, y veo que estás esperando a alguien que no llega… y me pareció injusto… te importaría… –usé esa palabra que usan los yanquis en las pelis y siempre les trae suerte–, almorzar conmigo?

–Perdoname, pero no te conozco… –Contestó, endureciendo apenas el rostro.

–Ahhh… eso puede arreglarse… –saqué la billetera y le entregué mi cédula–. Ahí está… ese soy yo, un gusto…

–Jaja… –Se le cerraron aún más los ojos. Dios, casi muero ahí mismo–. Muy original, pero no… –Torció la
cabeza, como cuando les da lástima un perro vagabundo o una paloma herida–. Sabés qué?, podrías escribirlo… y ponerle un final más feliz no?…

Me lo dijo tan dulce que no pude sentirme forreado. Me quedé mirándola, imaginando una vida con ella y que me mandara a la mierda en ese tono; y que linda la vida al lado de una mujer que hasta puede cagarte con otro delante tuyo y decírtelo así tan dulce, no?

Le sonreí y no dije palabra. Lo suyo había sido brutalmente más original que mi frase de manual. Quedé hasta contento por la sutileza con que me había descartado.
Pegué la media vuelta. Ya está, iba a comprarme algún sándwich por ahí. Qué más podía hacer?

–Roberto… –Me llamó, pero no alcancé a escucharla.

–Roberto… –Insistió. Esta vez acercándose, y tirándome apenas de la campera.

Frené y me volví sorprendido.

–Esperá… sabés qué?… mejor, no me gustaría almorzar sola…

r.canapé

yo es siempre tu

–Viste que las parejas de buen tiempo siempre tienen apodos íntimos?… es muy loco… a veces te das cuenta si se llevan bien porque tienen apodos entre ellos, o como el orto cuando se hablan por el de pila … o si los apodos son medio cabrones, viste?… como cuando a tu mujer le decís gorda, pero, según dónde enfatices, le estás metiendo cariño o la estás despreciando… Cómo será que nacen los apodos?…

–Mmmm, ni idea… nunca puse apodos…

–En serio?… y a mí cómo me vas a decir?… Virna nomás?… así de fácil?

–Si, claro… sos Virna no?

–Si, pero me gustaría que me llamaras por un apodo… algo entre nosotros, que otros no me llamen así, sólo vos…

–Mmm, alguien te llama por apodo a vos?… es tan lindo tu nombre que no necesita apodo…

–Vaaaaaaaa, lo decís para zafarte…

–En serio, tu nombre es bastante exclusivo… tons no necesita de un apodo… en cambio Roberto…

–Jaja, Roberto es un lindo nombre…

–No jodamos… Roberto es un nombre más fácil que la mierda… es como llamarse María… no sé por qué los padres insisten en poner esos nombres repetidos…

–Bueeeeeno, tenés tu apellido… es bastante particular…

–Ja, Canapé… sí, claro, para la gastada… de pendejo, en los cumpleaños de quince, mis amigos me decían que me tenía que ir cuando servían la cena, porque ya había pasado la hora de los canapés… me forreaban mal, con eso siempre, y otras boludeces…

–Ja, para mí es un apellido muy dulce…

–Claro, si…

–En serio lo digo… para mí Roberto Canapé es mi plato principal…

–Jaja… qué linda que sos… pero no me emociona que me digas Canapé, te digo…

–Naaaa… igual yo creo que te voy a decir You… hasta poray me lo podés decir vos también a mi…

–You?

–You…

–Y eso?… You de you?… inglésico o castellánico?

–Ja!.. del que vos quieras… según el día… no importa… de los dos… del inglésico sos vos, del castellánico soy yo… somos vos y yo, una mezcla de los dos, todo el tiempo… dos en uno…

-Che You, existen esas palabras?… inglésico y castellánico?…

-Si, no sé, creo que no… pero vos querías apodos íntimos, y you te doy palabras…

r.canapé

imaginaria optimística

Observé la pared enfrentada con la ventana. La luz de la media tarde formaba el rectángulo de siempre. Ahí iba a estar el cuadro que pensaba pintar yo, con un surco en la pared a modo de carril, para ir cambiando la posición según entrara la luz del sol. Hasta había imaginado que los motivos cambiaran de acuerdo a la estación del año. Podía verlo, ahí colgado.


