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Sencillo método de Lanzamiento

Lo que hago bien
es vomitar
Aprendí gracias a la cerveza
que me dio alergia
y amigos más pesados con quienes andar
Tengo algunas figuritas difíciles
como la barra de un bar
las cortinas de una zapatería
el auto de Charly / Charly that
(También le grité Yo estoy peor que vos
pero fue antes de volcar)
La fama te llega
o te roza y se va…

Vomité rosa / y verde y más

+Procedimiento+
Leo
la salivada cual marea / anunciando el tsunami
oleadas de nausea, en la costanera
Estimo la urgencia
Encaro al depósito elegido
Grito en falso
(abro las compuertas sin grito)
la cancha de tu madre
la punta que nos parió
sos un hijo de tucas
soy un hijo de tuca
Lanzo

El estómago metiendo presión
no es algo menor
son contracciones para arriba
para un hombre, lo más cerca de parir

Cagado a palos
pero aliviado
Enfoco distinto
El sonido es nítido / ya no estoy sumergido

Me lavo la cara
y…
(aviso ilegal: a continuación viene lo que
algunos dan en llamar Pseudocódigo)

Si 1: [siento el estómago relajando]
|——entonces vuelvo a ser
Si no,
|——entonces 2: [Preparado!, el recital viene long play]
|——repetir +Procedimiento+ hasta que 1
Fin Si

 

 

Simón

 

 

 

 

otra cosa mariposa

 

 

Método en detalle prosaico, porque si nomás
Si hay algo que hago bien, eso es vomitar.
Tengo la capacidad de comprender la salivada que, cual marea, anuncia el tsunami. Empieza a llegar por oleadas. Es la nausea, tan simple como eso. Y tras eso, medir la distancia hacia el vertedero más cercano en tiempo. Con esos datos, solo resta levantarse con la urgencia estimada, y llegarse hasta el lugar de depósito. Una vez enfrentados con ese lugar, dirigir la boca como cuando le gritás a alguien en la cancha, o en la calle, o en tu casa, gritar sin grito hacia donde queremos dirigir nuestro contenido. Abrir las compuertas es lo siguiente. Y dejarse llevar.
El detalle del estómago metiendo presión no es algo menor. Son contracciones para arriba. Lo más cerca de parir que podamos estar nosotros los varones.
El vómito te deja como cagado a palos. Pero con cierto alivio. El primero, ya lo escribí muchas veces, se nota al abrir los ojos: Enfocás distinto. Pareciera que la vista nos explica que todo ha mejorado.
Con el oído pasa algo similar. No sé si exactamente se te destapan, pero la nitidez del sonido es mayor. Dejás de sentirte como sumergido en el agua.
Después lavarse la cara, y sentir que el estómago se está relajando en su sitio. Si esto último no pasa, habrá que estar preparados porque el recital viene de larga duración.

Yo soy tu amigo fiel

(nota publicada en la revista Arrecifes Sapiens de Marzo 2013, en la sección “Para mí”)

En mi vida le dediqué más horas que palabras. Quizá el lugar al que más he ido, al que más he recurrido. Voy a él cuando estoy bien, cuando estoy mal. Voy.

Me entretengo un instante nomás en los recuerdos con él, y se me llena el alma de momentos sublimes, profundamente únicos.
Leyendo Siddhartha, me quedaron en claro algunas ideas. En realidad, fue como hablar con un amigo, y casi decirle de igual manera a lo mismo. Un amigo (otro amigo), le escribió una canción hermosa. Al libro y a él.

La libertad de fluir. Tal como nosotros, gotas de un todo, que caemos solos. Donde caigamos. Podemos estancarnos. Podemos buscar en soledad hasta encontrar un río que nos permita aumentar velocidad. El común de los pueblos se estaciona sobre chorros contundentes de agua. La necesidad del hombre: el agua llama al agua.

Ya dije mucho del río. Y se ha dicho mucho más. Pero parece ser nunca suficiente. Como él, hablar de él puede hacerse interminable. Es que no alcanzarían las palabras del mundo para explicar su influencia.

