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extraños montescos y otros capuletos

En qué vuelta se recuesta el perro?

(texto publicado en la revista Arrecifes Sapiens de Julio 2011, en la sección “Lugares Comunes”)

Está comprobado que cada poblado del interior tiene su vuelta del perro. Y que los fines de semana, especialmente por la tardecita, son el momento ideal para salir a la calle a girar como todo el mundo. No hay resaca que la impida. No hay castigo más grande que el prohibirla.

Siempre atraviesa una o varias plazas principales, y suele correr más que nada por las calles y avenidas populosas. Si la vuelta incluye río, mejor; aunque sea invierno. Es el recorrido obligado si querés hacerte conocer en un pueblo. La vidriera de presentación para los forasteros, y el medidor de popularidad de los lugareños. Es la comprobación semanal de que estamos todos bien, y la presentación oficial en sociedad de los nuevos. Es el refresh de los comentarios acerca de Arastasidis o Wanchipersis.

En la vuelta del perro necesitás tener un vehículo, y alguien que te mire sentado en una vereda o caminando. Ambos actores son imprescindibles. También que se conozcan, o que alguno te conozca, o que el amigo del amigo del que te ve te conozca. En definitiva, es importante que alguno de los que te vean pueda hablar de vos. Es un escaparate ambulante, un gigantesco spiedo.

No concibo sábado o domingo sin vuelta del perro esperando a ser recorrida, al menos una vez. Qué haríamos un domingo sin vuelta del perro? Por más fútbol para todos que haya, no hay manera de romper con la tradición. Puede que exista el día de NO vuelta del perro, pero no faltará nunca el nostálgico que estará dando vueltas solo, en una Zanella, para ver qué (H)onda, si poray está ella, si él me mira, si sabrá quién soy…
Nadie puede negarse a la tentación de dar la vuelta a 10 kilómetros por hora. Por más que a muchos nos fastidie. Sabemos y reconocemos que en un momento nos sirvió y no podemos renegar de eso. Es como haberte levantado a una minita bailando cumbia y después hacerte el rockero anti tropical. No hay quien no tenga alguna anécdota dando la vuelta del perro. Es más nuestra que tu vieja.

Sin repetir y sin googlear, me pregunto: Le decimos vuelta del perro porque no se sabe cuándo será la última vuelta? O será porque el perro siempre da las vueltas sobre el mismo lugar? O tendrá que ver con alguna ruta común de paseo de los perros? Dudas que me aparecen como ronchas, mientras me rasco las pulgas.
Acá menciono, para cerrar, algunas cosas a tener en cuenta si sos porteño y de golpe te encontraste metido en una caravana de coches que dan vueltas como calesita y no van a ningún lado, sin apuro, sin lógica:

Formas de dar la vuelta del perro.

  • Básica: girando sobre vos mismo.
  • Básica doble: caminando sobre tus piernas alrededor de dos (2) cuadras como mínimo.
  • Canina Simple: Agarrar un perro y darlo vuelta patas para arriba.
  • Canina Doble: Si corrés riesgo de que el perro te muerda por darlo vueltas a lo Canina Simple, podés ponerle una correa y llevarlo de paseo por las veredas de la vuelta. Está comprobado que garpa muchísimo para llamar la atención de los demás, es como un bonus.
  • Rodante: en bici, patineta, monopatín, etc. Hay que ser osado y tenerla bastante clara para no hacer el ridículo. Suma puntos que hagas piruetas y boludeces como andar sin manos, saltar cordones, etc. Pero ojo!, hay que tener los huevos bien puestos por si sufrís un accidente bochornoso: serás el hazmerreír de muchos por muchos años. Eso sí, nadie se olvidará de vos, ni de la anécdota.
  • Motorizada Simple: En moto, ciclomotor, etc. Cuidate de evitar peinados con gel, por el viento. También hay que tener expreso conocimiento del horóscopo del tiempo para evitar el efecto adverso de piel-de-gallina por mostrar los musculitos.
  • Motorizada Doble: En auto, cuatriciclo, karting, etc. Lo más importante es bajar los vidrios si se tiene polarizado oscuro (importante tener el codo asomando); tocar bocina sin que te vean la cara le quita absoluto sentido a la vuelta. El polarizado suele ser popular entre los tímidos voyeurs que lo utilizan para resguardar su identidad y poder ver a quien les gusta. Si tenés un buen estéreo tenés que ir escuchando la radio de moda a todo volumen.

