semeoc

by quito on junio 25, 2015

[]

se me ocurrió la muerte
como algo perfectamente posible
mañana antes del atardecer
y no tuve miedo
si es un umbral
que todos cruzaremos

se me ocurrió la muerte
como otro cascarón
por fin roto

epidemia

by quito on junio 16, 2015

[]

la mujer custodia el banco
hipotecario desde que
laburo en capital
y antes también creo
una víctima del 2001
puede que no importe
a nadie importan las víctimas
que solo mueren en un limbo
fastidian estorban
muestran los dientes que no

la mujer
grita abuchea reclama
increpa al que sale
hay días que anda agazapada
entre columnas hablando sola
quejándose a horario
sin registrar ausencias
espectro implacable

un trabajo no muy
distinto del nuestro
apenas lo distancia
el qué lado de la puerta

#Edúquennos

by quito on junio 5, 2015

 

Cuando hablo con una mujer con escote o camisa de cuello amplio no puedo evitar desviar la mirada a las tetas. Es un impulso que no tiene que ver con lo sexual, ya que no tengo las mismas sensaciones que al ver un culo que me gusta. En realidad no me causa nada, pero sucede. Sin embargo me trastorna el hecho, primero porque debe incomodar a mi interlocutora y segundo porque probablemente yo esté transmitiendo un mensaje que no quiero transmitir. Entonces pienso que si me cohíbo tanto por una mirada sin intención, me resultaría imposible bardear o manosear.

 

Pero no siempre fue así. Esta sensación de incomodidad amaneció a medida que tomé conciencia de mi naturaleza sexual y la relación con los otros. De hecho, cuando éramos chicos nos resultaba absolutamente normal y lícito ir a los boliches a dar vueltas siguiendo pibas más grandes para tocarles el culo o la concha. Contábamos las tocadas y también los cachetazos como si fuera algo heroico. Después de esas aventuras, la paja en casa, el deseo frustrado, la culpa de niño católico. O sea, ufffff, fijate que hasta me sentía más culpable por una paja que por vejar a una chica.

 

No me enorgullecen muchas cosas de mi adolescencia que por esa época eran normales. Pero me parece positivo encontrármelas hoy de frente y comprometerme a combatirlas, por ejemplo  educando a mis hijos de otra forma: tratando de que razonen y sean en lo posible inmunes a lo que está socialmente podrido y lo contrarresten. Educarlos para que se cuestionen todo, incluso nuestros preceptos de padres que venimos encerrados en otras reglas por más que luchemos por derechos y obligaciones que a los niños de hoy les son naturales y también podrán cuestionar, modificar, lo que quieran.

 

El Manija en la marcha.

 

Hasta hoy pensaba que sentirme sátiro por no poder evitar mirar un hueco entre las tetas era lo natural, que como hombres teníamos nuestros complejos con los que luchar y entonces la conducta aprovechadora, violenta, abusadora, respondía a excepciones de tipos perturbados. Pero ahora que lo escribo, y que desempolvé mis experiencias, me salta a la cara: si de niños teníamos esas perversiones adquiridas como costumbres normalizadas, entonces muchos, muchísimos, hombres y mujeres, con el tiempo terminaron por aceptar en sus vidas que manosear, groserear, agredir, abusar, estaba bien. Conductas que unos ejercen como derecho, y otros aceptan y callan por naturalización del miedo.

 

Con todo lo que se discutió por la marcha, la realidad todavía fue más horrible. Afloró que lo normal es lo que como un estúpido naif creía excepción: enorme cantidad de mujeres niñas, adolescentes y adultas, abusadas por familias, por amigos, educadores, religiosos, por tipos con poder, también por otras mujeres que ofician de entregadoras. También surgieron actos cotidianos que como hombre no registro o no cuestiono. Por ejemplo cuando te cruzás a una mujer y ella pasa  mirando al frente sin dedicarte ni una mirada, ¡porque mirarte puede dar pie a que seas todo lo imbécil del orto que podés ser! Ejemplo tonto y válido como lo mínimo que a diario las mujeres soportan en la calle, en el laburo, en la escuela, en donde sea. Todo un bagaje de situaciones de mierda que ponen a la mujer en una situación de horror comparable no sé con qué, me cuesta encontrar un ejemplo claro, pero viejo, es como estar entre zombies que, además de querer tu cerebro, primero te quieren coger y destrozarte el alma. Es pura mierda.

 

Al final, en lo profundo y concreto, la cosa resulta ser invertida: toda mujer tiene más huevos que cualquier macho, lejos, porque se banca incontable cantidad de situaciones espantosas durante toda su vida. Poray íntimamente todo se resuma en esa cuestión: los hombres nos sentimos disminuidos frente al coraje de una mujer, y nuestra reacción es la que tan cobardemente aplicamos día a día: controlar, agredir, destruir a quien tememos.