Para mí siempre existió. La cercanía de mi barrio Las Flores (que tal vez deba su nombre a que el río siempre lo hizo florecer); la necesidad de visitarlo, como un imán llamando. Las primeras aventuras. Luego más historias; con la edad se suman historias.

La vez que casi muero, que me sentí muerto, fue a la vera del río. Una de las veces. Otra fue al resguardo de un arroyo (siempre el agua). Otra, ponele que fueran tres (sacando la del alacrán, cerca de otro río); también fue en un arroyo hecho cemento. Bajábamos como agua, y se nos cruzó algo así como un tronco. Por suerte seguimos fluyendo; ¡y con más intensidad!

¿Sirven las analogías para explicar lo inexplicable?

También está lo que duele. Para mí, muchos que lo agreden lo hacen porque no saben. No pueden sentirlo. No pueden tocarle la vida que contagia. No pueden verle la vida que contiene. Menos pueden escucharlo.

El Río es como un caballo loco. A veces se desmadra y no reconoce a nadie. Se engrandece, enloquece, y se hincha. Se pone ancho y no sé bien si es por bondad o por furia, pero abre largo sus brazos y abraza mucho.

Tiene una generosidad sublime, implacable. No juzga, no discrimina, no expía de pecados tampoco. No te pide ser libre, no necesita libertad. Simplemente ES libertad, y te la ofrece. No te obliga, te invita.

Si querés, te lleva con él. A nosotros nos llevó hasta donde tiene la humildad de desprenderse de sí mismo para volverse parte de algo mayor. Esos días dejé de ser hijo de mi viejo. Pasamos a ser amigos. Alto viaje de amigos. Los tres, amigos.

Podés jugarle en contra. Él insistirá tosudo, siempre fluyendo constante, sin pausa, sin cansancio. Puede llegar a demostrar debilidad, pero nunca estará herido de muerte. Puede estar acorralado, pero aún así seguirá adelante.

Es conmovedor verlo siempre ahí, esperando, paciente. Con su voz múltiple, de millones de idiomas, para todos los gustos. Para todos los oídos.

 

Una secuencia: Después de una curva, aparece el río, recto, desapareciendo en el horizonte, infinito. No ves que vaya a doblar jamás. Debe ser el único capricho recto en sus tripas viborosas. Anclamos la canoa en el medio del río. No tendría más de un metro de profundidad. La plancha al sol. El murmullo del agua. El río suele hablar más claro, cuando deja ver un poco las piernas. Las rodillas que asoman. Nadie puede pagar por esto. Nadie lo vende.

 

)crónicas dentro del arte(: los forastreños

Cuando se habla de exilios, solemos remontarnos a épocas de dictaduras en que algunas personas tenían que huir del país para evitar ser desaparecidas. Hace poco hubo un debate en un programa de televisión abierta, donde discutían si era correcto utilizar la definición exiliados económicos para los que se fueron en 2001 a trabajar en Europa. En ese tren podríamos decir que exilio también fue el de muchos de nuestros ancestros cercanos, llamados inmigrantes, que vinieron huyendo de una guerra y su hambruna (cosa que siempre causan las guerras, aparte de infinitas muertes por bala directa).

Creo que también existen otros tipos de exilios que, aunque menos peligrosos, igualmente afectan al individuo de manera suficiente para forzarlo a moverse de sus orígenes. No sé si llamarlos económicos. Quizá sociales, quizá culturales.

De algún modo, en esa línea del exilio creo que nos encontramos muchos de los que hoy por hoy vivimos en otros lugares que no son el de nuestro origen. La intensidad es distinta, está claro, pero encontrarte con una profesión que no tiene lugar en tu ciudad natal, o siendo artista sin espacios donde mostrar tu arte o sin gente interesada, o deportista que busca proyectarse profesionalmente en disciplinas que no sean fútbol y automovilismo; te hace sentir que en realidad como que te están echando. Después, estar afuera te hace renegar desde afuera, y hasta puede ponerte en el lugar del culpable por no haberte quedado a ayudar; para terminar en discusiones desde dos márgenes del río, ambas con su parte de razón.

