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bizarre esquelas de un mundo en movimiento

voyeur (cambalacheando)

Inhibido de acción, observé los gritos, la euforia. Me contuve, ahorré mis injusticias en los puños. Mis dientes dolían unos contra otros.

De pronto pude sentir cómo la cara comenzaba a endurecerse en una mueca de espanto y desilusión, como esperando el golpe final. Los surcos de mis arrugas eran grietas profundas y fosilizadas; por más que me esforzara ya no podría deshacerlas, tan siquiera desdoblarlas para darles otro curso.antonio_berni_manifestacion_argentino

Eran banderas las que ardían. A lo lejos era sangre lo que salpicaba el aire, manchándolo de violencia indistinta. Dedos índices marcando distancia, agitando la garúa compartida. Las botas aplastando una libertad, acallando a la luciérnaga del raciocinio.

Me exasperé, me conmoví. Quise arrojar una botella como esas que ahora manchaban de fuego paredones hermosamente pintados. Odié esos palos que amedrentan con su única palabra, que justifican con ese único deseo, que abaten con ese único y endeble argumento.

Transpiré viendo correr y guarecerse mis ideas. Temblé tragando saliva, creyendo obsoleta la forma de enfrentarse. Ahogué en mi conciencia los viejos sueños del mano a mano objetivo. Lloré; y viajaron por mis mejillas las puntas de lanza que cambiarían lo cada vez más sólido.

Me pregunté porqué?. Me contestó mi silencio, que es la peor respuesta. Un silencio que volvió cual boomerang y me dio de lleno en la cara. Tanteé alternativas, busqué lógicas opciones, transé posiciones, desistí una vez más.

Ahí seguían de lucha, mientras la voz(s) de mando sonreía satisfecha. Pude, puedo, oír el eco en las paredes vacías de mi cabeza. Puedo ver el desfile de dientes coronando la victoria. Puedo sentir entrando en mis venas su venenoso rencor como un cáncer, odiándome porque aunque me esfuerce no puedo creerme sus cuentos, ni festejarle los chistes.

Las primeras sirenas se oyeron a mis espaldas, pasaron por mi lado, se fueron alejando. Terminaron por entrar al televisor. images

Dios, pensé, esto puede llegar a ser demasiado. Ambulancias o bomberos, daba lo mismo. viendo_tv_b_2Malos o buenos, payasos o malabaristas, látigo o espalda, carne o puñal, soga o cuello, con botas o descalzos, izquierda o derecha, daba lo mismo. No hay diferencias a esta altura, me dije, cuando llueva, el agua se llevará sangre mezclada.
Y alguien sonreirá porque sus batallas siempre se ganan, y eso le garantiza la guerra que nadie le ha declarado. Y alguien recibirá su merecido por algo que no hizo, y otro recibirá el castigo por reglas que desoye. Y otro renegará del espanto que nos tienen preparado. Y alguien gritará en una plaza que no es real el césped que pisamos. Y alguien enarbolará banderas de otros patriotas, riéndose sobre sus tumbas. Y alguien observará todo, omitiéndose, tal vez cholulo como si fuera todo una película rodada a la vuelta de su casa. Y alguien dirá, qué barbaridá, así no se puede vivirrrrr…(resbalando sobre sus erres).

Aproveché los comerciales, aburridos anticipos de novelas de la tarde, y me masajeé las sienes. Estiré los brazos y bostecé. Apagué el televisor y me fui a descansar tranquilo porque el día ya había terminado para mí. Ni me dieron ganas de lavarme los dientes.

open door

Anclé mi brazo izquierdo al travesaño de la puerta de acceso. Otra alternativa no tenía, la mano derecha estaba ocupada en sostener la mochila en el aire. Ni pensé en soltarla, cómo hacer eso en esta situación? Cualquier boludo podría patearla y mandarla a la perdición de las vías oscuras y hambrientas.
Alguien maldijo detrás mío. Murmuró un viajamos como vacas; algo que todos ya sabemos pero que en estas circunstancias funcionan a modo de aliento, de acompañamiento. Alguien por detrás afirmó el enfado.
A mi lado había otro. Nos miramos, él anclado el brazo derecho, también llevaba una mochila en la otra mano, parecíamos un espejo. Tenía la cara de los compañeros en la guerra que saben que pueden morir en esta batalla, que es a cara o cruz, a vida o muerte. No pudimos ni saludarnos.

