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)crónicas dentro del arte(: de un tiempo a este arte

De un tiempo a esta parte, digamos que más intensamente en el último año, me animé a subir a escenarios diversos, más que nada a leer poesías que suelo escribir por vicio. En general leer poesía es algo estándar, pero gracias a grandes partenaires en ocasiones la cosa mutó en perfo actoral con algunos condimentos de expresión, pintura, y atuendos acordes a la búsqueda del momento. Incluso llegué a leer sin leer.

Varias de estas intervenciones fueron movilizadas en ámbitos de lectura habituales, pero también en otros espacios menos ortodoxos para la disciplina, gracias a un colectivo de artistas que se armó en mi ciudad Arrecifes. Lo llamamos Antón Pirulero, en alusión al lugar físico que se había conseguido y jugando a que cada cual atendía su juego. La experiencia resultó en tres fiestas increíbles, distintas todas, inolvidables también.

Cada fiesta tuvo su impronta, y en cada una me tocó hacer algo en el escenario. En la primera leí poesías acompañado de Karen y Maira que hacían expresión corporal a mi alrededor. Para la segunda doblamos la apuesta: mientras leía, a mi lado estaba Valeska pintando un cuadro y cada tanto nos interveníamos mutuamente.

La tercera fiesta fue la más incómoda para mí. Tenía que hacer un monólogo luego de una perfo estilo ritual y presentar a una banda maravillosa, invitando a la fiesta, disfrazado de una especie de chamán. Me determiné a no leer esa vez, sino hablar, pero no siempre la confianza te juega a favor. Subí conmovido por el ritual que habían terminado de hacer las chicas, envuelto en emociones encontradas por cosas internas en el grupo, e irresponsablemente picado (léase: amortigüé la espera con alguna copa). Un cóctel que me detonó en la cara cuando el reflector me encandiló y me interpeló, desnudándome delante como frente a un espejo.

Nunca llegué a decir todo lo que tenía pensado decir. En una noche donde muchas cosas no funcionaron como esperábamos yo acompañé con mi inmadurez artística. Lo llamo así, aunque no sé cuándo un artista puede ser maduro: ¿acaso cuando ya no puede innovar? No sé. Lo cierto es que la sensación que tuve al bajar fue de haber defraudado al grupo Antón y a mí mismo. La experiencia completa quizá la suba en otro post que supongo se va a llamar “Lo que quería decir es…”

AntónPirulero
De experiencias como esas y de otra experiencia que tuve dentro del arte (como me gusta llamarle), viendo la obra Desterradas, dirigida por Javier Marra, aprendí algunas cosas:

Primero: que los errores no garantizan un fracaso, así como los aciertos no garantizan el éxito, ya que la noche resultó fabulosa e inolvidable para los pocos que la presenciamos.

Segundo: la propia incomodidad puede resultar en algo mejor de lo esperado. Así sea bloquearse y boquear como pez fuera del agua.

Tercero: la única manera de que algo te quede haciendo vibrar las cuerdas internas es forzando las experiencias. No se viven grandes cosas si las esperás en tu sillón de sábado por la noche: no te vienen a buscar, te están esperando.

Cuarto: No es por mojarle la oreja a quienes no asistieron, sino por reconocer que los hechos inolvidables suceden y ya, la explosión de magia, de energía, no espera el momento en que se reúne más gente, sino aquél en que la química ordena sus componentes para conmover e impactar con su espectáculo. El arte no necesita ser masivo para ser maravilloso, y encima, cada vez me convenzo más de que cuanto menos gente está enfrente lo que el artista exponga resulta más auténtico. El público reducido desafía al artista, le exige el doble. Y el artista suele responder, porque está ahí movido por esa maravillosa energía que no se puede explicar, simplemente se manifiesta. Hay más interés de ambas partes porque aquello resulte especial.

Esas cosas demuestra el arte under que solemos frecuentar, obras de teatro, lecturas en bares, o ver bandas que casi no suenan en las radios. Ninguno de ellos te cobra arriba de 100 pesos, difícil que compres la entrada por ticketeck. Muchos te piden que consumas algo en la mesa del bar para que haya futuras oportunidades o van a la gorra 30 70. Y todos, ¡vaya cosa del arte!, resultan más auténticos que ver a una banda en un festival para 30000 personas tocando su tema hiteado hasta que le coge los oídos pero le llena los bolsillos.