–Es grasa… –dijo Virna–. Cagás todo el comedor con una boludez así…

–Vos decís?… va a quedar buenísimo… vas a ver cuando lo haga…

–Te lo tiro a la mierda… y ni se te ocurra romper la pared…

–Vaaaaa… andá… va a quedar buenísimo, vas a ver…

–Ok, dale, hacelo… y antes de colgarlo hablamos… igual no lo vas a hacer, como siempre que flasheás esas boludeces y nunca las hacés…

–Vas a ver que sí, que lo hago y te gusta…

–Ok, hacelo… y preparate para q te lo tire a la mierda si no me gusta… igual no lo vas a hacer…

–Bue, hagamos esto: si lo hago te bancás que lo cuelgue al menos un año, dale?… Cosa de ver todos los motivos: un ciclo anual…

–Dale, hacelo… pero hacelo rápido y no quiero q me dejes las pelotudeces a la mitad por toda la casa que es chiquita y siempre está lleno de porquerías tuyas…

Por esa época desarrollé un talento formidable: imaginaba la casa con todas mis obras de arte colgadas por ahí, ostentosas en los rincones, brillantes adornando la pared. Mi casa era la casa de ella y, además, otra casa que yo imaginaba cuando divagaba, matizando nuestro hogar con mis delirios artísticos.

Lo malo era que la casa tenía poca gracia los días en que mi ánimo estaba por el suelo. Pero lo bueno era que las obras de arte mutaban según pasaban los días, y Virna no se enojaba por ello. Me había convertido en todo un artista, y aunque a ella no le agradaran mis ideas, podía plasmarlas sin molestarla. En mi imaginación, claro.

El cuadro se esfumó en un descuido. Cayó al piso y se desarmó en mil pedazos, lentamente se dobló sobre sí misma la pintura de un árbol onda Jack Johnson, medio seco, medio floreciendo porque arrancaba la primavera. Los colores desaparecieron por las estocadas de una escoba imaginaria, dirigida por los reclamos de Virna.

Claro, si nunca llegaste a pensar siquiera en cómo hacerlo, la oí sermonearme con su voz de te lo dije.

El sol se escondió tras las nubes y sus rayos ya no entraron tan briosos por la ventana, sólo una luz tenue. La pared quedó en blanco apagado, así como mis ideas, mis anhelos, mis obras de arte que amainaban la casa y los recuerdos.

Ahora estaba dentro de esta caja vacía y blanca. Y encima ni una Virna real para echarme en cara, viste que no lo ibas a hacer?, yo te dije…

Me senté en el piso, temiendo que las sillas o la mesa también fueran imaginarias. Tal vez yo estaba envuelto en este mundo de recuerdos locos, entremezclados en una suerte de baldío real y onírico a la vez, cruzándose las líneas temporales entre tormentosas expectativas.

Me dije si no hay Virna, tons tendré que imaginarla. Poray sí, si responde a mis ideas me permita mejorarla y recrearla con una imagen más optimística.

–Mirá Virna, juntá esas monedas de ahí de la mesa, que no las usé al final, decidí ir caminando… además, el bondi ahora cuesta uno veinticinco… sabías?

Virna me miró y se arrodilló frente a mí. Dios, sus pezones acariciaban la remera como timbres.

–You, me importa un choto cómo te hayas ido… el problema tuyo es que siempre estás volviendo…

Se acercó y me dio un beso, delicado, detallista. Breve como una flor de cactus.

A continuación abrió bien grande la boca y me mordió la nariz. Un dolor intenso y caliente me cubrió el rostro.

No necesitó decirme nada más. Para que sepa que así yo me la imaginara, ella, mi Virna, siempre iba a hacer lo que quería. Porque es Virna.

Porque una cosa es imaginarte tu mundo, como se te cante, de colores o sin motivos; pero otra, muy distinta mi sanganito, es que quieras imaginarte el mío.

r.canapé

nudos que no son mariposas

Hay un nudo en el estómago que se ajusta y se vuelve de esos que, uno sabe de antemano, no será fácil desanudar. A veces creemos que se trata de un nudo que jamás se desatará, y que quizá termine sirviendo ipara ayudarnos a subir por una soga. Pero también, otras veces, sirve para evitarte bajar.

Cuando aparece uno de éstos nudos, algo anuncia. Dicen que las mujeres tienen un sexto sentido, y que perciben si algo aqueja a sus hijos, o que les revolotean mariposas en la panza cuando se enamoran, o no sé cuántas más cosas porque no soy mujer. En nuestro caso, el sexto sentido parece ser que es ese nudo en el estómago, dónde más? Podría haber sido en las bolas, pero sentir algo ahí nos confundiría con otras urgencias. La naturaleza es sabia.

Virna estaba de costado, dándome la espalda. Esa forma de la cadera descansada me excitó, tuve que frenar el impulso de volver a acostarme y amarla de arrebato. Por dos motivos, uno insignificante: debía llegar temprano al trabajo; el otro, más importante: la indignación de que Virna me niegue aún dormida; sería el colmo de la ninguneada para un macho con ansias de reproducción como yo.