-está trabada acá…- Había dicho él, al momento que había señalado la parte de arriba de la puerta.
Todo había sido muy rápido. Se escuchó a lo lejos el silbato, entramos como pudimos, haciendo crujir tal vez una espalda. Era nuestro derecho, veníamos en ese y no nos íbamos a quedar abajo.
La culpa como siempre la habían tenido los de miserere que no se miden, que se atropellan y aglomeran todo. Son como insectos, como las nubes de langostas, como hormigas despavoridas. A veces pienso que hay personas que nacen para ser respetuosas, y otras para el andén de miserere.
Yo había tirado con fuerza de la manija. Hace años que aprendí que en este en especial hace falta abrir y cerrar manualmente. La puerta no había cedido. El tren había empezado a moverse. Ahí fue que mi partenaire  me señaló dónde estaba trabada.
Insistimos un poco más antes de la oscuridad. Mientras el andén se escapaba delante de nuestros ojos puedo asegurar que ambos medimos la posibilidad de arrojarnos y salvar el pellejo. Pero ya estábamos en el baile, ya nos habían llamado a nuestra hora de héroes.
Cuando el túnel cerró su boca sobre nosotros, fue que anclamos los brazos. A nuestras espaldas cargábamos con una turba de gente que parecía estar reprimida, a punto de estallar en una pueblada. Sus caras eran de bronca ante lo inevitable, y a la vez de congoja por los que estábamos al frente poniéndole el pecho a la situación, en primera fila ante el desastre.
Empezamos a patear las puertas tratando de destrabarlas. Yo pateaba la del lado de mi compañero, él a su turno pateaba la de mi lado. No hubo caso. 
Rogué que no viniera una curva porque nos íbamos todos al abismo. Creí recordar que en efecto no vendría ninguna. El tren se zarandeó un poco. Los músculos se tensaron y contuvieron la presión.
Me figuré en otros momentos, me trasladé a las veces que estuve del otro lado y veía cómo un pobre tipo viajaba de esta manera. Me compadecía de él, y pensaba en qué puta leche que te pase eso. Pensaba también que eso no me puede pasar a mí.
Ahora las puertas del viejo (viejísimo), y querido A estaban abiertas delante mío. Y el tren ni se inmutaba: seguía su camino. Dónde habían quedado esos tiempos en que un tren no arrancaba si una de las puertas no estaba bien cerrada? Acá seguro que no.
Eso no me puede pasar a mí. Pienso ahora que sí. Es imposible que no lo piense. Lo confirmo, me pasó. Y aviso que esto es como esas loterías de antes, como la primera alborada o el plan rombo, donde te aseguraban que ganabas o ganabas. Estos planes prometían que podías ser el último en salir sorteado pero que igual saldrías beneficiado. Y si viajás en subte, ten paciencia que un día estarás frente a las puertas abiertas, con el vagón lleno sobre tus espaldas, viendo pasar el paredón negro donde puede terminar tu vida, sintiendo el vendaval húmedo del aire subterráneo.

Transitamos palpitando el peligro unos extrañamente largos minutos. Metros antes de llegar a la siguiente estación, las puertas se cerraron solas, mofándose de nuestro esfuerzo, de nuestra heroica intervención para salvar a los demás. No terminaron de cerrarse que ya las abríamos para bajarnos y dejar bajar a los demás como es corriente.
Volvimos a subir, y esta vez las puertas se cerraron. La proeza fue perdiéndose estación tras estación. Es tan cotidiano que esto pase que a nadie le sorprende. Ya ni siquiera se siente que haya peligro de muerte.