Está bien, hablamos igual de emigraciones dentro de un mismo país, pero las burbujas, en distintos tamaños, siempre representan más o menos lo mismo. Mi hermano me dijo una vez acerca de irse a Buenos Aires: es una cárcel igual… una cárcel más grande, pero cárcel al fin.

Exiliados y todo, vi que también, cumplidos los ciclos, los sentimientos se amansan. Y empezás a ver con mayor claridad hacia atrás y hacia ahora. Te permitís disfrutar de tus lugares, desde el lugar que ocupás en ellos, con una mirada de espectador privilegiada. Porque no sos ni lugareño ni forastero, más bien serías un forastreño. Un habitante híbrido que toma de las dos fuentes. Puede suponerse un ideal, pero en realidad para un forastreño, siempre están los kilómetros separándolo de algo, y siempre tiene que estar eligiendo y postergando. Siempre te sentís a mitad del camino.

Con la flaca, en condición de forastreños, tuvimos la suerte de disfrutar de dos espectáculos maravillosos en la ciudad que nos parió. Un show de blues infernal, y una obra de teatro musical majestuosa.

La Novicia Musical

Esta obra que vimos en Arrecifes también habla de exilios. Dos exilios. Uno del tipo ideológico, como el primero de los que mencioné; y otro más bien sociocultural. Si bien está tomada por el lado más simpático de la historia, y contada en formato de musical, no deja de ser un relato que grafica de buena manera la gravedad de encontrarse entre la espada y la pared (metafórica y literalmente), por el solo hecho de no estar de acuerdo con algo o alguien en un caso, o por actuar distinto a lo convencional, en el otro.

Si bien la obra transita por otros caminos, especialmente enfocada en mostrar cómo una aspirante a novicia es invitada a claudicar, lentamente se vislumbra lo que será la parte fuerte de la historia. Hasta que en un pasaje la obra te toca los pelos de la nuca y te agarra las tripas desde adentro, para decirte al oído que había que tener miedo, que ESO, seas mayor o niño, era para cagarse las patas posta. El malo bien malo de la historia, se encarga de equilibrar y ponerle la sal justa a una obra redonda en cuanto a ternura, comedia, y drama.

Nunca me emocionaron mucho los musicales. Pero no recuerdo haber visto ninguno en vivo; todos los que padecí fueron en películas. Y lo bueno de ese antecedente es que aún guardaba esperanzas de que en esta oportunidad fuera distinto el sentimiento. Este musical, no sé los demás, fue algo maravilloso. Una banda tocando en vivo toda la obra (tooooooda la obra, que dura alrededor de 3 horas), y los actores cantando casi todo el tiempo. Un nivel de canto zarpado, desde la Novicia hasta los 7 niños. Desde el Capitán hasta la Madre Superiora y su coro de monjas. Fenómenos. Profesionales. Gente que abruma con sus ganas y su talento.

Todo este grupotototote de gente, enormeeeee, hizo esto (10 funciones en total), por recaudar fondos para recuperar el Teatro Español. Una catarata arrolladora que seguramente cumplirá con el objetivo de reavivar esos fuegos apagados contra el arte y la cultura toda. ¿Cómo no conmoverse? Como forastreños, nos movilizó venirnos a estar, apoyando, acompañando. Y lo hermoso es que sentimos que nos regalaron un gran momento, que estuvimos presentes en un suceso irrepetible. Ojalá, igual, se repita.

Botafogo

El ambiente del pasaje Albania es muy íntimo. Mucha onda, repleto de mesas y sillas fuera de serie. Todo a la venta. En medio de etiquetas con precios, y tapas de discos de Sandro, una medialuna con los instrumentos. Noche de blues convocada por la revista Arrecifes Sapiens. Ojo!, cierre de un ciclo de varias noches de alta calidad musical.

Con el lugar lleno, casi podíamos hacerle una cejilla a Botafogo. Nos hablaba a la cara, nos charlaba con la guitarra. Se podía sentir la música oleando entre la gente, provocando un clima cercano a lo místico. No solo por lo que pueda generar Don Vilanova, sino también por la onda que el público había arrastrado hasta ahí.