 

En la obra Desterradas hablan mucho de esas cosas Allí se postula que la vanguardia es algo que vas a entender en 20 o 30 años. La vanguardia funciona como un mecanismo de defensa para sostenerse: hoy la puesta under ofrece un sinfín de cosas, muchas de ellas olvidables, y otras muchas recomendables con lágrimas en los ojos. Desterradas es de éstas últimas. Tiene esa cosa interesante, como una cosquillita inquietante, que te avisa que estás viviendo un eslabón de la historia.

No olvidaré jamás (y ojalá pronto aparezca un registro en youtube, ponele) de la decapitación chinesca, en una puesta en escena maravillosa, no por lo majestuoso sino por el logro ambiental. Todo en la obra resulta sencillo y a la vez de una complejidad pasmosa. Se te adelanta que va a estar todo explicado, y así lo está: no quisiera aventurar ninguna conjetura porque en efecto la obra se explica a sí misma. Sin embargo, queda la puerta abierta del “algo” oculto que podés o no buscar, y tal vez encontrar.

La exageración y los excesos del estilo clown garantizan, gracias a las actuaciones y la dinámica del relato, la risa sincera y espontánea. El humor inteligente que a veces se te ríe en la cara porque también podés quedarte afuera. La obra sucede en varios planos, y entonces, como la vida, te toca lo que estés mirando y lo otro se escapará por su lado. Como punta del iceberg aparece la incomodidad que sufren los personajes atravesando una situación que nadie entiende asociada a la incomodidad del público (porque se lo incluye en esas incertidumbres). Y todos por igual refugiándonos en lo resulta conocido, que en definitiva es lo que protege aunque no necesariamente sea el camino a una salida. Ese juego de desacomodar es parte de la vanguardia: sólo desprendiéndonos de lo que nos protege tendremos oportunidad cierta de crecimiento.

Desterradas
Desterradas son: Lu Wiederhold, Claudia David y Cecilia Vera

Con esta obra, así como con aquellas fiestas que ocurrieron en mi ciudad a cargo del grupo Antón Pirulero, tuve las mismas sensaciones: por un lado el abandono del lugar de confort para experimentar y ser experimentados, y por el otro la sensación de que algo irrepetible y ciertamente histórico estaba sucediendo. Y para mi lo fue. Entonces para mí se trata de una sentencia: viví momentos únicos. Pero lo más valioso, lo más rescatable, es que una expresión artística te haga sentir así, siendo parte o estando en el público.

Las fiestas Antón pasadas no serán repetidas en cuanto a repertorio, pero de algún modo esperemos que se repitan. En cuanto a Desterradas, lo que se sabe es que quedan tres funciones, con entradas limitadas, así que voy a decir lo que postulan en la obra (y que por cierto es el ánimo con que hago estas crónicas): si les gustó, recomienden, y si no, se callan la boca. Elijo siempre eso: hablar y recomendar cuando algo me ha conmovido. De críticos está lleno el mundo.

 

Gugaur sinb

*cnsdupsos

Algo me dijo que tenías un nombre,chiocca 002
que eras diferente,
que amanecías a deshoras, casi antes que el mundo.
Esa voz no sé
si me hizo bien,
si fue piadosa, si quiso
deshacerme
para atomizarme
y que luego levante la cabeza.