Yo me bajé en Perú, como un día normal. Lo especial era esta urgencia mental por escribir al respecto de lo que me había tocado vivir. Nada más, ni siquiera un estremecimiento de pensar qué hubiese pasado si. Volví, antes que nada, a ser una marmota caminante hacia mi burdo destino. Nada especial.
Caminé un par de cuadras y jugué con la idea de que tal vez no había zafado de tener un accidente. Que en realidad había caído al foso y sido arrastrado por las ruedas del tren enloquecido. Que incluso eso de caminar por la calle tal vez se trataba de una realidad paralela en la que divagaba mi alma, como dicen que les pasa a los que pierden la vida de manera accidental.
Pude imaginarme toda la situación. Las caras de la gente viéndome caer. El horror de las viejas al contarlo con auténticas lágrimas de rímel. Mis restos mortales repartidos por toda la vía. El cartel vitalicio de «Línea A con Demora». Las quejas. Crónica primero siempre. Telefé abriendo la polémica en alguno de sus programas de investigación esa misma noche. El bajito de América haciendo lo mismo. Bonelli pasmado diciendo lo que usted debe saber y atrás, entre los títulos, se menciona una muerte porque el subte cierra mal las puertas. Mil notas a cada hora a tipos trajeados que se auto absuelven de cualquier responsabilidad. El congreso prometiendo que va a tratar el tema de la seguridad de los transportes públicos y olvidándose de asistir a la reunión. La presidenta poniendo cara de preocupación y diciendo que a partir de ahora se cobrará el boleto unos 5 pesos para que las empresas puedan hacer que las puertas cierren, sonriendo ante los muchos aplausos por la justa e inteligente idea. Los diarios dedicando primeras planas a cualquier muerte en cualquier vía de cualquier mundo, arrojando cifras por todos lados. Dos contadores en diarios y televisión llevando el número de muertos en transportes públicos a cada hora y segundo; uno de ellos presenta la cifra real y el otro la cifra oficial. La gripe curada como por arte de magia porque ahora la gente se muere en las vías y no en los hospitales. Un oportunista va vendiendo tensores para atarse al vagón así no se cae nadie. Las empresas automotrices de para bienes porque nadie quiere viajar en tren y entonces compran coches con el crédito nacional. No falta el que dice que presentará un proyecto para poner bajo tierra también a los trenes y bondis; ni el que dice que se va a ocupar de poner un monocarril por arriba de los techos para que nadie se lastime ni moleste; ni el que dice que ya está por aprobarse el proyecto para subsidiar a la empresa «Autitos SRL» para que investigue y produzca autos que vuelen, así nos liberamos del tránsito y de paso del smog.
Y todos aplaudiendo, sonriendo baba de oro. Hasta que se encuentre otro tema que ocupe a la opinión pública.
Y yo muerto, como un montón de muertos más que nadie carga sobre sus espaldas.