El nudo apareció cuando le di el beso de despedida. Ella, medio dormida, torció la boca sólo para deshacerse de mí. Y ahí el nudo, una breve explosión que a veces se confunde con un pedo. Terminó de ajustarse cuando, cerrando la puerta de calle, me di cuenta que la única manera de alcanzar el bondi era corriendo.

No es fácil determinar el origen de un nudo de esta naturaleza. A mi intrincada cabeza suele costarle encontrar la punta del ovillo que disparó la certeza de que algo complicado va a pasar. Puedo pasar el día alerta en el trabajo, deseando que el quilombo esté ahí; pero sabiendo que la bomba me está esperando en otro lado. En el inconsciente siempre lo supe, pero el instinto conservador nos hace engañarnos a nosotros mismos sobre estas cuestiones.

Lo bueno de un nudo es que anuncia una hecatombe, y en general esas explosiones se dan de una, sin preámbulos. Esperan cautelosas, y están tan celosas que al mínimo chispazo te vuelan los pelos. Esta no fue la excepción.

Llegué del laburo y me rasqué un rato frente a la tele. Virna no estaba. Más tarde llegó, apoyando lo que traía de una manera decidida, pude sentirlo. El beso en la mejilla, esquivando el mío a la boca, terminó de convencerme que era cuestión de esperar. De última, como mucho, yo sólo necesitaba inventar algo, hacer algo, decir algo, para que ella tuviera la justificación para detonar.

–Hola mi amor… –pensé en decirle: porqué beso en la mejilla?, pero me entusiasmó más la idea de reventarle los sesos y acelerar el proceso. Ya no aguantaba este faquin nudo estomacal que no me había dejado comer en todo el día–. Ya compraste algo para comer? Porque me llamaron los pibes y ensayan hoy, y yo… –le dije, como quien no quiere la cosa.

(PUM)

–Boludo, me estás jodiendo?

–Por?

–Cómo por?… Qué soy yo, tu sirvienta?

–Porqué decís eso?

–No termino de llegar y me salís con que si compré para comer… y si compré es al pedo, porque te vas con los pelotudos al ensayo, a pelotudear…

–Eeeepa… bue, poray sí sos mi sirvienta nomás, si me acabás de dar un beso en el cachete… –tiré todo el alcohol al fuego.

(silencio, Virna tragando saliva)

–Sabés qué? Te vas a la mierda… TE VAS A LA MIERDA!!! –gritó, y entramos en la carretera del nudo, lo pude sentir, parecen unidos el nudo y el quilombo, se sienten, se atraen, instinto paternal, no había vuelta atrás.

–Cómo?

–Que no te aguanto más… que te vayas a la mierda… que me cansé… que sos un pelotudo… sabés?

–Claro, y desde cuándo estás cansada?

–Ahora me cansaste…

–Buá… ok, de golpe sos así de impulsiva… la concha de tu madre… –me calenté yo.

–No, la verdad que no… estoy hinchada los huevos desde hace rato, sabés?

–No, no sabía… ahora me lo estoy desayundo… y son la siete y media de la tarde…

–Ves? Siempre con tu pelotudeo… te pensás que es chiste siempre?

–Nop, pero qué querés que te diga?… Querés que te aplauda?… Querés que te pregunte qué te pasa, para decirme que nada, son ideas tuyas?

–Sos un pajero…

–Ok, hablá boludita… ya fue… hablá…

–Que hable de qué?

–Vaaaaaaaaa, va… ya me hiciste calentar, así que decí lo que tengas que decir y a la puta que lo parió…

–Ahora sos vos el caliente?

–Tas loca de la cabeza nena… estoy caliente porque te hacés la caliente, y después esquivás el bulto… largá la batata y a la mierda…

–No tengo nada para decirte…

–Bue, me voy…

–Ok, sí tengo… –y arrancó, acá me cantó las cuarenta y yo fui el comodín de todos los bardos, y todas las dudas y las certezas–. Ya fue You… no podemos seguir así… –bla bla bla, el argumento habitual que le sigue al no podemos seguir así. Bla bla bla un rato más–. En fin, todo depende de vos You… –Todo depende de vos You, caso cerrado. Pero no–. Si me dedicaras el tiempo suficiente, dentro de un tiempo verías que me terminás olvidando… siempre es así… no te preocupes porque nos separemos hoy, mañana cerrás el capítulo y listo, chau Virna… –Terminó de monologar, con un cambio de aire final hacia ese tono comprensivo e insoportable que tienen los psicólogos y los curas.

–Por qué creés que quiero deshacerme de vos?… No disfrutamos estar juntos acaso?… Porqué vos te querés deshacerse de mí?… –Le pregunté, algo desorientado.

–Vos no lo ves, pero estás cansado de mí… ya no es lo mismo… si fuera por mí estaría toda la vida con vos… y de hecho lo voy a hacer… pero vos…

–Yo qué?

