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bizarre esquelas de un mundo en movimiento

#Edúquennos

Cuando hablo con una mujer con escote o camisa de cuello amplio no puedo evitar desviar la mirada a las tetas. Es un impulso que no tiene que ver con lo sexual, ya que no son las mismas sensaciones que me asaltan cuando veo un culo que me gusta. En realidad no me causa nada, pero sucede y me trastorna el hecho, primero porque debe incomodar a mi interlocutora y segundo porque probablemente yo esté transmitiendo un mensaje que no quiero transmitir. Entonces reflexiono que si me cohíbo tanto por una mirada sin intención sería imposible para mí bardear o manosear a una mujer.

Pero no siempre fue así. Esta sensación de incomodidad amaneció a medida que tomé conciencia de mi naturaleza sexual y la relación con los otros. Mi vieja dijo “no sos mi hijo” cuando se enteró que de chicos nos resultaba absolutamente normal y lícito ir a los boliches a dar vueltas siguiendo pibas más grandes para tocarles el culo. Contábamos las tocadas y también los cachetazos como si fuera algo heroico. Después de esas aventuras, el deseo frustrado, la autosatisfacción con culpa católica en casa. Manosear no calificaba como pecado.

No me enorgullecen muchas cosas de mi adolescencia que por esa época eran normales. Pero me parece positivo encontrármelas hoy de frente y comprometerme a combatirlas, por ejemplo educando a mis hijos de otra forma: tratando de que razonen y sean en lo posible inmunes a lo que está socialmente podrido pero aceptado, y hagan lo posible por contrarrestarlo. Educarlos para que se cuestionen todo, incluso nuestros preceptos de padres que venimos encerrados tras otras reglas. Hay derechos y obligaciones por las que luchamos pero que a los niños de hoy les son naturales y también podrán cuestionar, modificar, lo que quieran.

Hasta el día de hoy pensaba que sentirme sátiro por no poder evitar mirar a las tetas era algo normal, que como hombres teníamos nuestros complejos con los que luchar, y que la conducta aprovechadora, violenta, respondía solo a excepciones de tipos perturbados. Pero ahora que lo digo y las propias experiencias me saltan a la cara me da miedo: si de niños fuimos adquiriendo esas perversiones como costumbres normalizadas, entonces muchos, muchísimos, hombres y mujeres, con el tiempo terminaron por aceptar en sus vidas que manosear, groserear, abusar, estaba bien. O peor, ni siquiera se lo plantearon alguna vez como algo incorrecto. Conductas que unos ejercen como derecho y otros aceptan y callan por naturalización del miedo y el sometimiento de género.

Gracias a la explosión info y comunicacional hoy muchos temas de género se animaron a romper el silencio. La realidad es todavía más horrible: lo que creía excepción goza de un nivel de normalidad pasmoso, enorme cantidad de mujeres niñas, adolescentes y adultas, abusadas por familias, por amigos, educadores, religiosos, por tipos con poder, también por otras mujeres que ofician de entregadoras.

En mi cara aparecieron también actos cotidianos que como hombre no registro o no cuestiono. Por ejemplo cuando me cruzo a una mujer y ella pasa mirando al frente sin dedicarme ni una mirada, ¡porque mirarme puede dar pie a que sea todo lo imbécil y monstruo que puedo ser! Ejemplo tonto y no tan tonto válido como lo mínimo que a diario las mujeres soportan en la calle, en el laburo, en la escuela, en donde sea. Todo un bagaje de situaciones de mierda que exponen a la mujer víctima del horror comparable no sé con qué, me cuesta encontrar un ejemplo claro, pero viejo, es como estar entre zombies que, además de querer tu cerebro, primero te quieren coger y destrozarte el alma. Es pura mierda.

Pero al final, en lo profundo y concreto, se me ocurre que la cosa resulta ser invertida: toda mujer tiene más valentía que cualquier hombre, lejos, porque se banca incontable cantidad de situaciones espantosas durante toda su vida. Poray íntimamente todo se resuma en esa cuestión: los hombres nos sentimos disminuidos frente al coraje de una mujer, y nuestra reacción es la que tan cobardemente aplicamos día a día: controlar, agredir, destruir a quien tememos.

 

Como hombre reconozco que somos bastante primitivos y hay mucho de lo femenino que todavía no entendemos, sea por miedo a mostrarnos vulnerables, sea porque crecimos en una sociedad que construyó ciertos muros que hoy debemos derrumbar. Sea también porque todavía hay muchos “de eso no se habla” tapando el sol.