pegoteaDito

No voy a negarlo, soñé toda la noche con esta situación. La premeditación suele hacer mella en los nervios y en la imaginación. Terminás anticipando miles de posibilidades antes de acostarte, mientras planchás la camisa; y cuando te acostás a dormir la cabeza sigue pensando. Y mi cabeza siguió pensando.
Por la noche mi vieja estaba viendo a tinelli. Yo escuchaba el murmullo, como un eco frío y atemporal. Intenté, por lo menos eso, desalojar todo el malhumor de la jornada de estudio exhaustivo; pero había fracasado.
En muchos meses, volvía a tocar los zapatos con algo de pomada. Los lustré y los puse ordenaditos, uno al lado del otro. Son más lindos así, cuando están ordenaditos. Pude imaginármelos puestos, incluso sobre una torta de casamiento. Qué lindos!. Me sentí una madre que peina con gomina a su hijito para el primer día de escuela y se lo imagina así, todo pegoteadito recibiendo los besos de toda la fila de maestras también pegoteaditas que esperan para darle la bienvenida.
Después fue el turno del traje. Mamá estaba con dolores de rodilla, así que tuve que abocarme a la digna tarea de examinarlo en busca de manchas. Trapito apenas húmedo, con el dedito así envuelto, limpié las poquitas manchitas que tenía. Eran de humedad creo que dijo mi vieja, aunque lo dijo como espantando una mosca hincha pelotas.
Cuando empecé con la camisa ya tenía en mente varias preguntas con sus respuestas. Bah, tenía unas diez preguntas, y estaba evaluando unas 5 respuestas para cada una de ellas. Pensaba a la vez en cómo me iba a peinar, en cómo poner las manos, en si era mejor sacarme el saco que dejármelo puesto, y si me lo sacaba y arremangaba la camisa?; no, muy informal. Me concentré con la plancha, no fuera cosa que la cagara con la única camisa aceptable para esta ocasión. En la tele ahora estaba Fantino refregándose las manos porque iba a presentar un camión de hembras que yo ni iba a poder ver por el rabillo del ojo.
La elección de la corbata fue todo un tema. Primero tuve que dar con aquellas que tenían nudo, y encima que estuviera bien hecho. Mi viejo estaba de viaje y yo nunca aprendí a hacer el maldito nudo de la corbata. Pasado el primer filtro tuve en mis manos unas 5 corbatas. Deseché de plano la roja y la azul francés. Me detuve un instante en la naranja, jugué con la gracia de que parecería un conejo con la zanahoria colgando al cuello; y también la descarté. Quedaron dos muy sobrias, mañana con todo puesto elegía.
Para esta altura las preguntas ascendían a 25 más o menos, y las respuestas, puf. Para colmo se me había dado por imaginar al interlocutor: si era copado, mal tipo, o hijo de puta, o una mina que se partía y encima piola, o una mina bien pero bien hija de puta.
Claro, como para que mi cabeza descansara cuando la apoyara en la almohada, si le estaba dando más trabajo que la mierda.
Colgué todo en la percha. Colgué la percha en uno de los pendorchos del ropero, para que la ropa estuviera aireada. Había quedado como un muñeco firme que me miraría toda la noche. Lo bueno era que no tenía cabeza ni ojos. Lo malo era que al día siguiente yo estaría dentro de ese atuendo, yo sería ese muñeco.

Dormí para el orto.
Soñé que me pasaba de todo. Desde que me cagaba un pájaro antes de llegar a la reunión, hasta que tosía una flema justo cuando el tipo o la mina se sentaban delante mío y me preguntaban alguna pelotudez. Imaginé que llegaba tarde porque perdía el bondi unas mil veces, ese fue el record creo. La de la caída o la tirada del café le siguieron en el ranking de pesadillas. Con decir que hasta soñé que estando en camino, en el bondi, un borracho vomitaba sobre mis piernas arruinándome todo el trabajo.
Como suele ser lo normal, faltando 5 minutos para que sonara el despertador me dormí profundamente. Con esfuerzo y desesperación me levanté. Lo primero que hice fue comprobar que el muñeco seguía de guardia ahí colgado del ropero. Después la ducha, los dientes, nada de desayuno. No mamá, no, tengo el estómago prensado.
Arriba Argentinos de fondo. Pantalón, con cuidado para no arrugarlo. Igual con la camisa. Los zapatos, tan lindos e impolutos ellos. La corbata. Gris a rayas o negra con ese efecto bizarro? Gris a rayas. Casi perfecto. El pelo antes del saco, debería haber sido también antes de la corbata pero bue. Ahora sí, el saco. Bonelli anuncia el “lo que usted tiene que saber antes de salir de casa” de las siete y media. Mamá nunca va a desistir con el noticiero de la mañana. Nunca.