Detalles infalibles.

  • Cabecear siempre, como saludando a alguien, aunque no exista ese alguien. Hay un mito que dice que cuanto más cabeceás durante la vuelta del perro, más ascienden tus posibilidades de ser concejal, incluso hasta intendente.
  • Tener la sonrisa dibujada, como un campeón.
  • Las gafas son útiles pero no hay que abusar, cada tanto descubrir los ojos. Es cheto apoyártelas sobre el pelo, en la mollera.
  • Si no tenés nada que decir, cada tanto pegale un grito a algún amigo que sea hincha de otro equipo.

Advertencias.

  • Es importante llamar la atención siempre. Pero tiene que ser con mesura para no quedar como un pelotudo que quiere llamar la atención. Ahí está el truco, saber encontrar el equilibrio.
  • Si osás cambiar el trayecto de la vuelta del perro de tu ciudad, debes tener la suficiente popularidad como para salir airoso. De lo contrario corrés riesgo de ser devorado por las fauces del olvido.

En mi Arrecifes, como en todos lados, cambian las tendencias. Que llenamos una cuadra, que vamos a la plaza, a esta avenida o aquella calle. Sin embargo, la vuelta del perro sigue siendo la misma para cada generación. Si eventualmente cambió su trayecto, seguramente al menos en una de las vueltas iremos por esas cuadras que gastábamos de adolescentes. Porque la nostalgia te llama, es un deber sostener TU propia vuelta del perro, la de tus contemporáneos. Las demás eran o fueron luego, pero la propia ES.

ES como el kiosquito en el que parábamos y jugábamos pool. O como la heladería, o el banco de la plaza que nos pertenecía. La postura en que nos sentábamos. La moto que nos llevaba. Cada adolescente del interior lleva tatuada por el resto de su vida la vuelta del perro de su época, y no hay manera de renegar de ella, ni de arrancarla de la memoria. Porque cada esquina, cada baldosa de esa vuelta, tiene una historia, una foto, un grupito habitué, un amor. Porque al llegar, después de mucho tiempo a tu ciudad, amerita una vuelta del perro para el reencuentro. Porque es así: no sabemos cuándo volvemos, ni cuando paramos, así que demos vueltas mientras podamos.

free as a friday

hermano, te estás hundiendo en tu propia mierda che… no sé si te va a hacer bien leer el libro de bukowski…

Las cosas que hice ayer me resultan tan distantes
que siento que ha pasado mucho tiempo entre ellas y yo…
No sé si es la intensidad de la vida
o las revoluciones de mi cabeza
rellenando los huecos con una densidad bruta
que me aleja de los recuerdos…
(Se me hace imposible pararla)

Egú dice:
Tenemos la memoria repleta de recuerdos, pero recuerdos cortos, fugaces. Para mí lo del puente fueron minutos, te puedo relatar esos 3 meses de agonía en unos pocos segundos. Todo está comprimido. Para mí que le pasaron el Winzip a nuestras vidas, para que ocupen menos espacio, y así vivimos todo, todo comprimido.