Los hombres tenemos que enfriar nuestras cabezas y escuchar lo que tienen las mujeres para decir, entender sin agresiones que nos gustamos, que nos amamos, que no por eso podemos adueñarnos del otro. Entender cuando nos estamos desubicando, no ponernos a la defensiva, reaprender conductas. Debemos poner en duda lo que creemos correcto o un derecho, y darnos la oportunidad de que nos eduquen en una materia que nos resulta apenas conocida.

 

Hubo múltiples marchas, y frases como NiUnaMenos contienen un enorme y complejo problema, sin embargo no cesaron los abusos ni los femicidios. Parecemos no haber entendido sobre la necesidad de trabajar juntos en decodificar el mensaje, recoger el guante, y sentir vergüenza donde antes no la teníamos. Vergüenza propia, de la que ayude a cuestionarse y modificar en consecuencia. Nadie nos prohíbe mirar y sentir, pero eso no nos da derecho a que nuestras miradas, nuestros sentidos, prevalezcan a la fuerza sobre los ajenos.

Sigamos discutiendo el problema, es la única forma de superarlo y encontrarnos con los nuevos problemas. Es hermoso recapitular la historia y pensar que antes la mujer no podía votar y hoy tiene su lugar en la política, pero también es duro ver que el día de la mujer se conmemora tras la muerte de 146 mujeres esclavizadas en una fábrica. Es jodido ver que la humanidad siempre ha avanzado socialmente sobre los cuerpos de víctimas que pusieron su vida a disposición de la historia, a merced del rigor social que no abre los ojos hasta que ya no hay escapatoria.

Dejemos de mordernos la cola y avancemos, que por delante siempre hay una revolución mucho más emocionante si la encaramos de la mano.

Amemos
deseemos
honremos
procuremos
y defendamos
que todas las mujeres
sean

En qué vuelta se recuesta el perro?

(texto publicado en la revista Arrecifes Sapiens de Julio 2011, en la sección “Lugares Comunes”)

Está comprobado que cada poblado del interior tiene su vuelta del perro. Y que los fines de semana, especialmente por la tardecita, son el momento ideal para salir a la calle a girar como todo el mundo. No hay resaca que la impida. No hay castigo más grande que el prohibirla.

Siempre atraviesa una o varias plazas principales, y suele correr más que nada por las calles y avenidas populosas. Si la vuelta incluye río, mejor; aunque sea invierno. Es el recorrido obligado si querés hacerte conocer en un pueblo. La vidriera de presentación para los forasteros, y el medidor de popularidad de los lugareños. Es la comprobación semanal de que estamos todos bien, y la presentación oficial en sociedad de los nuevos. Es el refresh de los comentarios acerca de Arastasidis o Wanchipersis.

En la vuelta del perro necesitás tener un vehículo, y alguien que te mire sentado en una vereda o caminando. Ambos actores son imprescindibles. También que se conozcan, o que alguno te conozca, o que el amigo del amigo del que te ve te conozca. En definitiva, es importante que alguno de los que te vean pueda hablar de vos. Es un escaparate ambulante, un gigantesco spiedo.

No concibo sábado o domingo sin vuelta del perro esperando a ser recorrida, al menos una vez. Qué haríamos un domingo sin vuelta del perro? Por más fútbol para todos que haya, no hay manera de romper con la tradición. Puede que exista el día de NO vuelta del perro, pero no faltará nunca el nostálgico que estará dando vueltas solo, en una Zanella, para ver qué (H)onda, si poray está ella, si él me mira, si sabrá quién soy…
Nadie puede negarse a la tentación de dar la vuelta a 10 kilómetros por hora. Por más que a muchos nos fastidie. Sabemos y reconocemos que en un momento nos sirvió y no podemos renegar de eso. Es como haberte levantado a una minita bailando cumbia y después hacerte el rockero anti tropical. No hay quien no tenga alguna anécdota dando la vuelta del perro. Es más nuestra que tu vieja.

Sin repetir y sin googlear, me pregunto: Le decimos vuelta del perro porque no se sabe cuándo será la última vuelta? O será porque el perro siempre da las vueltas sobre el mismo lugar? O tendrá que ver con alguna ruta común de paseo de los perros? Dudas que me aparecen como ronchas, mientras me rasco las pulgas.
Acá menciono, para cerrar, algunas cosas a tener en cuenta si sos porteño y de golpe te encontraste metido en una caravana de coches que dan vueltas como calesita y no van a ningún lado, sin apuro, sin lógica:

Formas de dar la vuelta del perro.