No podía ser de otra manera. El bondi amaneció en la esquina y ya se sentía el olor a mucha gente. Frenó de pedo, con esa buena intención que a veces tienen los bondis de hacerte un lugarcito así no llegás tarde vos, que tenés esa carita de cachorro abandonado.
Subí como pude. Le pasé las monedas a la deportista que en este momento hacia contorsionismo. Ella se las pasó a un tipo cara de orto. Cara de orto se las dio a un cartero violeta que se las entregó a la pendeja de pelo violeta, vaya casualidad!; y miss violeta se las mandó al buche a la máquina. Todo eso para llegar a pagar el boleto. Estaba condenado, empezaba a rezar porque no se arrugara tanto tanto el traje.
Después vino el tema del subte. Por suerte no salió con demora, pero de movida nomás nos prensamos ahí en Carabobo. Es como cuando en la largada de los fórmula 1 hace trompo el segundo o tercero y van a parar todos a la mierda. Así de apretados largamos hasta Plaza de Mayo. Me cagué de calor. Pude sentir el café con leche de un plomero en mi estómago. También pude reconocer el olor a billcream de un viejo parecido a Neustadt.
Al bajar en Plaza de Mayo tuve que hacer un verdadero esfuerzo para despegarme el saco y la camisa de la espalda empapada. Ni quise mirarme los zapatos tan impecables al salir, y ahora todos pisados pobrecitos.
Al menos la hora estaba bien. No tuve que correr hasta el trabajo.

Cuando llegué me enteré que la reunión la habían pasado para el mediodía. Si hubiera sabido salía media hora más tarde, me dije. Mal humor, por supuesto, pero al menos se me secaría la camisa.
Al rato pude interiorizarme un poco más y saber que la reunión no era conmigo solo, que otros participarían. Sopesé las opciones, podía ser bueno, podía ser malo. Falta que me preguntaran algo y no lo supiera contestar, y el de al lado como buen garca lo contestara de pé a pá. Me ganó el pánico. Y otra vez aparecieron las preguntas, las respuestas, si sería ella o él. Podría contestar? No podría? Ensayé mentalmente el saludo. Ensayé en el escritorio la forma de sentarme. Sentí desesperación.
Qué mierda.
Llegó la hora. Cinco minutos antes fui al baño y me acomodé todo. El pelo bien, la camisa bien, la corbata bien, el saco bien. Impecable, impoluto, intachable, armonioso, y más sinónimos que me tiró el Word.

Salimos para el lugar de encuentro. Éramos cuatro al final: el gerente del proyecto, una chica y un chico que iban a hacer no sé qué cosa en el proyecto, y yo que iba a hacer algo de la parte de sistemas del mismo proyecto. Era como una especie de presentación. Como cuando presentan un nuevo DT en un club grande y tiene que mostrar a sus colaboradores.
Entramos en el edificio al estilo todos menos bruce willis bajando del transbordador después de haber salvado al mundo con un taladro gigante. Miento si niego que inflé el pecho. Casi hasta me pongo a dar saltitos de precalentamiento, previa entrada a la cancha. Estaba listo, vaya si estaba listo!. Ya nada me importaba. Las cartas sobre la mesa, la suerte estaba echada.

Entramos a una sala.
Entró un tipo. Normal. Apretón de mano a los caballeros, beso a la dama. Nos sentamos casi en círculo. Nos relajamos un poco. Nos miró a todos, dijo algunas frases como de libreto, las de siempre. Tenía acento centroamericano. Colombiano, capáz venezolano.
Después de la introducción estudió un instante los currículos. Calculo que mentalmente se aseguraba quién era quién. Levantó la vista y dirigió su atención hacia mí. Abrió la boca para decir algo.
Esta es la mía!, pensé. Era mi oportunidad de lucirme. Me había elegido a mí para empezar la charla. Nada más y nada menos que a mí!. Habrían sido los zapatos?
El tipo me habló directamente.
-hernán si?…-
Hice un gesto de superado, confirmando la pregunta.
–ok… mira… como tu eres de sihstemas, y ió no sé nada de sihstemas… no te voy a preguntar nada… discúlpame…–
Tragué saliva. –está bien, no hay problema… –
Y me fuí desinflando de a poquito de a poquito.