estamos metidos en una rueda bastante violenta… salís del laburo a las 18 y cuando llegás a tu casa ya es hora de los noticieros que te alarman de todo lo que había a tu alrededor cuando estabas en la calle… mirás dos fotos en facebook y ya es hora de cenar… mirás un rato de una serie y cuando te diste cuenta estás viendo la que le sigue, y las historias se te mezclan en la cabeza… pensás en cosas, las querés escribir, y cuando vas en el bondi te das cuenta que en realidad soñaste que las estabas escribiendo, y cuando hacés el intento salen puras frases de nada… se te van las ideas como rebotando, pican en la cabeza y desaparecen en la oscuridad… te acelerás, querés soltar en una hoja en blanco todo esto que tenés abarrotado en la cabeza, pegás manotazos intentando pescar lo más importante, antes que toque el pitazo final y tu minuto para ganar haya expirado porque te llega un correo pidiendo que mires un casito de mierda pero que, ya está, ya reclamó la atención por la que te pagan, y el mundo decidió que seguirá girando con vos arriba o abajo, no importa… y te subís al mundo porque siempre está esa sensación de que esperar en el andén de la vida es aceptar la derrota… nunca te llaman la atención esos que no suben al tren porque está lleno? qué están esperando? qué saben ellos que vos no sabés? no sabés vos que detrás de tu tren cargado llegará otro más aliviado?… sí, lo sabés, pero sin embargo cuando las puertas te invitan a unirte a toda la gente que va en ESE tren, te agarra esa angustia de la velocidad, de llegar antes al final, de apresurarte a llegar a donde no querés llegar, de preguntarte porqué ellos arriba y vos abajo, de no soportar la espera… porque vivís en un estado de impaciencia contínua, y las únicas pausas que conocés son las que están llenas de publicidad, y estás convencido que quieren dominarte para que consumas sus productos, que igual consumís porque la ansiedad deja tanto vacío que la única manera de llenarlo es con paladas de cosas y promesas que son afiches, que son imágenes en tu cabeza llenando tu muro virtual y tus ganas recubiertas de ropajes invisibles como los de ese rey absurdo…

yo que sé, el otro día Diegote me decía algo parecido, que él no administraba bien su tiempo libre, que nada lo conmovía…

creo que es un síndrome de nuestros tiempos… estamos tan al palo con el pelotudeo que de golpe todo es superficial… no hay nada que se disfrute profundamente porque no se utilizan los sentidos sobre nada… o sea, todo es tener y descartar… es tan fácil tener algo ahora, que la emoción de tenerlo dura un instante y después pasa a ser mesita de luz, a ser algo más que acompañe al CV social de las personas… no hay nada que se meta en las tripas y te sacuda los pelos desde adentro… no lo hay o no lo vemos?

se me hace que tapamos todo con un colchón de cansancio y dinero… la condena del rico… no somos ricos, pero nada te falta y eso simula esa vida del no esfuerzo… porque si bien trabajamos, no lo hacemos más que antes… así que casi no cuenta ese esfuerzo… es una carrera que no te demanda más que seguir trotando, y el paisaje de pronto se vuelve tan pasivo que si te mirás los pies estás sobre una cinta de gimnasio… todo te pasa por al lado y es lo mismo… es lo mismo ver un culo en la calle que en internet… probaste con un roce? viste lo que pasa cuando estás expuesto a la piel de una mina por más de 20 segundos?… empezás a experimentar que estás despierto y vivo… te das cuenta que la profundidad está, pero uno la tiene tras de un velo…

creo que estamos llenos de palabras y colores, pero nada más… llenos… es como tomar gaseosa, estás lleno de gas, de nada… llenos de títulos y de cuentos… es más, hoy es prioridad tener anécdotas para contar, no haberlas vivido… tener fotos que mostrar, no haber estado cuando fueron sacadas… somos una carpeta de contenidos virtuales y ordenaditos… un muro de facebook, una pantalla esforzándose por tener el mejor protector de pantalla… y detrás no hay nada…