Ver que la hierba huele distinto,
recordar un atardecer,
extrañarte…
Todas cosas que sin nombre no podía
explicármelas ni resguardarlas.
No sé si esa vos me hizo bien,chiocca 007
me hizo único, eso sé,
pero ¿estoy bien?
Todo lo de atrás se ha oxidado,
como una fe,
y ahora que busco escucharte de nuevo
empiezo a desconocer
el idioma en que ojalá
estés intentando comunicarte

 

 

*pófkofs

Hoy junté mis manos.
¿Parece mentira no?
Pero fijate, con los dedos…chiocca 008
tenemos algo más que alas…
Ya veo que no te entusiasma
esto de andar explorando
pero ¿qué relieve tendría el mundo
si miramos todos para un mismo lado?
Ya sé, corro peligro,
pero al menos teniéndote de testigo
habremos servido para algo…

¿Servirle a quién?
a quien vos quieras
a alguien que no seas vos,
y así aprendas
a romper el cascarón.
Que nos juntemos en una marea
que sople y haga olas.chiocca 003

Me contradigo, si:
Te pido que seas individuo
de cambio
para mover el colectivo.
Somos contradicción,
pájaros que no vuelan
pero compiten por sus alas.
Renegamos de cada paso,
miramos el viejo camino con aprecio.
Extrañamos el pasado,
vuelto una nube naif.
Cada paso dado,
por más que errado
ya no da miedo…
si es pintura que se está secando.chiocca 001

Nos encantaría ser así de inocentes
pero cuidándonos de lo que viene.
Parecemos no querer ver
que la inocencia es
la más pura de las osadías.

 

 

*popaofaminc

De todos modos así debe de funcionar
montando barricadas
contra nuestros deseos
Volverlos anheloschiocca 006
Sentarnos a ver
quién se atreve a luchar por ellos

Cuando estemos del otro lado
el deseo será
levantar barricadas

\el uno descubrió a otro uno/
/el dos descubrió el placer,
la posesión,
la prohibición\
/entonces, el deseo\
/el uno se descubrió a sí mismo
y se protegió
se tapó las armas del deseo,
descubrió mostrar el erotismo\chiocca 005
/el hombre ahora se siente atado,
encerrado en cárceles de tela,
de ladrillos,
cárceles de papel y palabras,
de dogmas y mandatos\
/y nombra su anhelo, libertad\

\Como si uno no fuera su mayor verdugo:
la libertad empezó a morir
el día que alguien le puso un nombre/

* Estos textos están inspirados en pinturas de Sergio Chiocca-Kaufer (imágenes). La muestra de la serie “Azul Antropopájaros” se encuentra actualmente en Mendel Libros, Paraguay 5163, CABA.

)crónicas dentro del arte(: las formas

El otro día escribí las siguientes líneas urgentes en una red social:

me acabo de dar cuenta que no me gusta que todo encaje…
la forma, la cosa está en el amor por la forma, por lo que desacomode…
la naturaleza es la forma, es la que todo el tiempo está desacomodando…
el arte quizá sea la desesperación por reproducir la exactitud del desorden…

Luego se dispararon varios comentarios, a la charla contribuyeron varios amigos (Tini, Javi, Pablo, Juan), y surgió un pequeño intercambio interesante:

(Juan) “Te metiste en un quilombo, llegaste al límite. Composición versus organización, problemita si los hay. Agarrate!”

(Quito) “muchas veces la locura es el camino más concreto…”

(Juan) “Romántico, pero no hablo de eso, hablo de modos de producción”

(Quito) “Producción artística desacomodada, contra planes establecidos, la falla como belleza, el error, sobretodo el error q me convence cada día más que será el acierto (de qué? quién sabe realmente qué es lo que está buscando?)…
así de romántico lo digo: el engranaje que se desacomoda acaso provoque que la máquina transite inesperados caminos…”

(Juan) “ Eso que tan bien describís es un modo de producción, modo composición, lo “incluye” al todo, modo arte, opuesto al modo organización que es excluyente de ese todo, modo capitalístico.”

(Quito) “el modo que te mantiene incómodo constantemente, porque quiere encuadrarte, encajarte, amoldarte… porque resulta sencillo de manejar lo que es acomodable… pero por fuera está todo lo demás, lo que está inquieto e incómodo, ahí palpita el arte, aunque a veces parece sucio, desprolijo, quizá sea el arte más vivo…
masticándolo, pienso, vamos y venimos a esto: para inquietarse tiene que haber algo que esté queriendo doblegarte, y para doblegar tiene q haber algo que esté desequilibrándose, el va y viene infinito donde cada cual ocupa el lugar q le corresponde y aparte los otros, los que nacen para ir pateando fichas de los dos tableros porq no pueden contenerse en nada, y tmb porq tras la acción está la reacción y la culpa…
(acaso la duda grande: ¿ser o no ser parte de este tercer grupo inestable?)”