two faces del díadía

hoy me levanté decididamente al segundo sonar de la alarma… era temprano, más que de costumbre… bajo al baño a pegarme una ducha y tildo el interruptor para entrar iluminado…
nada… tildo otra vez… nada…
miro a mi alrededor y descubro que no hay lucecitas de colores avisando de la vívida energía en el dvd, el tele, la compu, el módem, el teléfono… todo sumido en un fría y húmeda oscuridad…
“no hay luz” le grité a la pendeja… e inmediatamente abrí la canilla de agua caliente para bañarme como pudiera… elucubrando opciones acerca del motivo del corte… anoche tuvimos un percance con un caño tapado en el lavadero y salió agua por todos lados, tal vez se tratara del enchufe de allí en cortocircuito… medito sobre ello, pero entiendo que en ese caso me habría despertado un incendio o al menos una explosión…
bañándome (prueben hacerlo sin luz, es como coger sin luz, no te ves el pito y pensás que lo tenés más grande), escucho que la pendeja me grita una conclusión “no te voy a poder planchar la camisa”… “bue, no hay problema”, le respondo… y pienso para mí mismo “mejor, no me tengo que poner zapatos; casual thursday”…
más tarde descubrí que la vecindad entera estaba sin luz… todavía más tarde nos encontramos con los de edesur rompiendo la vereda por enésima vez para arreglar el problema… la puerta a la calle es como una herida abierta que nunca sana, estoy llegando a creer que se trata de un pasaje a otra dimensión o algo así… no me extrañaría un día de éstos encontrarme con el nerviosito de lost…
lo demás es cosa de todos los días… llego 9 y 20 al subte, contento porque igual para mí era temprano… bajando la escalera pude divisar el amontonamiento y el ya clásico “Línea A con demora”…
espero un buen rato… pasa un tren hasta las pelotas… pasa ráudamente, como una pincelada desesperada, seguro que dentro iban leinho o dito… al siguiente, 9 y 35 maso, (entiéndase “más o menos”), pude hacer el esfuerzo, encontrar un hueco y subir…
la humedad y el tumulto fraternal me hacían transpirar como es habitual… iba con la automática cara de vaca mutilada viendo el paisaje de paredones ocultos, cuando caí en la cuenta de que para qué me iba a amargar… me sonreí… aunque igual me reprimí un poco, porque una sonrisa en medio de un subte apestado de gente yendo a laburar y demorada es como una bomba a punto de detonar… tampoco quería que esto terminara bien para la mierda… y tampoco quería que alguna señora cara de orto me dirigiera sus misiles ortísticos porque yo estaba con cara de contento en la panacea de la mala onda…
le puse onda, escuché un disco de mad season que bastante bajonero era pero igual… me dije racounters?, y debería haberme hecho caso, pero igual… pensé en nombrarle esta banda a cope, fede, y dt; seguramente ellos la van a disfrutar…
bajé del subte y enfilé para el lado del cabildo, a recorrer las cuadras que me faltaban hasta la oficina, esquivando el mar de gente… en el camino pensé en contarles esto, de esta misma manera, para que se entienda que al final todas estas chotadas igual no deberían cagarme el humor… y no lo hicieron… y de paso, gracias al corte de luz, hasta se me ocurrió un cuento que ahora, después de estas líneas, voy a intentar escribir… se trata de una linda idea, disparada por el hecho de levantarme y estar sin luz… buena onda no?…
pensaba en ello cuando miro al piso y me encuentro con un billete de 50 pesos… lo levanto y me doy vuelta para dárselo al dueño que tal vez sería el hombre de saco gris claro que ahora se iba con paso loco a una distancia de 15 o 20 metros… dudé, no supe qué hacer… tal vez el dinero no fuera de él… no supe… no supe… hasta que me cruzo con la cara de un pibe que expectante observaba mi actitud… y el chaval me mira y afirma, con una mezcla de hombros subidos, queriendo decir “y bue, que se joda… qué le vas a hacer?”…
el pibe siguió su camino, tranquilo seguramente porque me había ayudado a salir del escollo moral… yo seguí mi camino titubeando si darle al chaval la mitad del valor… pero ya el momento se había esfumado…
los 50 pesos están arriba de mi escritorio…
tengo en la cabeza una interesante idea para un cuento…
este texto también me ha gustado, creo…
y pensar que el día empezó con la luz cortada…