y si algo nos conmueve, seguramente es la intensidad del dolor, de la bronca, de la molestia, del fastidio… en ese sentido vamos siempre más allá… porqué?… será que la balanza siempre desequilibra para el lado de la angustia… quizá inconscientemente creamos que drenando mierda tendremos lugar para las ilusiones y la belleza, para disfrutar… pero no sé si es tan así… creo que deberíamos relajarnos y llorar con una peli, oír mortales una canción… tomar un vino en el medio del campo, sin pensar en el regreso… fumar un porro con algún amigo, y que sea un buen viaje de ida… pegar una pepa en una playa desértica… o sin sustancias quizás, en tu tajamar charlando con el río… leer sin pensar en las páginas que faltan para terminar el libro…

Los dueños del Taja

(texto publicado en la revista Arrecifes Sapiens de Abril 2011 en la sección «Lugares Comunes»)

De su historia sé algo por comentarios. Bien podría ser una muralla hecha para atajar el mar, o como dice la leyenda más firme: una construcción con la intención de retener el agua del río para hacerlo navegable. A lo largo del río Arrecifes, hasta su desembocadura, hay varios murallones como éste, aunque de menor tamaño. Parecen sembrados para convertirlo en una especie de canal de Panamá.

Se cuenta que el río bravo no aceptó que lo manipularan y embistió con crecidas tan grandes que inundaron ciudades; lo que obligó a dinamitar la orgullosa construcción*. Por la calles de Arrecifes todavía hay gente caminando que afirma haber escuchado la explosión que desparramó las tripas del Tajamar a lo ancho de la ribera.

Por mi parte a veces prefiero otras conjeturas más místicas. Me gusta imaginar al mismo Jesús construyéndolo en un arrebato por evocar sus años mozos jugando con ladrillitos, sufriendo la severa mirada de su padre y viendo como éste patea la construcción para que su hijo se dedique a lo que realmente debe hacer como hijo del supremo. Capaz el Señor se echó una soberbia meada y chau paredones.

Como haya sido, cuando sólo quedaron las ruinas parecidas a un gran tramallo abandonado y deshilachado, el pueblo olvidó y el monte lo hizo suyo.

Pero ¿qué decir? Estaba ahí esperando a que lo encontremos, como si fuera un Machu Pichu pampeano, una ciudad del Dorado, el paraíso de los parias. Se supo guardar a la vista de todos, como la foto de esos parientes que nadie quiere pero sin embargo están presentes. ¿Acaso será que el Taja hace quedar mal al río?

Esas rocas mutantes las conocí como el Tajamar, en alguna expedición fuera de los límites impuestos por los hasta ahí me dejan de mis padres.

Agradecí el amor a primera vista. Guarida intocable, inexpugnable. Lugar al que no iban a buscarte, del cual volvías si escuchabas los gritos desde la curva que nos separaba del Náutico. Porque ahí, entre esas piedras, no andaba cualquiera. Andaban los raros, los escondidos, nosotros que nos creíamos aventureros y al final nos hicimos raros. Será por él, a causa de él, gracias a él?

Mi vida y el río siempre fueron de la mano. Desde que caminaba al balneario, las dos cuadras que me parecían kilómetros, hasta hoy. Cuando descubrimos el Tajamar fue encontrar algo nuestro, más íntimo. Fue hallar el lugar en el mundo que sabés te va a estar esperando siempre. Como encontrar la caja de seguridad de mis futuros recuerdos.

Son incontables las veces que me tiré de la Olla. Temprano se impuso ante mí ese desafío y no supe esquivarlo. El frenesí de la caída libre, el agua esperando con su agresiva postura pero con brazos de seda para abrazarte en la gloria. Salir del agua y dar una bocanada de aire. Sentir que la fuerza pugna por quedarse con tu pantalón y sonreírse ante tu ridículo.

El Taja guarda secretos de madrugadas, amaneceres, ocasos, mates volcados y frentes lastimadas. Habla anécdotas de canoas partidas e intrépidos pescadores. Cuenta de saltos mortales a la Olla y piernas raspadas por los arrebatos de la fuerza. Se ufana de besos y abrazos, de polvos inolvidables y discusiones dolorosas, de osadías y adolescencias.