 

Muchas notas pueden escribirse solas con la reunión de varios comentarios. Hubo uno de Javi (director de una de las obras que quiero comentar), que dijo “Totalmente de acuerdo, ya sabés por qué!!”.

Sí, ahora que releí la conversación que surgió, sé por qué. Porque razonar las necesidades espirituales tiene mucho que ver con las experiencias que uno vive, y cuando, por caso, uno se involucra con obras de teatro u otro tipo de expresión artística, se deja llenar de incertidumbres y siembra nuevos pensamientos.

Cuando quiero hablar de experiencias con el arte (éstas crónicas que cada tanto disparo), intento hacerlo desde el lado de las sensaciones, de los resultados, de las cosas que valoré. Lo técnico me tiene sin cuidado, básicamente porque prefiero hablar del arte al respecto de su sustancialidad y no de su ejecución, además de que soy muy limitado técnicamente.

Días después de ver estas dos obras, fue que tuve esta especie de epifanía y se liberaron ciertos razonamientos que me hicieron advertir lo que antes había sentido.

 

El diente hincado.
DienteDeLeónLa primer obra que vimos (como mi esposa), Diente de León, ofrece un escenario que puede ser lo que quieras ver, con una fotografía sugestiva: una especie de plaza cubierta de papel desgajado, y un sillón, envueltos de un clima cuasi desolado. Esos elementos y la protagonista que se mueve con ellos, y entre ellos, evidencian que la transmisión de los mensajes no necesita de palabras.

Con el correr del relato habrá otro par de elementos que permitan transitar los estados emocionales de la protagonista, el descubrimiento, la desesperación, la propia aceptación. Un abanico de estados tan personales que se hace imposible no sentir empatía con lo que está pasando, incluso sentir el impacto íntimo. La forma visual que estalla con el movimiento (la combinación de expresión y destreza en el aro), es demoledora.

La interpretación será libre: lo que no necesita palabras para transmitirse prescinde de palabras para interpretarse.

 

Lo oculto.
TrupofTrupof tiene a 4 actores en escena, pero en realidad son muchos más, múltiples máscaras y personajes. Tal vez la mayor parte de ellos escondidos detrás de lo innombrable, personajes que me arriesgo a decir que hasta se guionaron solos, saltando a escena desde lo profundo de los protagonistas.

Con público reducido y muñido de linternas, la puesta en escena es sencilla y a cuarto oscuro, con una propuesta interesantísima: iluminación apuntada. No hace falta mucho para imaginarse que cualquier mínimo destello abre cancha dentro de la historia, que incluso puede llegar a modificarse a merced de la permeabilidad para con el público que de algún modo tiene licencia para intervenir con su propia iluminación.

El contendido, otra vez, es algo no spoileable. Una historia que se arma de a pedazos, como fichas que van cayendo en el tablero, aunque todo esté siempre ahí. Y detrás de todo: lo que llena, lo que invade cada instante en que tomamos una decisión o estamos a merced de un destino.

 

Ambas obras son impactantes. Permanentemente demandan al público su atención, y por qué no su acción. Alcanza con decir algo que fue maravilloso visualizar cierta vez en el taller de narrativa del maestro ninja: se trata de historias que son como una cebolla, podés verlas completas sin demasiado esfuerzo, pero la obra misma te ofrece capas para ir desgajando y llegar a profundidades y conclusiones mucho más poderosas de lo que pensabas al principio.

Pero antes que eso, y sobre eso, el desencaje de la forma. El acierto de incomodarnos, conmovernos en lugares impensados. Los dos directores buscan moldear y ofrecer la obra sin reglas preestablecidas. Todo el tiempo proponiendo y probando, jugándose al desamparo. El gusto por caminar el barro o las paredes, por desamoldar y desamoldarse, por dejarte con una espina. Porque algo es posta: tras cualquiera de estas obras, algo te queda clavado y se te va hundiendo sin notarlo. ¿Qué mejor que eso? ¡Que el arte no nos deje ilesos!