sepia sepiaria

Ver todo en sepia acaso será el anticipo de un futuro más o menos cercano? Todo debajo de la tierra adquiere ese tinte amarronado, aviejado… el calor transpirado del gordo que está chamuyando a la pendeja se me pega en la manga de la remera… ya puedo sentir el olor a cebolla seguirme hasta entrada la tarde en que logre deshacerme de mi atuendo de lunes oficinista… el olor a mezcla de malos alientos también estará, nunca faltará…

Maldigo que en un arrebato de buena política se hayan agregado por fin dos nuevas estaciones… comprendo entre lamentos que soy una especie de gata flora, pero es que parece ley que las cosas buenas nunca lo sean del todo porque siempre falta ese toque para que sean completas… primer lunes del año y viajar se hace imposible porque la masa de gente hace insoportable hasta el aire que se respira… por suerte los próximos días de la semana seguirá haciendo calor… por suerte para los que están de vacaciones… y pensar que yo lo estuve hasta hace menos de 24 horas…

Alguien atropella los alfajores que traigo a modo de presente para mis pobres compañeros, que sufrían la luz de los tubos fluorescentes mientras yo me ponía pantalla solar factor 40 para no sufrir la luz del sol de las 4 de la tarde… dónde se está mejor empiezo a preguntarme?… en la playa, o en la oficina?… en el subte, o en un Bondi?… durmiendo en casa, o escribiendo esto porque no tengo nada que hacer?…

Mis esperanzas de que la gran ciudad estuviera acogedoramente desierta se esfumaron apenas observé que había caras pegadas como moscas a las puertas del tren, que partía antes de poder siquiera pisar el anden… el color sepia venía desde arriba, gracias a mis nuevos lentes de sol, pero aquí empezaba a acentuarse… y aquí mis esperanzas saltaron de un lado a otro… será este el año en que pueda revelarme contra los husos y horarios?… lograré aplastar mis compromisos de por vida con apabullantes billetes frescos salidos de la caja de pandora?… jeje, me río de mí mismo; hace tan solo 5 días brindaba agradeciendo mis condenas asumidas en el año anterior… al fin de cuentas, parece que la vida son todos problemas, y uno está desesperado por creárselos… metas, como aprendimos a llamarlas…

Pero estoy contento… algo me dice que el 2010 está más cerca, tal vez la estadística simple de que 2009 está más cerca de 2010 que 2008… pura matemática… y que todo esté sepia me hace pensar que poray sí… poray estoy empezando a ver todo a tono de fotos viejas, de pasado… quizá estoy despidiéndome de estas circunstancias que encontré por el camino; como me despedí del 28 cuando por fin me mudé a una zona por la que no tiene recorrido…

Quién puede negarme que todo pueda ser?… hace unos días leí un texto de Cortázar sobre los subtes, y ya me daba nostalgia pensar que alguna vez podría dejar de viajar en el “A”; el mismo en el que viajaba el bestiario que escribió ese textazo que tenía mi atención… pero no es mejor que las cosas desaparezcan para poder extrañarlas?… o mejor aún: que transitarlas sea más esporádico y sin la obligación de un destino que la mayoría de las veces uno odia… a la vuelta de mi casa cortázar se juntaba con amigos a charlar, leer, escribir, boludear… vaya! todo puede ser no?…

Quién puede negarme que en 100 años alguien se encuentre con este texto y diga “puta, mirá, era un pibe nomás cuando supo que ese año dejaría de andar en subte a horarios apestosos”?