  • Básica: girando sobre vos mismo.
  • Básica doble: caminando sobre tus piernas alrededor de dos (2) cuadras como mínimo.
  • Canina Simple: Agarrar un perro y darlo vuelta patas para arriba.
  • Canina Doble: Si corrés riesgo de que el perro te muerda por darlo vueltas a lo Canina Simple, podés ponerle una correa y llevarlo de paseo por las veredas de la vuelta. Está comprobado que garpa muchísimo para llamar la atención de los demás, es como un bonus.
  • Rodante: en bici, patineta, monopatín, etc. Hay que ser osado y tenerla bastante clara para no hacer el ridículo. Suma puntos que hagas piruetas y boludeces como andar sin manos, saltar cordones, etc. Pero ojo!, hay que tener los huevos bien puestos por si sufrís un accidente bochornoso: serás el hazmerreír de muchos por muchos años. Eso sí, nadie se olvidará de vos, ni de la anécdota.
  • Motorizada Simple: En moto, ciclomotor, etc. Cuidate de evitar peinados con gel, por el viento. También hay que tener expreso conocimiento del horóscopo del tiempo para evitar el efecto adverso de piel-de-gallina por mostrar los musculitos.
  • Motorizada Doble: En auto, cuatriciclo, karting, etc. Lo más importante es bajar los vidrios si se tiene polarizado oscuro (importante tener el codo asomando); tocar bocina sin que te vean la cara le quita absoluto sentido a la vuelta. El polarizado suele ser popular entre los tímidos voyeurs que lo utilizan para resguardar su identidad y poder ver a quien les gusta. Si tenés un buen estéreo tenés que ir escuchando la radio de moda a todo volumen.

Detalles infalibles.

  • Cabecear siempre, como saludando a alguien, aunque no exista ese alguien. Hay un mito que dice que cuanto más cabeceás durante la vuelta del perro, más ascienden tus posibilidades de ser concejal, incluso hasta intendente.
  • Tener la sonrisa dibujada, como un campeón.
  • Las gafas son útiles pero no hay que abusar, cada tanto descubrir los ojos. Es cheto apoyártelas sobre el pelo, en la mollera.
  • Si no tenés nada que decir, cada tanto pegale un grito a algún amigo que sea hincha de otro equipo.

Advertencias.

  • Es importante llamar la atención siempre. Pero tiene que ser con mesura para no quedar como un pelotudo que quiere llamar la atención. Ahí está el truco, saber encontrar el equilibrio.
  • Si osás cambiar el trayecto de la vuelta del perro de tu ciudad, debes tener la suficiente popularidad como para salir airoso. De lo contrario corrés riesgo de ser devorado por las fauces del olvido.

En mi Arrecifes, como en todos lados, cambian las tendencias. Que llenamos una cuadra, que vamos a la plaza, a esta avenida o aquella calle. Sin embargo, la vuelta del perro sigue siendo la misma para cada generación. Si eventualmente cambió su trayecto, seguramente al menos en una de las vueltas iremos por esas cuadras que gastábamos de adolescentes. Porque la nostalgia te llama, es un deber sostener TU propia vuelta del perro, la de tus contemporáneos. Las demás eran o fueron luego, pero la propia ES.

ES como el kiosquito en el que parábamos y jugábamos pool. O como la heladería, o el banco de la plaza que nos pertenecía. La postura en que nos sentábamos. La moto que nos llevaba. Cada adolescente del interior lleva tatuada por el resto de su vida la vuelta del perro de su época, y no hay manera de renegar de ella, ni de arrancarla de la memoria. Porque cada esquina, cada baldosa de esa vuelta, tiene una historia, una foto, un grupito habitué, un amor. Porque al llegar, después de mucho tiempo a tu ciudad, amerita una vuelta del perro para el reencuentro. Porque es así: no sabemos cuándo volvemos, ni cuando paramos, así que demos vueltas mientras podamos.

free as a bird

Las benditas iluminaciones de un fukin lunes, a hora pico, en el subte:

1er. acto: el palomo alberto se enamora de una golondrina…
2do. acto: el palomo alberto lleva a la golondrina a vivir a su nido…
3er. acto: el palomo alberto un día llega a su casa y la golondrina se fue, dejando sólo una nota en la puerta del nido…