 

La flaca y Júpiter. La frase es de Gabriela Cancellaro

 

Ojalá no se banalice el tema y habiéndose hecho visible sirva para disparar un gran cambio. Como hombre reconozco que somos bastante primitivos y hay mucho de lo femenino que todavía no entendemos, sea por miedo a mostrarnos vulnerables, sea porque crecimos en una sociedad que construyó ciertos muros que hoy debemos derrumbar. Sea también porque todavía hay muchos “de eso no se habla” tapando el sol.

 

Los hombres tenemos que enfriar nuestras cabezas, ambas, y escuchar lo que tienen las mujeres para decir, entender sin agresiones que nos gustamos, que nos amamos, que no por eso podemos adueñarnos del otro. Entender cuando nos estamos desubicando, sin ponernos a la defensiva porque debemos reaprender conductas. Poner en duda lo que creemos correcto o un derecho, y darnos la oportunidad de que nos eduquen en una materia que nos resulta apenas conocida.

 

Hoy es el día después. Ya no podemos discutir si está bien la marcha, si está bien marchar o no. Ya no importa eso. Hoy, mañana, todos días después, deberemos trabajar en decodificar el mensaje, recoger el guante, y sentir vergüenza donde antes no la teníamos. Vergüenza propia, de la que ayude a cuestionarse y modificar en consecuencia. Nadie nos prohíbe mirar y sentir, pero eso no nos da derecho a que nuestras miradas, nuestros sentidos, prevalezcan a la fuerza sobre los ajenos.

 

Sigamos discutiendo el problema, es la única forma de superarlo y encontrarnos con los nuevos problemas. Dejemos de mordernos la cola y avancemos, que por delante hay toda una revolución que va a ser mucho más emocionante y hermosa si la encaramos de la mano.

me gusta creer

by quito on mayo 28, 2015

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cuando te confesé que me había quedado
manija de ver las x-men
completaste al pasar con
que vos también
la tasa de café a medio camino
soñaste toda la noche

júpiter es un trompo matutino
a los gritos
y yo después de algunas horas
descubro que hay una simbiosis
que se crece juntos como
plantas que mezclan troncos
que dejar lavados los platos
no es heroico pero
dice sin pantallas
sin subtítulos

algo de osadía habrá en
construir escaleras juntos
barandas y puertas para protegernos
del peligro de trepar alto
sin manejar el equilibrio
llenar de aire viciarlo
con nuestros temores
hacerles lugar aceptarlos
en los rincones del hogar
monumento espiritual
que no permito me roben las religiones
que nadie me venda
que responde a normas de un dios
me gusta creer cada día
que se trata de libertad
elegir con quién se coje
se ama se esconde
con quién se habla de política
o se le confiesa un error
a quién le exponés
lo que te apasiona hasta doler
me gusta creer
que los queda mal morirán
como los pedos en la mano que son
que pelear con nuestros hijos
también es educarlos
es mostrarles los dientes
y la naturaleza cabreste
que nos vean equivocarnos
y aprendan a disculparnos

no recuerdo pero
por algo me fui enojado
en la calle por fin llamaste
la pequeña licencia
de contestar picante
y cortar rompiendo el chau
hacen a la libertad
pintan de tonos nuestra armonía
llenan de bronca y la vacían
enjuagando el vaso
de rutina

este yo que crezco al lado tuyo
deco y constru
yendo y viniéndonos
el yeite implícito de
los sí y los no
: muchas veces
esperé apoyarme en tus negativas
[lo indecisos que somos]
pero entonces un si
nos forzó a lo desconocido
de la boca a la acción
hay un abismo
ese que llenás por creerme
más de lo que yo me creo
y viceversa

no hay fórmula
no hay perfecto
hay cuatro mil quinientos días
que pueden ser anhelo
algo pasado o puro cuento
me sale mirarlos y desear
que sean ganas
que vuelen como panaderos
surfeando el astral común
mezclados con lo que
todavía no sabemos
sin plan que no pensemos
lo infinito no tiene que ver
con la longitud del tiempo
sino con cuánto espacio
le damos para crecer dentro

pero no sé

by quito on mayo 8, 2015

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llevé en bici a simón
hasta el jardín de humberto primo
primera vez de hacer calle
a velocidad crucero
cagados las patas y contentos
piolones por la ciudad en dos ruedas
como estar coqueteando
a la más linda del boliche

chochos nos separamos y me fui
por calvo al laburo
pasando entre ríos advertí
que no tenía billetera
llamé a la flaca y no sabía nada
andaba con júpiter por ahí
corté y seguí
camino entonces pensando
mejor que perderla
es descuidarla