Visualmente son postales de momentos inolvidables. Oportunidades que la música no desaprovecha y se permite demostrar por qué es tan mágica; y por qué no es sólo un don de la humanidad que dispone de la habilidad para el instrumento, sino de la naturaleza misma. Ahí, cuando se vuelve una comunión, un todo entre ejecutantes y expectantes, es que se palpa la magia, la posta.

Y dije, no fue sólo Botafogo. También fueron una banda de músicos locales, comandados por Tucho, Seba y Mati, que fueron invitando a un montón de gente piolona que sabe ponerle piel a la canción. Poderosas voces femeninas, zarpados guitarristas, un armoniquero de las viejas huestes. Todo en un tire y afloje que terminó a todo culo con un devuelto Vilanova al escenario, y duelos de viola incendiarios. Violeros que se muerden la lengua y no sólo los escuchás, sino que les sentís eso que los está poseyendo.

Todo organizado por Pato Fierro, en su intento por juntar fondos para sostener la revista literaria Arrecifes Sapiens en la calle y gratuita. Otra muestra de fuerza conjunta para empujar un carro que muchas veces se vuelve imposible de tantas piedras que cruza en el camino.

Hacer arte es una forma de matar el exilio. Una forma de ocupar ese espacio que sentimos que necesitamos ocupar. Hay algo que te arrastra hacia esa necesidad, que también es una pertenencia. El artista en una búsqueda desesperada de algo, sin saber qué. Ahí quizá una de las diferencias, ya que el exiliado sabe a dónde quisiera volver, o por lo menos qué extrañar.

Arrecifes, mi ciudad, de golpe se abalanzó a matar el exilio cultural del que estaba presa. Lugareños y Forastreños decididos a matar la pereza, a ajusticiar el tiempo con sus inquietudes. Y no sólo por hacerlo (que ya es loable), sino también por que siga reproduciéndose. Por generar más espacios, reabrir un teatro, darle aire a una revista literaria. Yo me pongo de pie, y hago lo que puedo e intento hacer desde mi lugar: dedico estas palabras para que el eco tome fuerza y no desaparezca en anécdotas de qué hiciste el fin de semana?

Sigo aplaudiendo de pie a estos artistas que son flores, primavera que mi pueblo andaba necesitando…

PD: cito unas palabras de Tucho Duzac en Facebook, a propósito de otro evento del mismo tenor, en donde muchos artistas se juntaron a honrar a L.A.Spinetta: “…gracias a el publico local que nos demostró que la evolución de una sociedad comienza(en parte) por apoyar su cultura

)crónicas dentro del arte(: veo veo

(crónicas dentro del arte): al ver verás en wallrod

Con mi hijo tenemos una adicción en común: nos colgamos mal con las visualizaciones de winamp. Casi a diario tenemos sesiones, frente a la PC, de música y visualizaciones psicodélicas. Una maravilla de invento. Sueño, y es posta, con algún día tener un proyector para tenerlas en alguna pared de mi casa mientras la música suena en todo el ambiente.

Filtremos. Saquemos a la gente que no disfruta de la música. Saquemos también a los que no gustan de las imágenes flasheras. Saquemos a la gente que no sabe que existen las visualizaciones de winamp. Saquemos a la gente que las conoce pero que no las consume. Saquemos a los que ven winamp en su casa. Saquemos a los que estaban viendo the wall en river, ese viernes. Saquemos a los que no tenían ganas de ningún plan de viernes. Saquemos a muchos que no tuvieron la suerte de enterarse a tiempo. Quedan 20 más o menos. Los 20 que opinaron que no estaba mal ir a la terraza de un Espacio de Arte a escuchar y ver. Y vieron.

Estar metido dentro de las visualizaciones de winamp es un delirio. Imaginen. Que esas visualizaciones cobren sentido, te transporta. Imaginen.