 

)crónicas dentro del arte(: los forastreños

Cuando se habla de exilios, solemos remontarnos a épocas de dictaduras en que algunas personas tenían que huir del país para evitar ser desaparecidas. Hace poco hubo un debate en un programa de televisión abierta, donde discutían si era correcto utilizar la definición exiliados económicos para los que se fueron en 2001 a trabajar en Europa. En ese tren podríamos decir que exilio también fue el de muchos de nuestros ancestros cercanos, llamados inmigrantes, que vinieron huyendo de una guerra y su hambruna (cosa que siempre causan las guerras, aparte de infinitas muertes por bala directa).

Creo que también existen otros tipos de exilios que, aunque menos peligrosos, igualmente afectan al individuo de manera suficiente para forzarlo a moverse de sus orígenes. No sé si llamarlos económicos. Quizá sociales, quizá culturales.

De algún modo, en esa línea del exilio creo que nos encontramos muchos de los que hoy por hoy vivimos en otros lugares que no son el de nuestro origen. La intensidad es distinta, está claro, pero encontrarte con una profesión que no tiene lugar en tu ciudad natal, o siendo artista sin espacios donde mostrar tu arte o sin gente interesada, o deportista que busca proyectarse profesionalmente en disciplinas que no sean fútbol y automovilismo; te hace sentir que en realidad como que te están echando. Después, estar afuera te hace renegar desde afuera, y hasta puede ponerte en el lugar del culpable por no haberte quedado a ayudar; para terminar en discusiones desde dos márgenes del río, ambas con su parte de razón.

Está bien, hablamos igual de emigraciones dentro de un mismo país, pero las burbujas, en distintos tamaños, siempre representan más o menos lo mismo. Mi hermano me dijo una vez acerca de irse a Buenos Aires: es una cárcel igual… una cárcel más grande, pero cárcel al fin.

Exiliados y todo, vi que también, cumplidos los ciclos, los sentimientos se amansan. Y empezás a ver con mayor claridad hacia atrás y hacia ahora. Te permitís disfrutar de tus lugares, desde el lugar que ocupás en ellos, con una mirada de espectador privilegiada. Porque no sos ni lugareño ni forastero, más bien serías un forastreño. Un habitante híbrido que toma de las dos fuentes. Puede suponerse un ideal, pero en realidad para un forastreño, siempre están los kilómetros separándolo de algo, y siempre tiene que estar eligiendo y postergando. Siempre te sentís a mitad del camino.

Con la flaca, en condición de forastreños, tuvimos la suerte de disfrutar de dos espectáculos maravillosos en la ciudad que nos parió. Un show de blues infernal, y una obra de teatro musical majestuosa.

La Novicia Musical

Esta obra que vimos en Arrecifes también habla de exilios. Dos exilios. Uno del tipo ideológico, como el primero de los que mencioné; y otro más bien sociocultural. Si bien está tomada por el lado más simpático de la historia, y contada en formato de musical, no deja de ser un relato que grafica de buena manera la gravedad de encontrarse entre la espada y la pared (metafórica y literalmente), por el solo hecho de no estar de acuerdo con algo o alguien en un caso, o por actuar distinto a lo convencional, en el otro.

Si bien la obra transita por otros caminos, especialmente enfocada en mostrar cómo una aspirante a novicia es invitada a claudicar, lentamente se vislumbra lo que será la parte fuerte de la historia. Hasta que en un pasaje la obra te toca los pelos de la nuca y te agarra las tripas desde adentro, para decirte al oído que había que tener miedo, que ESO, seas mayor o niño, era para cagarse las patas posta. El malo bien malo de la historia, se encarga de equilibrar y ponerle la sal justa a una obra redonda en cuanto a ternura, comedia, y drama.