¿cómo se llama la obra?

alberto, migré

Work note: no te pido que cites a brodeldiome cada vez que lo cuentes, con que alguien se cague de risa el google analytics va a incrementar el nuevo contador de visitas por carcajada de este blog y en poco tiempo brodeldiome estallará de fama y trascendencia…
muchas gracias por tu contribución a la alegría del mundo…

teléfonos que suenan en habitaciones vacías

no hay nadie laburando hoy?

ya es año nuevo?

siento que estoy en un galpón vacío… como cuando estás de cumpleaños y ni siquiera tu vieja te llamó por teléfono, y en tu interior estás convencido de que se trata de una fiesta sorpresa pero, y si no?…

me recuerda a tom cruise cuando caminó por un central park vacío vacío vaciísimo… o al chavalito que se levanta después de estar en coma no sé cuántas semanas y se encuentra en una londres deshabitada, en la peli exterminio…

trabajar en vísperas de año nuevo es como querer entrar a un recital cuando acaba de terminar, o como ser el último pasajero en el bondi… es igual al pánico dulzón que te agarra justo antes de llegar al lugar al cual estás llegando tarde (siempre me pasa esto, soy ya un adicto a esta situación)…

escuchás el eco de las carcajadas por telepatía, o las leés en los correos que vienen desde alguna PC de hogar o cyber de la costa… sentís que podés apoyar el oído contra la pared y escuchar el tintineo de las copas brindándose a tus espaldas… mirás alrededor con desconfianza como cuando entrás a una reunión y de golpe todos se callan…

me resigno a escribirle estas líneas a monitores vacíos, a buzones rellenos de saludos tipificados, a transeúntes urgentes de facebook que seguro buscan qué se hace al final esta noche y pasarán de largo mi clamor desesperado…

será hora del balance, me digo… miro hacia atrás y el año fue algo tumultuoso… veo cosas buenísimas, exageradamente alegres y felices; y veo cosas tremendamente malas y dolorosas… lo bueno es que la lista es larga, y eso puede significar solo una cosa: que la vida se está viviendo… el resto no necesita balanza, no puedo saber si algo fue más malo que otra cosa buena, no necesito saberlo tampoco… es suficiente con saber que las cosas suceden, que están pasando, que estamos en plan de provocar que se desencadenen, y que estamos dispuestos a disfrutarlas y hacerles frente…

este fue un año recordable, por lo que sea que se lo recuerde ha merecido ese lugarcito en la memoria… ojalá los que restan también se ganen ese privilegio porque significará que no despreciamos el mejor regalo: la vida…

trabajar en vísperas de año nuevo al final puede estar bien… siento que estoy despidiendo al año viejo como cuando son las últimas horas de un ser querido y hacés el esfuerzo porque se sienta cómodo y vea que todo está en tren de normalidad… es abrazar a ese amigo, que se va de viaje muy lejos, con la intensidad de siempre para que más tarde no sienta la ausencia… es no despreciar al año porque pasaron cosas malas, sino apreciarlo porque también hubo de las buenas, y sobretodo porque pasaron cosas…

otra vez solitario, como siempre digo, arrojando mensajes en botellas al mar…

lean esto hoy, o mañana, cuando sea; es lo mismo…
todos los días deseo que tengan paz y que su historieta merezca ser contada…

los abrazo…
q.

hannibal lenter

La mina viene acercándose, me clava la mirada, ladea el cachete. Puedo ver de refilón el brillo cóncavo sobre la mejilla, un arco luminoso, un amanecer grasoso que viene a despertar mi letargo matinal.

Sonríe dientes manchados de lápiz labial. Antes de escuchar el buen día, ya me pregunté mil veces porqué hay mujeres que se pintan los labios sin aprender a no pintarse los dientes?, porqué hay mujeres que se pintan los labios sin aprender a no pintarse los dientes?, porqué hay mujeres que se pintan…pintadientes

-hola… cómo estás?…- Respondo.

Ella termina por llegar a chocarme, primero estacionando sus gruesas tetas en mi hombro. Luego el cachete disparando una red pegajosa que se adhiere a mis pastos crecidos y los dejará aplastados y embarrados como juncos después de la tormenta. Y por último, termina de llegar y me golpea con los lentes. Me estampa duramente el anteojo de lleno en mi ojo, el derecho, el mismo que se pone temeroso cada mañana cuando la veo llegar entusiasmada con la intención de dar el buen día.

Dios… pedazo de buen día.