Abrumadores pensamientos nadando aguas torrentosas. Ideas aturdidas por el canto constante de las rocas y el río. Confesiones escupidas al agua, que danza creando esa espuma odiosa. Una solitaria botella de plástico, llevada de un lado a otro como si se fuera un ratón: el instinto felino de la corriente jugueteando con la basura que solemos escupirle.

Le tallé una cara un día, en la piedra rosada y permisiva que anima a la escultura. Tan solo una semana duró la obra y fue arrancada a la profundidad del olvido. El Taja no quiere tener cara, es miles de caras. El Taja es los parias, los putos, los drogones, los introvertidos, los solitarios, los negros, los grasas, los miserables que encuentran en esas piedras el sitio de paz interior. Es un refugio que no interpela.

Imaginé la invasión, cuando lo despellejaron en un intento por descubrir el brillante dentro del carbón. Contemplé el apocalipsis confirmado, con atónita tristeza. Y pensé en todos los que éramos tan habitué del lugar que ya nos sentíamos dueños. Maldije a los cielos, e invoqué nuevas meadas del Omnipresente para que barriera con la pueblada. Pero nada fue tan dramático como los pronósticos. Fueron pocos los que de verdad se le animaron al agua ruda, a entrar en el místico círculo de barrancas y piedras que se forma. Fueron sólo una vuelta del perro extendida, y la foto obligada como si el reflejo del sol en el agua fuera el Aconcagua. Es mucho más que eso, pero mejor no avivar giles.

El Taja es de esos lugares por los que uno desea hacerse cenizas a la muerte, y que te mezclen con él. Es de esos agujeros negros de la vida que te brindan energía. Es el primero que te enseña que se puede ser mejor después de que intentaron destruirte. Lugar que te hace sentir la presencia de aquellos que ya no ves tanto, y sin embargo él los guarda para vos. Te guarda los momentos. Te los susurra al oído. Te refresca la memoria con su murmullo imparable, incansable. Te convence de que no necesitás palabras. Como cuando te cruzás con alguien por la calle, de lejos, y lo mirás, y te mira, y ambos dicen con la mirada que , que nos vemos en el Taja.

 

 

*30 de Junio de 1922 – Fuente: http://tinyurl.com/6b8sh2k

No, yo más


Me dijo un amigo, padre de un amigo, que yo no me iba a sentir padre hasta pasados unos meses de nacido mi hijo. Que al principio el chico es de su madre, se entiende con ella, y casi no interactúa con uno más que para solucionar cuestiones escatológicas o cóleras espontáneas por estar en un mundo que le habla en otro idioma y al que no puede comprender del todo. El pibe está como drogadísimo todo el tiempo, eso es así.

El hijo de ese padre amigo, también padre y amigo, me había dicho lo mismo; agregando que no me sintiera un hijo de puta por eso, que al final de cuentas el amor llega y esos primeros días se desvanecen en una anécdota para padres primerizos, con palmada incluida.

Pero hay más, se agrega la presión de saber que por el resto de nuestra vida vamos a tener que competir en una lucha desigual contra la madre, por demostrar nuestro amor. Porque uno tratará de mostrar afecto a su hijo y pretenderá que él lo entienda así, y bla bla bla, pero la madre intentará demostrar que ama más a tu hijo que vos mismo, porque ella lo parió, ella lo sufrió, ella es como la dueña indiscutida. Cada discusión tendrá la balanza a su favor por el hecho de cargarlo unos meses en la barriga (que no es poco, para nada), y después darle teta hasta el cansancio y la deshidratación.

En fin, con mi mujer se dio una charla, el primer sábado que dejamos a nuestro hijo con sus abuelos, para salir.