Nunca me emocionaron mucho los musicales. Pero no recuerdo haber visto ninguno en vivo; todos los que padecí fueron en películas. Y lo bueno de ese antecedente es que aún guardaba esperanzas de que en esta oportunidad fuera distinto el sentimiento. Este musical, no sé los demás, fue algo maravilloso. Una banda tocando en vivo toda la obra (tooooooda la obra, que dura alrededor de 3 horas), y los actores cantando casi todo el tiempo. Un nivel de canto zarpado, desde la Novicia hasta los 7 niños. Desde el Capitán hasta la Madre Superiora y su coro de monjas. Fenómenos. Profesionales. Gente que abruma con sus ganas y su talento.

Todo este grupotototote de gente, enormeeeee, hizo esto (10 funciones en total), por recaudar fondos para recuperar el Teatro Español. Una catarata arrolladora que seguramente cumplirá con el objetivo de reavivar esos fuegos apagados contra el arte y la cultura toda. ¿Cómo no conmoverse? Como forastreños, nos movilizó venirnos a estar, apoyando, acompañando. Y lo hermoso es que sentimos que nos regalaron un gran momento, que estuvimos presentes en un suceso irrepetible. Ojalá, igual, se repita.

Botafogo

El ambiente del pasaje Albania es muy íntimo. Mucha onda, repleto de mesas y sillas fuera de serie. Todo a la venta. En medio de etiquetas con precios, y tapas de discos de Sandro, una medialuna con los instrumentos. Noche de blues convocada por la revista Arrecifes Sapiens. Ojo!, cierre de un ciclo de varias noches de alta calidad musical.

Con el lugar lleno, casi podíamos hacerle una cejilla a Botafogo. Nos hablaba a la cara, nos charlaba con la guitarra. Se podía sentir la música oleando entre la gente, provocando un clima cercano a lo místico. No solo por lo que pueda generar Don Vilanova, sino también por la onda que el público había arrastrado hasta ahí.

Visualmente son postales de momentos inolvidables. Oportunidades que la música no desaprovecha y se permite demostrar por qué es tan mágica; y por qué no es sólo un don de la humanidad que dispone de la habilidad para el instrumento, sino de la naturaleza misma. Ahí, cuando se vuelve una comunión, un todo entre ejecutantes y expectantes, es que se palpa la magia, la posta.

Y dije, no fue sólo Botafogo. También fueron una banda de músicos locales, comandados por Tucho, Seba y Mati, que fueron invitando a un montón de gente piolona que sabe ponerle piel a la canción. Poderosas voces femeninas, zarpados guitarristas, un armoniquero de las viejas huestes. Todo en un tire y afloje que terminó a todo culo con un devuelto Vilanova al escenario, y duelos de viola incendiarios. Violeros que se muerden la lengua y no sólo los escuchás, sino que les sentís eso que los está poseyendo.

Todo organizado por Pato Fierro, en su intento por juntar fondos para sostener la revista literaria Arrecifes Sapiens en la calle y gratuita. Otra muestra de fuerza conjunta para empujar un carro que muchas veces se vuelve imposible de tantas piedras que cruza en el camino.

Hacer arte es una forma de matar el exilio. Una forma de ocupar ese espacio que sentimos que necesitamos ocupar. Hay algo que te arrastra hacia esa necesidad, que también es una pertenencia. El artista en una búsqueda desesperada de algo, sin saber qué. Ahí quizá una de las diferencias, ya que el exiliado sabe a dónde quisiera volver, o por lo menos qué extrañar.

Arrecifes, mi ciudad, de golpe se abalanzó a matar el exilio cultural del que estaba presa. Lugareños y Forastreños decididos a matar la pereza, a ajusticiar el tiempo con sus inquietudes. Y no sólo por hacerlo (que ya es loable), sino también por que siga reproduciéndose. Por generar más espacios, reabrir un teatro, darle aire a una revista literaria. Yo me pongo de pie, y hago lo que puedo e intento hacer desde mi lugar: dedico estas palabras para que el eco tome fuerza y no desaparezca en anécdotas de qué hiciste el fin de semana?

