Archivo de la categoría: mundos para lelos

al piste

pajaritos-2-short

Una turba de pajaritos amarillos piaba por comida. Me detuve a observarlos y tratar de comprender por qué emitían esos chillidos tan insoportables.

Vestían traje negro, camisa blanca, y corbata gris. Parecían pintados con stencil, tan prolijitos e iguales. No chorreaban ni una pluma, no desteñían ni un poquito. Sus crestas se veían encorvadas en la lucha contra el poderoso gel que las doblegaba. Imaginé, con algo de tristeza, los momentos previos en los que cada uno de ellos se estuviera arreglando frente a un espejo, ayudado por su madre pajarona, con una dedicación sublime, abordando un trabajo elaborado para terminar logrando ser igual al resto, enfundado en un uniforme delicado y pulcro, encerado y brillante. Y después el vuelo, evitando las corrientes de aire y las cortadas de camino bajo las cornisas de las palomas; que si esas te cagan, te cagan posta, y el olor a mierda no te lo sacás más…

Espié un poco aprovechando un hueco entre dos de los pajarillos. Alcancé a ver la mano grosera que ofrecía los granos de cereal. Los pequeñitos seres saltaban y pululaban de aquí para allá buscando ganar un lugar de privilegio. Se pisaban, se sacaban cuerpo, se picaban. Todo por acomodarse y ganar una ración más generosa.
El dueño de la mano alimenticia al principio había pasado desapercibido para mí. Pero ahora que buscaba sus detalles, me sorprendía no haberme percatado de su presencia anteriormente. Era un ser descomunal, un pájaro rubio y reluciente, henchido de algo que parecía soberbia y orgullo. Alimentaba a la turba con desprecio, sin estirar demasiado la mano, con ánimo compasivo. Y sonreía dientes, un pico con dientes!

Los pajarillos reverenciaban aquellas dádivas, y saludaban respetuosamente juntando sus alas y poniendo caras merecedoras. Nada podía perturbar ese instante de agradecimiento. Si eso sucedía, el provocador era neutralizado, empujado hacia atrás con las patas; incluso echado de la ronda. Después sí, cuando no se agradecía desaparecía la tregua y otra vez la lucha era sin contemplaciones. Eso si, nada de guerra a los ojos contemplativos del enorme pájaro de dientes y sonrisa falsos.

Me asquié del espectáculo y me alejé pronto de allí. Eché una última mirada hacia la escena y comprobé que iba moviéndose lentamente, conducida por el pajarón rubio. Los animaba con comida y cada tanto daba un imperceptible paso hacia atrás, haciendo que lo siguieran. A dónde los llevaría? Quién sabe?

Olvidé investigar el asunto cuando una paloma acertó mi hombro con su bendición popular.

pajaron-chic1-short2