Ella: ayyy, no veía la hora de venir…

Yo: por? estabas aburrida?…

Ella: no, pero extrañaba mucho a Simón…

Yo: si lo dejamos unas horas, él iba a estar bien… (hecho fáctico, teniendo en cuenta que ya estábamos de vuelta y el niño dormía a nuestro lado)

Ella: si, pero lo extrañaba… vos no?

Y ahí aparece la distancia entre mi amor y el de ella. El vos no? que nos condena. Porqué habría de extrañarlo tanto? Tanto como ella? Cuánto es su tanto, y cuán menos es el mío?

Me la quedé mirando, tratando de encontrar palabras a esta cuestión que si la dejo crecer será un grillete de hierro de por vida y no una simple piedrita en mi zapato de los primeros días.

Lo medité en el instante, y la conclusión fue que la madre sí extraña más. Y es porque desde que nace el hijo se está despidiendo de él. O sea, desde la gesta, el chico está con ella, primero es ella y luego está dentro de ella por alrededor de 6 meses. Pero cuando nace, empieza la separación, cortan el cordón y él se va con una enfermera. Después vuelve para mostrarle a mamá que está todo bien, que estará con ella porque estuvo dentro de ella y es el único ser sobre la tierra al que él reconoce instintivamente y primitivamente; y porque necesita la teta. Pero llega la caca y esta vez lo limpia el padre. El chico empieza a interactuar con el mundo. Y eso, aunque sea el padre, lo separa de la madre. Y así progresivamente, el chico irá desprendiéndose, liberándose, emancipándose de su madre. Y la madre extrañándolo cada vez más, despidiéndose de él; sufriendo cada minuto que el chico está alejado, y trasladando ese sufrimiento al tamaño de su amor. Cómo poder compararse con ese tamaño?

En cambio el padre, apenas nace el chico lo agarra como agarrando cualquier criatura (salvo la tranquilidad de que si se rompe, es propio). Hay amor, claramente, no somos tan salvajes. Pero debemos reconocer que el chico en nuestros brazos ahora viene a poner distancia entre la madre y nosotros, coartando para empezar nuestro instinto de reproducción, que vendría a ser de nuestros motores el que más gasolina necesita para andar. Para nosotros el bebé es un ser extraño al que empezamos a convivir, más que nada, por una vaga idealización de un sentimiento que aún no maduró realmente dentro nuestro. Con el chico tenemos nada más algunas patadas o piñas panza de por medio. Y una guerra declarada por el tiempo de la madre.

Así que tenemos a nuestro enemigo íntimo en brazos y tenemos que limpiarlo, y mordernos los dientes hasta que duelan los oídos por no tirarlo contra una pared cuando llora. Porque no lo entendemos, no estamos preparados animalmente para este tipo de situaciones.

Pero como pasa siempre, por aguantarse mutuamente, las personas terminan pareciéndose y siendo amigas. Y ahí empezás a encontrarte con tu hijo, a darte cuenta que no era tan malo después de todo. Empieza a mostrarte que te reconoce y que su mundo empieza a ser algo más que la teta de su madre. Y es en ese momento, en que el padre canta sus primeras victorias por sobre la madre, cuando comienza a nacer el auténtico amor por el hijo, porque se vuelve cómplice del robo de amor a la madre, porque te muestra que él vino al mundo para hacer lo que se le cante, y a un padre le encanta que su hijo se rebele especialmente con la única mujer que a uno lo vuelve loco y lo trata de manejar todo el tiempo.

Por eso, nosotros lo padres, estamos a la inversa de las madres. Nosotros no extrañamos a nuestros hijos tanto como ellas, porque nosotros nos estamos conociendo recién ahora con el ellos. No nos estamos despidiendo cada día un poquito más, no nos estamos despegando. Nosotros nos estamos encontrando, pegando, jugando cada día un poquito más.