Sigo aplaudiendo de pie a estos artistas que son flores, primavera que mi pueblo andaba necesitando…

PD: cito unas palabras de Tucho Duzac en Facebook, a propósito de otro evento del mismo tenor, en donde muchos artistas se juntaron a honrar a L.A.Spinetta: “…gracias a el publico local que nos demostró que la evolución de una sociedad comienza(en parte) por apoyar su cultura

)crónicas dentro del arte(: veo veo

(crónicas dentro del arte): al ver verás en wallrod

Con mi hijo tenemos una adicción en común: nos colgamos mal con las visualizaciones de winamp. Casi a diario tenemos sesiones, frente a la PC, de música y visualizaciones psicodélicas. Una maravilla de invento. Sueño, y es posta, con algún día tener un proyector para tenerlas en alguna pared de mi casa mientras la música suena en todo el ambiente.

Filtremos. Saquemos a la gente que no disfruta de la música. Saquemos también a los que no gustan de las imágenes flasheras. Saquemos a la gente que no sabe que existen las visualizaciones de winamp. Saquemos a la gente que las conoce pero que no las consume. Saquemos a los que ven winamp en su casa. Saquemos a los que estaban viendo the wall en river, ese viernes. Saquemos a los que no tenían ganas de ningún plan de viernes. Saquemos a muchos que no tuvieron la suerte de enterarse a tiempo. Quedan 20 más o menos. Los 20 que opinaron que no estaba mal ir a la terraza de un Espacio de Arte a escuchar y ver. Y vieron.

Estar metido dentro de las visualizaciones de winamp es un delirio. Imaginen. Que esas visualizaciones cobren sentido, te transporta. Imaginen.

Por alguna razón, me encantan las terrazas. Ver el mundo desde una altura, desde una claraboya al aire libre y anónima. Apreciar las tonalidades de la urbanidad en sus entrañas. La urbanidad no compartida. Es como ver un hormiguero de gente. La intimidad de los corazones de manzana. Futurista, me dijo Javi. Si, el futuro de las ciudades está en sus entrañas. Quizá donde está condensado el pasado. El presente es la calle, lo que siempre “está sucediendo”.

No es multitudinario. Son apenas un puñado de almas cruzadas por alguna mirada, por algún conocido en común, por alguna necesidad lejana de intensidad conjunta. El ámbito, se me antojó como las realidades que leí en muchos libros. Esas situaciones que vomitaban gente zarpada al mundo. La cocina del arte. Lo sub de lo híper. ¿Dónde se hace el arte si no es en su primitiva condensación? ¿Cómo se hace sin estar rodeado de esos héroes anónimos que tendrán la humildad de sólo mencionar que frecuentaban a tal o cual, o poray mostrar tímidamente una foto borrachos y fumados, o mejor? Tendríamos mucho para hablar de esos héroes sin tumba, tanto que son también el artista. Será en otro texto.

Crear esos espacios, estar en ellos, ser parte; es todo un juego maravilloso. Uno agradece esa anormalidad del alma, que lo hizo frecuentar puertas. Las puertas que se abren a otros mundos, maquilladas de hogar sencillo, sin pretensiones, sin altanería. the doors.

Al ver verás. En la terraza de Wallrod. Edificios alrededor. Casas y cosas habituales que significan apenas un paisaje urbano de tantos. Apuesto que si desapareciera algún edificio de esos, casi no lo percibiríamos. Antes de al ver verás. Después de ver, verás. Y el paisaje será diferente. No todos los días se arremolinan vicuñas para interpelarte en tu propio territorio. Al ver verás.

Los edificios vienen a vos y son protagonistas. Hay un televisor protagonista que titila en telefé. Alguien se está duchando en medio del mar. Alguien está cenando con bailarinas que le saltan por encima. La ciudad está más cerca. Vos estás dentro de ella, y dentro de una realidad paralela. La música se te antoja en el mundo. Te juro que en un momento esperé la nieve en la cara.

Las imágenes van y vienen, se multiplican. El universo en dos tanques de agua. El universo encima tuyo. Y la cabeza que te pide la dejes ordenar el mensaje. Porque está convencida que esto no termina. Ideas que germinar. Al ver verás.

Al ver verás. Un simple juego de palabras. Tan profundo que si lo ves, verás. Si no entendiste nada, simplemente es porque aún no viste.

Canal youtube: http://www.youtube.com/user/alvrvras

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