Me bajo en una estación porque parece ser que, como es habitual, soy el pibe de la puerta… miro a ambos lados como un patovica del inframundo, hasta pongo cara de malo y hago mueca con lentes dorados… cuando espero el arrebato de los que seguramente pujan por salir, caigo en la cuenta de que nadie deseaba bajar en esta estación… el tren seguiría embarazado… caigo en la cuenta también de que me siento un pelotudo… soy un pelotudo… es lunes, 5 de enero, el primer lunes del año… vaya! son casi las 10 de la mañana del primer lunes del año… debería crear una cadena de mensajes diciendo “que tengas un feliz primer lunes del año y bla bla bla…”, con mi celular…

Consulto el reloj y mis neuronas se desinflan aún más… antes, llegar tarde tenía doble beneficio: llegaba tarde y viajaba un poco más cómodo… ahora pienso seriamente en cambiar mi hábito e intentar partir alrededor de las 8 45 hacia el trabajo… no termina el tema de poison que estoy escuchando pero ya sé que no va a funcionar… podría intentarlo, pero las fuerzas extrañas que mueven mis estropeados músculos no entienden ese tipo de conclusiones… de paso aparecen otra vez las cuestiones laborales que dejé pendientes… ya se me cagó el día… encima miro a mi alrededor y la mayoría muestra el semblante de estar padeciendo los mismos males… no sería más placentero ir a trabajar si la movilidad fuera al menos aceptable?…

“No te amargues” me compadece un titular del diario del pueblo… le presto atención y entiendo que me ofrece la opción de comprarme el primer cero kilómetro… saco cuentas, saco de acá y pongo allá, pienso, repienso… no puedo… capaz que puedo… pero no, tengo otras cosas que pagar… chau cero kilómetro… además, para qué un auto si andar por la calle en uno es más peligroso que andar en bicicleta?… saco cuentas de nuevo, y me pregunto, no era que aumentar el parque automotor haría colapsar la ciudad?… bah, estoy viajando como una vaca; la ciudad ya está colapsada… a quién le importa que haya más coches en la calle?… calculo que al que los vende, o al que cobra los peajes… o al que le importa tres soretes cómo viajemos, cuánto tardemos, pero le importe mucho que esto explote… me viene a la mente la imagen de los pollos en
jaulados y viajando unos sobre otros al matadero…

Mañana vuelvo al bondi, me convenzo… por más que viva más cerca del laburo seguro tardaré lo mismo que antes… no hay regla de tres simples ni estadística que valga… dónde está la mano negra en todo esto?… miro mis manos en acto reflejo y compruebo con alivio que tengo las manos del color natural, pero…

pero…

bajo mis uñas observo que algo oscuro se refugia…

 

 

Para mi suerte extirpo mis molestias en algunas palabras, y ya el efecto de haberlo expresado me hace sentir mejor… es como cuando la alergia comienza a remitir… yo sé que la alergia estará siempre allí, pero con conciencia muchas veces logro evitarla… y evitarla se convierte en hábito y hasta llego a olvidarme de ella… hasta que nuevamente se vuelve una amenaza… será que debo enfrentarla?… será, definitivamente… será, es, como este año que hoy ya cuenta otro lunes y sigue avanzando sin percatarse… será bueno, mientras busque la forma será bueno… mientras no me resigne será bueno… todos los años son buenos, que va!, si todavía hay chance es porque será bueno…