Y sí, extraño mucho a mi hijo. No tanto como lo extraña la madre. Nunca será tanto como la madre, porque nunca me voy a encontrar tanto con él como lo hizo con ella al principio.

Aunque la verdad, mejor, porque si no nos mataríamos a palos. No sé cómo hacen las madres que se dejan ganar la libertad a manos de chiquitos con días de vida, mientras que uno para tenerlas un poco a tiro, pasó las de Caín.

(dedicado a mi familia de tres amores)

ruedas dentro de ruedas (sin respirar)

arden las imágenes en mi retina de viernes y sé que pasando el fin de semana habrá alivio pero también me pregunto si me alegra aprovechar dos días para desaprovecharlos desalojando los malos humores de mis sentires visuales y de los músculos que se van doblando más rápido que de a poco como esas ramas que se amoldan a los tutores o peor aún se van definiendo a sí mismas por el camino que pueden y así salen chingadas sufriendo la artrosis de la existencia por no meterle fuerza a sus empujes y correr el cuerpo o sacar del medio al que estorba entre la rama que es uno apenas creciendo con esas ganas de la juventud y el aire que está ahí pero lo que estorba actúa a modo de barrera diciéndonos que tiene la autoridad para marcarnos el rumbo o definirnos la manera de ser o desarrollarnos o la obligación de educarnos porque su existencia los puso en nuestro camino para contenernos y mostrarnos qué está bien y qué está mal porque hay leyes que respetar y nadie puede osar quebrar esas leyes que de ser pisoteadas pueden alterar la paz y el bien común de la sociedad donde vos y yo o él estamos para ser parte y contribuir a desarrollarla y mantenerla y protegerla y someternos al esfuerzo que sea necesario para que ella se fortalezca apoyada sobre nuestros hombros y espaldas que son el pilar de toda comunidad para que cuando nazca tu hijo tenga donde aprender a ser sometido y tenga también una brigada de padres tutores educadores que lo formen a la necesidad de la civilización que necesita de sangre nueva para continuar procreando la maquinaria de evolución y avance que bien no deja en claro hacia dónde pero sí deja en claro el desde dónde porque si mirás para atrás vas a ver lo que era antes la humanidad y lo que es hoy la humanidad que si lo pensamos bien es lo mismo pero hoy está llena de chiches que le facilitan algunas cosas y le imposibilitan otras o poray en realidad se las acercan o se las alejan para que uno crea que dejó de ser un esclavo como los de antes y se convenza que todo lo que hace lo hace por gusto y para mejorar la calidad de vida que de cálida a veces no tienen nada porque cada vez se va poniendo más fría y frívola y las relaciones son coladas por filtros digitales que le están quitando calentura hasta a la pornografía que antes te calentaba hasta una foto en una revista y ahora te preguntas porqué si está tan fácil ya no me emociona esa mina que antes me masturbaba la cabeza de un vistazo y te contestás que puede deberse a la cantidad y la respuesta es que cantidad quita la sed y empalaga y de golpe si te descuidás hasta el sexo va a ser sólo para reproducirse porque va a perder emoción y entonces ganará la depresión porque las cosas buenas de la vida se habrán relegado al orden natural y mínimo de la existencia y multiplicación y todos estaremos sometidos a la mediocre sensación del conformismo y primitivismo por ser parte de un orden superior como está pasando ahora en este momento en que estoy contento porque es viernes y aunque me arden los ojos de tanto trabajar toda la semana estoy feliz porque los sábados no trabajo como otra pobre gente y entonces yo voy a poder aprovechar para desaprovechar dos bonitos días en un merecido descanso que me reponga los humores en su sitio para volver con los ojos descansados el lunes y lúcido como una lechuga fresca para romper los récords de estupidez humana si puedo o por lo menos seguir intentándolo mientras también intento ponerle cara a ese orden superior que no sé si me sonríe como un gerente común y corriente o de verdad será un dios contemplativo que come sacrificios y caga milagros