–Vos no, vos te vas a ir, vos no vas a estar siempre… y lo entiendo… y fijate que no estoy enojada con vos al final… estoy enojada con esto de que nos cabriemos porque no podamos tener en claro las cosas… pero en fin, por nuestro bien, debemos llegar a separarnos algún día…

–Y Ese día es hoy(?)…

–Tal vez, yo creo que no, que falta algo más entre nosotros… pero sí es necesaria la distancia…

–Ufff, siempre es el mismo chiste: necesito un tiempo

–Claramente… pero el que necesita un tiempo sos vos… –lágrimas en los ojos-. Podemos tomar distancia cuantas veces necesitemos, pero igual tenemos que transitar juntos el final del camino… solo así un día estaré completa, y vos vas a poder estar con otras sin la culpa de haberme abandonado como siempre te pasa… –Me dejó en cambio. Si hasta se permitió perdonar mis deslices!!! Eso me escandalizó, y ella ni siquiera esbozó un reclamo–. Yo sé que siempre me vas a amar y no te vas a olvidar de mí, pero esto es necesario… ojo, siempre seré tuya aunque no volvamos a vernos… siempre voy a estar esperando, aunque seas vos el que me busque todo el tiempo… es lo que nos toca a cada uno, yo te esperaré pero no puedo buscarte… vos, todo lo contrario… –No supe discernir si lo que me decía estaba bueno o malo.

–Andate por ahí a buscar a otras… –continuó–. Intentá con otras, que no sean iguales a mí, que sean malvadas, locas… o no, porque poray yo soy malvada y loca… está con ellas y disfrutá… te voy a estar esperando cuando sea el momento justo… es la única manera de estar completos y de terminar esto tan hermoso que tenemos…

Quedé atónito. El nudo ahora era una piedra. Los tipos duros no bailan, pero lagrimean, sí señor. Me corría la sal por el lomo. Y lo peor es que ella tenía razón. Claro que sí. Sentía esa cosa de sacarme un enorme peso de encima, una presión tremenda de la nuca; que podía abrir la boca y respirar llenando doblemente mis pulmones. Sentía que el sol estaba saliendo allá afuera y no la luna. O los dos, quién sabe. El nudo-piedra seguía en mi estómago, y era del tamaño de la ansiedad por volver a verla ahora que la perdía (como pensar en el segundo cigarro cuando estás fumando el primero). Un agujero donde ella, y solo ella, podría ocupar el vacío.

Me alegró esa distancia precipitada que nos despegaba, pero me alarmaba esa incertidumbre de no saber si besaría esos labios otra vez, después de esta última que quedaba. Quedaba una última después de todo lo dicho? Quise recordar el último beso antes de esta tormenta. Había sido aquél descuidado por la mañana?. Maldije no haber aprovechado cada uno de ellos como si fuera el último. Siempre nos maldecimos por esas cosas, es la estupidez de los que sobreviven en un funeral. Qué iba a hacer ahora? Un gran signo de pregunta me alentaba y el nudo-piedra que iba a estar allí hasta que volviéramos a encontrarnos. Si algún día yo era capaz de encontrarla.

Me acerqué y marqué el momento con ese beso que necesitábamos llevarnos. Porque sí, porque lo merecíamos después de todo, y aunque todo, y sobre todo. Y porque para viajar, uno tiene que tener algún boleto de ida y vuelta.

Cuando nos separó la angustia, pudimos ver que la tierra se abría bajo nuestros pies. Un abismo. Todo dicho.

Rodeé la mesa y advertí sobre ella las monedas de un vuelto que hacía un rato yo mismo había tirado, tan desinteresadas por la escena. Brillaban gastadas, como el beso que se me iba apagando dentro. Fueron el último destello antes de mi partida.

Caminando bajo luces raras de una ciudad que me resultaba extraña (no hay cliché más acertado para explicar mis sentimientos), pensé en todo lo que había dicho Virna. Y la extrañé con la garganta y los dientes, y la sangre y la carne, y con todo lo que no se puede tocar.

Y me esforcé por imaginar una despedida más poética, sin tanta explicación de por medio, como a ella le hubiera gustado. Tirándome unas monedas para el viaje, en lugar de este beso, que vamos a ver cuánto me dura hasta pedirme la vuelta.

r.canapé

esquela de calles vacías

Virna por dónde andas?
Es domingo por la mañana (casi mediodía)
Y la luz entrando por la ventana
insiste en buscarte
…y no te encuentra

Sabés? Desde que no te veo,
apenas nace el domingo
ya está muriendo como si fuera la tarde…

Ya sé, no debería andar haciéndome el poeta
Si por esa ausencia
me mandaste a huir…
Será un afortunado exorcismo?
Quiero que no, porque eso diría
que ya no te necesito…



r.canapé