Por alguna razón, me encantan las terrazas. Ver el mundo desde una altura, desde una claraboya al aire libre y anónima. Apreciar las tonalidades de la urbanidad en sus entrañas. La urbanidad no compartida. Es como ver un hormiguero de gente. La intimidad de los corazones de manzana. Futurista, me dijo Javi. Si, el futuro de las ciudades está en sus entrañas. Quizá donde está condensado el pasado. El presente es la calle, lo que siempre “está sucediendo”.

No es multitudinario. Son apenas un puñado de almas cruzadas por alguna mirada, por algún conocido en común, por alguna necesidad lejana de intensidad conjunta. El ámbito, se me antojó como las realidades que leí en muchos libros. Esas situaciones que vomitaban gente zarpada al mundo. La cocina del arte. Lo sub de lo híper. ¿Dónde se hace el arte si no es en su primitiva condensación? ¿Cómo se hace sin estar rodeado de esos héroes anónimos que tendrán la humildad de sólo mencionar que frecuentaban a tal o cual, o poray mostrar tímidamente una foto borrachos y fumados, o mejor? Tendríamos mucho para hablar de esos héroes sin tumba, tanto que son también el artista. Será en otro texto.

Crear esos espacios, estar en ellos, ser parte; es todo un juego maravilloso. Uno agradece esa anormalidad del alma, que lo hizo frecuentar puertas. Las puertas que se abren a otros mundos, maquilladas de hogar sencillo, sin pretensiones, sin altanería. the doors.

Al ver verás. En la terraza de Wallrod. Edificios alrededor. Casas y cosas habituales que significan apenas un paisaje urbano de tantos. Apuesto que si desapareciera algún edificio de esos, casi no lo percibiríamos. Antes de al ver verás. Después de ver, verás. Y el paisaje será diferente. No todos los días se arremolinan vicuñas para interpelarte en tu propio territorio. Al ver verás.

Los edificios vienen a vos y son protagonistas. Hay un televisor protagonista que titila en telefé. Alguien se está duchando en medio del mar. Alguien está cenando con bailarinas que le saltan por encima. La ciudad está más cerca. Vos estás dentro de ella, y dentro de una realidad paralela. La música se te antoja en el mundo. Te juro que en un momento esperé la nieve en la cara.

Las imágenes van y vienen, se multiplican. El universo en dos tanques de agua. El universo encima tuyo. Y la cabeza que te pide la dejes ordenar el mensaje. Porque está convencida que esto no termina. Ideas que germinar. Al ver verás.

Al ver verás. Un simple juego de palabras. Tan profundo que si lo ves, verás. Si no entendiste nada, simplemente es porque aún no viste.

Canal youtube: http://www.youtube.com/user/alvrvras

AlVerVeras FB: Musica.para.mirar.Alververas
Perfil AlVerVeras FB: alververás
Wallrod FB: Wallrod

La belleza de las palabras (unas contra otras)

Nada hay tan antiguo bajo el sol.
Todo sucede por primera vez, pero de un modo eterno.
El que lee mis palabras está inventándolas.
(Jorge Luis Borges – La Dicha)

…acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa,
convencida como yo de que un encuentro casual
era lo menos casual en nuestras vidas,
y que la gente que se da citas precisas
es la misma que necesita papel rayado para escribirse
o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.
(Julio Cortázar – Rayuela)

Las palabras están ahí, son el lenguaje. Los que hablamos castellano, encima, tenemos la oportunidad de decir las cosas de veinte maneras distintas; sin incluir las metáforas. Quizás el Inglés sea el idioma más popular, sin embargo no tiene tantas variaciones como nuestro castellano. Será que somos más imaginativos? Será que los pueblos que adoptaron el castellano son más coloridos? El fenómeno, creo, sería motivo de estudio a nivel sociológico.

Quizá tenga que ver hasta con el clima. Quién sabe? La cadencia de los pueblos que se comunican a través del castellano es mayor, se mueven más, sufren menos el frío, tienen como una alegría internalizada. Hasta puede decirse que la lengua es más musical. Quizá el hecho de llamar las cosas de múltiples maneras se deba a la necesidad de cantarlas, de incluirlas en la melodía; y si la palabra existente no te sirve por su fonética, pues inventemos otra!

Muchas veces me puse a reflexionar sobre las palabras que usamos por un tiempo y luego desechamos. Fácilmente podemos reconocer etapas de nuestra vida con sólo nombrar algunas palabras que usábamos en cada período de tiempo. Incluso marcar tierras, tribus, pueblos. Nateado fue una de esas palabras. La decíamos a 180 kilómetros de Buenos Aires, y en la Capital ni saben qué quiere decir.

Quiere decir, esa es la cosa; no qué significa, sino lo que queremos decir.

Chabón fue una palabra porteña. Ya no se usa. Marca una parte de mi adolescencia. Macanudo. Mecachendié. Flirtear la usaban mis viejos para decir que chapaban, o que transaban. Hoy transar es otra cosa. Ayer era flirtear. Hace un tiempo tenía dicción por la palabra chaval. Hoy casi está seca en mi boca.

Un  lenguaje como el nuestro es tener un ramo de flores bien coloridas. Por eso lo de florido, calculo. Con el tiempo las palabras que se van secando, se cambian. Tenemos la facilidad de aburrirnos y pasar a otra cosa. Parece que una palabra te queda linda, la usás un buen tiempo, la contagiás. Pero un buen día, se te cae por ahí y la olvidaste. Seguramente habrá otra para reemplazarla. O la inventaremos. Copado.

Nos gusta romper con el lenguaje. Hace a las personas. Hace a los grupos. Los formatea dentro de un lenguaje propio. Harcodea. También se inventan palabras propias en los entornos de cada profesión. Son códigos internos que atraviesan a las empresas pero se mantienen dentro de las actividades. Poray no, che, culiao.

El lenguaje es música. Es la música básica. El sonido de nuestro instrumento más primitivo. El que llevamos incorporado. Y, como la música, se transforma constantemente. Es lo que nos cautiva: el hecho de poder darle forma, de reinventarlo, de crear sobre él nuevos pilares que incluso hasta estén encriptados para algunos.

Creamos un lenguaje propio en nuestro círculo íntimo. Nos llamamos por apodos que a veces se limitan a sonar en la intimidad, como método de conservación. También he sido testigo de apodos que se expandieron al cruzar los límites reservados. Pero qué va!, el lenguaje está para comunicarse, y el que lo necesite usar, y encuentre que la palabra a mano es la palabra justa, bienvenido a usarla.

Lo que no está inventado se puede imaginar y listo. Una vez creado ya existe, y ya es utilizable. Las palabras se ordenan y pueden decir infinidad de cosas. El orden en que las pongamos les dará sentido, connotación, explosión, belleza, dirección. Todo está ahí, a nuestro alcance, a nuestro modelaje comunicacional. El vocabulario se nos brinda solidario, sin restricción, sin esperar nada a cambio, sólo que lo utilicemos más y más, que lo gastemos.

Allá aquellos que pretenden encerrarlo en libros a modo de celdas. Como edificios sin ventanas donde sólo entran o salen las palabras aprobadas. Son edificios pisapapeles, nada más. El resto está ahí en la calle, atravesando las paredes del mundo, golpeando cabezas y permitiéndose ser la forma en que cada idea se exprese. El verdadero lenguaje que no le pertenece a nadie, que va y viene como olas, se reinventa, y, como la naturaleza, es tan bello que se multiplica a sí mismo sin otra necesidad que el ser repetido para identificar lo que sea.

Qué le importa al lenguaje su modo correcto? Muy poco creo. Lo único importante es que de un lado alguien junte sonidos que son letras y los arremangue en palabras, amasándolos en oraciones que otro tenga habilidad de interpretar. Y cuando ya están sueltas, cuando están en el aire, ya son universo, son del otro, del que las encuentre. Y los sentimientos que lleve pegados serán los que el otro entienda, y ya.

Poderoso el lenguaje que hasta puede significar lo mismo, o lo distinto, para uno mismo, o para dos distintos… mínimo.

texto publicado en Revista TRES nro. 1